1.000 tortugas, 56 millones de dólares y un final anticipado

La construcción de la planta solar Ivanpah, en el desierto de Mojave, debió frenarse por la aparición de casi 1.000 tortugas del desierto, un hallazgo que disparó un operativo de reubicación de 56 millones de dólares. Más de una década después, la mega instalación de energía solar térmica cierra en 2026, en medio de denuncias por muerte de aves y cuestionamientos sobre el verdadero costo ambiental de la energía limpia.

En el corazón del desierto de Mojave, entre California y Nevada, se levanta una postal que parece de ciencia ficción: tres torres de casi 140 metros de altura rodeadas por un mar de 173.500 espejos gigantes que reflejan la luz del sol. Es la planta Ivanpah Solar Electric Generating System, alguna vez presentada como el símbolo de la energía renovable del futuro. Pero detrás del brillo de sus heliostatos se esconde una de las historias más incómodas de la industria solar: la de casi 1.000 tortugas que estuvieron a punto de frenar el proyecto y que terminaron costando 56 millones de dólares.

Un cálculo que falló por completo

Cuando BrightSource Energy —la empresa que impulsó el proyecto junto a Bechtel, NRG Energy y Google— comenzó los trámites en 2010, los biólogos estimaban que la obra afectaría a unas 32 tortugas del desierto (Gopherus agassizii), una especie catalogada como amenazada. Con ese número en mano, el permiso original autorizaba el traslado de apenas 38 ejemplares adultos.

La realidad fue radicalmente distinta. Apenas comenzaron las excavaciones, los equipos de campo empezaron a encontrar tortugas por todos lados: primero fueron 166, y a medida que avanzaban los trabajos el número siguió creciendo hasta acercarse al millar. El desierto, lejos de ser el terreno vacío que aparentaba desde la ruta, resultó ser un hábitat denso para una especie que puede pasar hasta el 95% de su vida bajo tierra, refugiada de las temperaturas extremas.

El hallazgo fue tan disruptivo que la construcción se paralizó durante tres meses. Antes de eso, la compañía ya había cedido terreno: rediseñó el proyecto, redujo un 12% la superficie ocupada y bajó de siete a tres el número de torres, sacrificando cerca del 10% de la potencia proyectada para intentar convivir con la fauna local.

El operativo de rescate más caro para una tortuga

Lo que siguió fue, según describieron medios especializados como Los Angeles Times y High Country News, el rescate de tortugas más elaborado y costoso jamás realizado. BrightSource contrató equipos de biólogos —algunos cobrando hasta 1.000 dólares por día— para localizar, excavar y trasladar a los animales bajo protocolos negociados palmo a palmo con agencias estatales y federales.

La empresa construyó una guardería para tortugas dentro del predio, se comprometió a monitorear a los animales reubicados durante cinco años y tendió unos 80 kilómetros de cercos subterráneos antitortugas, a un costo de hasta 50.000 dólares por milla, para evitar que los ejemplares volvieran cavando hacia su territorio original.

El resultado final: 56 millones de dólares invertidos en proteger y reubicar a la especie, una cifra que —dividida por la cantidad de animales efectivamente manipulados— convierte a las tortugas de Ivanpah en uno de los animales silvestres más caros jamás trasladados de la historia, con un costo de decenas de miles de dólares por ejemplar.

Un traslado que no salió gratis

El dinero, sin embargo, no garantizó un final feliz. Las tortugas del desierto desarrollan un fuerte vínculo con su territorio y, tras ser reubicadas, muchas intentaron recorrer largas distancias para volver a sus zonas originales. Ese desplazamiento las expuso a golpes de calor, depredadores y accidentes.

Los reportes documentados por especialistas describieron escenas dramáticas: ejemplares aplastados por vehículos de la obra, crías atacadas por hormigas en la guardería improvisada, y hasta el caso de una tortuga juvenil que —pese a llevar un microchip de seguimiento— terminó en el nido de un águila real. Estudios posteriores sobre reubicaciones de la especie confirmaron que el proceso eleva la mortalidad por depredación, estrés y exposición ambiental, más allá de las buenas intenciones del operativo.

El otro costo ambiental: las aves «streamers»

Las tortugas no fueron el único frente de conflicto. Con el correr de los años, biólogos e investigadores federales documentaron un fenómeno inquietante alrededor de las torres de Ivanpah: aves que, al atravesar el haz de luz concentrada —donde el aire puede alcanzar los 540 grados centígrados—, se incendiaban en pleno vuelo.

Los propios trabajadores de la planta bautizaron a estos episodios como «streamers», por la estela de humo que dejaban los animales al caer. Según estimaciones de biólogos estatales, la planta habría provocado la muerte de miles de aves por año, atraídas primero por el brillo de los espejos, que a su vez atraía insectos y, con ellos, a las aves que se alimentaban de esos insectos.

Energía cara, tecnología superada y un cierre anticipado

A los costos ambientales se sumó un problema económico que terminó siendo determinante. Ivanpah utiliza energía solar térmica de concentración: miles de espejos que reflejan la luz hacia calderas ubicadas en la punta de tres torres, generando vapor que mueve turbinas. Es una tecnología compleja, que además requería quemar gas natural en ciertas etapas para mantener el proceso, lo que contradecía parte de la promesa de «energía 100% limpia».

Mientras tanto, el costo de los paneles solares fotovoltaicos convencionales cayó de forma drástica en la década posterior a la construcción de Ivanpah, dejando a la planta —que costó 2.200 millones de dólares y recibió 1.600 millones en garantías de préstamos federales durante la administración Obama— como una tecnología obsoleta y poco competitiva.

El desenlace llegó en enero de 2025, cuando Pacific Gas & Electric (PG&E), la principal compradora de la energía generada por dos de las tres unidades de la planta, anunció que rescindiría sus contratos de compra —que originalmente se extendían hasta 2039— para reducir costos a sus usuarios. Sujeto a la aprobación regulatoria, el cierre de esas unidades comenzó en 2026, trece años antes de lo previsto. La tercera unidad, con contrato vigente con Southern California Edison, sigue bajo negociación.

Una lección para la energía del futuro

El caso de Ivanpah se transformó en un ejemplo obligado a la hora de discutir los verdaderos costos de la transición energética. Para algunos analistas, representa el fracaso de una apuesta tecnológica y una política de subsidios mal calculada; para otros, es simplemente el precio de innovar en un sector que evoluciona a una velocidad difícil de anticipar.

Lo que nadie discute es que la construcción de una de las plantas solares más ambiciosas de Estados Unidos terminó demostrando que ni el desierto más árido está vacío, y que el costo real de la energía limpia —medido en dinero, en vidas silvestres y en tiempo— suele ser mucho más alto de lo que se calcula sobre el papel.