Basura que se convierte en luz: la apuesta energética que gana terreno en Europa

España se queda atrás en valorización energética mientras el Reino Unido reduce un 90% sus vertederos gracias a plantas como la de Leeds

La gestión de residuos urbanos vive una transformación silenciosa en Europa. Cada vez más países apuestan por la valorización energética (VE), una tecnología que permite convertir la basura no reciclable en electricidad y calor, reduciendo drásticamente el uso de vertederos. Este medio tuvo acceso a la planta de Leeds, en Inglaterra, gestionada por Veolia, uno de los referentes europeos en este modelo.

Cómo funciona la valorización energética

El proceso parte de la incineración de la fracción de residuos no reciclables, pero con una diferencia clave frente a la quema convencional: se instala un circuito de tubos de agua en el horno, que lo transforma en una caldera similar a la de una central de carbón. El vapor generado mueve un generador eléctrico, mientras se eliminan las emisiones de partículas nocivas para la salud.

La planta de Cross Green, en Leeds, combina un pretratamiento mecánico —que separa metales— con una unidad de cogeneración de 11 megavatios. Puede tratar 190.000 toneladas anuales de residuos, y su fase previa gestiona hasta 214.000 toneladas al año. Aunque no es la más grande del Reino Unido, sí es una de las más recientes, con una década de funcionamiento.

España, muy por detrás de sus vecinos europeos

Mientras el Reino Unido ha reducido en un 90% el volumen de residuos enviados a vertedero entre 2000 y 2025, España mantiene un modelo muy diferente. El país cuenta con 11 plantas de tratamiento con VE, que en 2023 procesaron 2,9 millones de toneladas, apenas el 3% de todo lo tratado térmicamente en Europa.

El motivo: el 47% de los residuos domésticos españoles todavía terminan en vertedero, una cifra que subirá al 65% a partir de 2027, cuando se excluya el material bioestabilizado del cómputo de reciclaje.

España necesita otras 15 instalaciones de tratamiento de residuos para cumplir con la Directiva Europea”, advirtió Daniel Tugues, director país de Veolia España, en referencia a la normativa que exige reducir el vertido al 10% antes de 2035.

El gran obstáculo: la financiación público-privada

La clave del modelo británico está en los contratos de colaboración entre administraciones y empresas privadas. La planta de Leeds opera bajo un contrato PFI (Private Finance Initiative) firmado en 2012 con el ayuntamiento, con una concesión de 25 años que incluye diseño, financiación, construcción y operación.

En España, un modelo similar es la UTE del Consorci de Residus del Maresme, en Mataró, donde Veolia participa junto a Sacyr y la empresa Suris, aunque con una concesión más corta, de 15 años, y varios ayuntamientos implicados en lugar de uno solo.

Para Tugues, el problema no son las estructuras contractuales, sino la falta de iniciativas público-privadas: “Las agregaciones territoriales ya existen, pero no tienen la capacidad financiera necesaria para cumplir los objetivos europeos”.

El verdadero desafío no es vender energía, sino asegurar residuos

Uno de los hallazgos más llamativos del reportaje es que el problema no está en colocar la electricidad o el calor generado, sino en garantizar un flujo constante de residuos. El reciclaje —paradójicamente— reduce ese flujo, compitiendo con el material destinado a vertedero.

Aquí entra en juego la fiscalidad: en el Reino Unido existen tasas de 126,15 libras por tonelada (tarifa general) y 4,05 libras para materiales inertes, frente a los apenas 5 euros por tonelada que se pagan en España. Esta diferencia explica en gran parte por qué el modelo británico ha logrado desviar masivamente los residuos hacia el reciclaje y el tratamiento térmico.

Electricidad sí, pero el calor es la clave de la eficiencia

La densidad energética de los residuos es baja: entre 7 y 12 megajulios por kilogramo, muy lejos de los 50 megajulios del gas natural. Por eso, se necesitan casi 2 toneladas de basura para generar un solo megavatio hora.

El verdadero valor añadido está en el aprovechamiento térmico. En Leeds, el vapor de agua a 400 grados se integra en la red de calefacción urbana (district heating), con pérdidas mínimas de entre el 5% y el 20%. Este uso combinado de calor y electricidad permite alcanzar una eficiencia total exigida por contrato del 0,65.

Sin embargo, España enfrenta aquí otra barrera estructural: no existe una demanda significativa de calefacción urbana, salvo redes limitadas en ciudades como Barcelona, Madrid, Valladolid o Pamplona. Esto reduce el atractivo económico de replicar el modelo británico tal cual.

El desafío de vencer la desconfianza ciudadana

Más allá de los números, los responsables de Veolia insisten en que la principal barrera para expandir esta tecnología no es técnica ni financiera, sino social. “Es necesario abordar un tema crucial: la comunicación y la información al ciudadano”, subrayó Tugues, en alusión a la desinformación que suele rodear a las plantas de incineración.

Para combatir esa desconfianza, la planta de Leeds cuenta con un centro de visitantes educativo por el que ya han pasado más de 20.000 personas, muchas de ellas estudiantes. La instalación también destaca por su diseño: incorpora una de las mayores fachadas vegetales de Europa, inspirada en los principios de la biofilia del biólogo Edward O. Wilson.