Marruecos, Túnez y Argelia aceleran sus planes de transición energética e inversión en energías renovables tras la crisis del estrecho de Hormuz, con el objetivo de convertirse en el gran proveedor de electricidad barata e hidrógeno verde para Alemania, Italia y el resto de Europa.
La crisis del estrecho de Hormuz ha actuado como detonador de una transformación energética que venía gestándose en silencio a orillas del Mediterráneo. Marruecos, Túnez y Argelia han acelerado sus respectivos planes de expansión en energías renovables, anunciando inversiones, licitaciones y metas que reconfiguran el tablero energético continental. El norte de África ya no es solo el gasoducto de emergencia de Europa: aspira a ser su próxima central eléctrica.
La idea no es nueva. En 2021, Marco Alverà, entonces consejero delegado de la italiana Snam, publicó La revolución del hidrógeno, donde argumentaba con números que el transporte de energía mediante gasoductos reconvertidos a hidrógeno pierde menos energía que los cables eléctricos submarinos de larga distancia. Su tesis colocaba al norte de África como el gran proveedor de hidrógeno verde de bajo coste para el continente europeo. Dos años después, en enero de 2023, Snam materializó esa visión adquiriendo el 49,9% de los gasoductos que conectan Italia con Argelia y Argelia con Túnez, en manos de la petrolera Eni.
Túnez apuesta fuerte: 120 MW solares y 2,3 GW en licitación
El primer movimiento concreto llegó desde Túnez. En mayo pasado, el gobierno tunecino fijó un nuevo objetivo: alcanzar el 50% de energías renovables en su matriz eléctrica para 2035, complementando la meta del 35% para 2030. La decisión fue acompañada de un paquete de infraestructuras para conectar energía eólica, solar y sistemas de autoconsumo. Los analistas del sector interpretan estas medidas como una respuesta directa a la dependencia del gas natural importado que la crisis de Hormuz hizo más vulnerable que nunca.
En el plano de la inversión privada, la desarrolladora noruega Scatec cerró esta semana la financiación e inició la construcción de la planta solar Sidi Bouzid II, de 120 megavatios, en colaboración con el conglomerado japonés Toyota Tsusho. Paralelamente, las autoridades tunecinas aprobaron en diciembre licitaciones para más de 2,3 gigavatios de nuevos proyectos eólicos y solares, que incluyen 2 GW de eólica repartidos entre Tabaga, Nabeul y Gafsa, y 350 MW fotovoltaicos en las regiones de Kebili, Tataouine y Gabes.
Marruecos lanza 16 GW y 16.000 millones de dólares
Marruecos fue más ambicioso. Hace apenas dos semanas, Rabat anunció oficialmente su plan para añadir casi 16 gigavatios de capacidad renovable, respaldado por una inversión de 16.000 millones de dólares en cinco años destinados a toda la infraestructura necesaria. El objetivo del 52% de renovables en 2030 se mantiene como meta central, y el país ya aprobó el año pasado 32.500 millones de dólares en megaproyectos de hidrógeno verde y amoníaco para abastecer a industrias del acero y el amoníaco europeos.
Argelia y el consorcio ALTEH2A: el hidrógeno como geopolítica
Argelia, por su parte, aprobó en diciembre su plan quinquenal de hidrocarburos 2026-2030, que contempla 3,2 GW de proyectos solares y un objetivo inmediato de conectar 1,48 GW fotovoltaicos. La meta de largo plazo es llegar a 15 GW de capacidad renovable conectada a la red para 2035. Pero el movimiento más estratégico llega desde el frente del hidrógeno: en los próximos meses se esperan los resultados de prefactibilidad del proyecto ALTEH2A, un consorcio que integra a la estatal argelina Sonatrach junto a empresas con participaciones en gasoductos europeos como Sonelgaz, VNG, Snam, SeaCorridor y Verbund. La apuesta combina la infraestructura gasística existente con la ambición de posicionar a Argelia como exportador de hidrógeno limpio.
El impacto sobre el mercado eléctrico europeo
El escenario que se dibuja apunta a una redistribución del precio de la electricidad en Europa. Si las interconexiones avanzan, el norte de África se sumaría a la península ibérica y a Francia en el bloque de países con electricidad más barata del continente. Los mercados objetivo serían Alemania, Italia y el Reino Unido, los tres con los precios eléctricos más altos de Europa.
Los vehículos de conexión están en marcha, aunque con distinto ritmo. España y Marruecos llevan seis años discutiendo la tercera interconexión eléctrica sin acuerdo definitivo. Italia avanza más rápido: la empresa de redes Terna ya ha contratado a Prysmian los cables submarinos para una nueva interconexión de 600 megavatios con Túnez. Y el debate sobre si la energía del sur debe llegar a través de cables eléctricos o gasoductos de hidrógeno sigue sin resolverse en Bruselas.
Lo que ya no está en debate es el rumbo. Impulsada por la urgencia geopolítica de Hormuz y por décadas de recursos solares y eólicos infrautilizados, la región que Europa miró durante años como proveedor de hidrocarburos está en proceso de reinventarse como la mayor fábrica de energía limpia del mundo. El mapa energético del viejo continente no volverá a ser el mismo.
