Boom nuclear en Argentina: ya abastece a 6 millones y empieza a exportar tecnología

La energía nuclear argentina bate récords en 2026: superó el 7% de la generación eléctrica nacional, alcanza a 6 millones de personas y Nucleoeléctrica concretó su primera exportación de tecnología atómica al mundo.

La energía nuclear argentina vive un momento histórico. Durante el primer semestre de 2026, las centrales operadas por Nucleoeléctrica Argentina generaron 4.450.355 MWh, un volumen que representó más del 7% de toda la electricidad producida en el país y que alcanzó para cubrir el 13% de la demanda residencial nacional. Traducido a personas: el equivalente al consumo de 6 millones de argentinos, en un país con cerca de 47 millones de habitantes y 18 millones de usuarios residenciales de electricidad.

Lo llamativo es que este récord se logró con Atucha I fuera de servicio, ya que la planta pionera de Sudamérica está en pleno proceso de extensión de vida. Es decir: el sistema nuclear argentino pegó un salto de eficiencia funcionando, por ahora, con la mitad de su capacidad histórica.

Un semestre de récords para las centrales nucleares

El desempeño fue impulsado por Atucha II, en Lima (partido de Zárate), y por la central cordobesa de Embalse, ambas operando a pleno. Estos resultados consolidan una tendencia que viene en ascenso: durante 2025, Nucleoeléctrica había alcanzado 10.760.572 MWh de generación neta anual, marcando el segundo récord histórico consecutivo de producción.

La generación nucleoeléctrica cumple un rol estratégico como energía de base: funciona las 24 horas, todos los días, sin depender del clima, complementando así a la energía eólica, solar y térmica. En un contexto de creciente electrificación —impulsada, entre otros factores, por la demanda de centros de datos e inteligencia artificial a nivel global—, contar con una fuente firme y de bajas emisiones se volvió un activo estratégico para cualquier sistema eléctrico.

Argentina empieza a exportar tecnología nuclear

Más allá de los números de generación, el hito más significativo del semestre fue la creación de una nueva unidad de negocios para comercializar internacionalmente el know-how nuclear argentino, acumulado durante más de cinco décadas.

Esta unidad ofrece servicios de:

  • Ingeniería nuclear y convencional
  • Operación y mantenimiento de centrales
  • Inspecciones especializadas
  • Gestión integral de proyectos
  • Capacitación de personal
  • Puesta en marcha de instalaciones
  • Fabricación de componentes
  • Desarrollo de robótica para ambientes complejos

En junio, esa estrategia dio su primer resultado concreto: Nucleoeléctrica realizó su primera venta internacional de componentes para reactores CANDU, en una operación junto a Candu Energy Inc. (del grupo AtkinsRéalis). Se trató de tapones de blindaje de salida con restrictor de flujo, piezas clave para la seguridad y eficiencia de los canales de combustible. Los componentes fueron desarrollados junto con CONUAR y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), aprovechando décadas de experiencia en la Central Nuclear Embalse.

A eso se sumó la firma de un memorándum de entendimiento con Rumania para brindar asistencia técnica a sus centrales, también de tecnología CANDU. Nucleoeléctrica ya había participado en proyectos vinculados a instalaciones nucleares de Canadá, Brasil, China, Corea del Sur y España, por lo que la firma con Bucarest profundiza una red de cooperación técnica internacional que crece año a año.

Atucha I y los nuevos reactores modulares SMR: la apuesta a 2027 y más allá

El otro gran frente es la extensión de vida de Atucha I, la primera central nuclear de potencia de América Latina, inaugurada en 1974 en Lima, Buenos Aires. Tras 50 años de operación, salió de servicio en septiembre de 2024 para someterse a obras que le permitirán funcionar 20 años más, con una inversión estimada en US$670 millones.

El cronograma original preveía su regreso en marzo de 2027, pero fuentes oficiales confirmaron una demora de unos cinco meses: la vuelta a operación se reprogramó para la segunda mitad de 2027. El proyecto, según Nucleoeléctrica, ya muestra un avance físico superior al 50% y el financiamiento está garantizado.

En paralelo avanza el Almacenamiento en Seco de Elementos Combustibles Gastados de Atucha II (ASECG II), una obra necesaria para que esa central pueda seguir operando después de 2027.

El horizonte nuclear argentino no se agota ahí. El Gobierno impulsa además:

  • El desarrollo del CAREM, primer reactor modular de diseño íntegramente nacional.
  • La instalación de cuatro reactores modulares pequeños (SMR) tipo ACR-300, con una potencia combinada de 1.200 MWe, en el predio de Atucha, con el objetivo de tener la primera unidad operativa hacia 2030.
  • Un proceso de apertura de capital: hacia fin de año se licitaría la venta de hasta el 44% del paquete accionario de Nucleoeléctrica para atraer inversión privada que financie estas obras de largo plazo.

Cómo se ubica Argentina en el mapa nuclear mundial

A nivel global, la energía nuclear aporta actualmente cerca del 10% de toda la electricidad que se consume en el planeta, a través de más de 410 reactores distribuidos en 31 países, según datos del Foro Nuclear y del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). China lidera la expansión mundial, con decenas de reactores en construcción, seguida por India, Rusia y Corea del Sur.

En la Unión Europea, la energía nuclear representa cerca del 25% de la electricidad consumida, con Francia a la cabeza: el 67% de su matriz eléctrica es de origen nuclear, el porcentaje más alto del mundo. España, en cambio, ronda el 20%.

Con su 7% de participación, Argentina se ubica lejos de esos líderes globales, pero se consolida como una referencia regional: es el único país de América Latina que combina generación nuclear activa, desarrollo de reactores propios (CAREM) y ahora también exportación de tecnología, un salto que muy pocos países en desarrollo lograron dar.

Por qué esta noticia importa

El crecimiento de la energía nuclear argentina no es solo un dato técnico: implica estabilidad energética para millones de hogares, generación de empleo calificado, ingreso de divisas por la exportación de servicios y tecnología, y una apuesta de largo plazo en un sector que, a nivel mundial, vuelve a estar en el centro de la escena por la demanda creciente de electricidad y los objetivos de descarbonización.

Mientras el mundo redescubre a la energía nuclear como pieza clave de la transición energética, Argentina —con más de medio siglo de experiencia en la materia— busca pasar de ser solo consumidora de esa tecnología a convertirse en proveedora para otros países.