La Ciudad de Buenos Aires terminó la obra de los túneles aliviadores del arroyo Medrano, con conductos subterráneos de hasta 2,4 metros de diámetro y 1,75 kilómetros de extensión. Forma parte del Plan Hidráulico porteño, que ya construyó más de 82 kilómetros de túneles desde 2007 para frenar los anegamientos frente al cambio climático.
La Ciudad de Buenos Aires le puso punto final a una de las obras hídricas más esperadas por los vecinos del norte porteño. Este jueves se reabrió al tránsito el cruce de las calles Crisólogo Larralde y Ciudad de la Paz, en el barrio de Núñez, un hito que marca el cierre formal de los trabajos del Programa de Gestión de Riesgo Hídrico en esa zona.
La intervención, que llevó meses de excavación bajo tierra, apunta a resolver un reclamo histórico: los reiterados anegamientos que durante años afectaron a Núñez, Saavedra y Belgrano cada vez que una tormenta intensa golpeaba la Capital Federal.
Dos túneles, casi veinte cuadras y 2,4 metros de diámetro
La obra consistió en la construcción de dos conductos subterráneos formados por tubos circulares de hasta 2,4 metros de diámetro, que se extienden por casi veinte cuadras bajo la superficie. Su función es acelerar el drenaje del agua de lluvia en el área que va desde el Parque Saavedra hasta la avenida Cabildo, uno de los puntos más sensibles frente a las tormentas de gran magnitud.
En total, la intervención sobre la cuenca del arroyo Medrano —que corre entubado bajo varios barrios porteños desde hace décadas— tiene una extensión de 1,75 kilómetros y beneficiará de forma directa a más de 50.000 vecinos de las comunas 12 y 13.
Según información oficial del Gobierno porteño, los trabajos alcanzaron un avance del 90% hacia mediados de este año, antes de completarse en su totalidad. La lógica del sistema es simple pero clave: los túneles aliviadores funcionan como una válvula de escape que conecta tres sistemas subterráneos en un mismo punto, absorbiendo los picos de agua que antes desbordaban en la superficie.
La técnica «pipe jacking»: obras sin romper la calle
Buena parte de las obras hidráulicas que la Ciudad ejecuta actualmente —incluida esta y otras en marcha, como el Ramal Argerich en el oeste porteño— utilizan la tecnología conocida como «pipe jacking». Se trata de un método de perforación que permite instalar los conductos sin necesidad de abrir zanjas en la superficie.
Una tunelera avanza bajo tierra desde pozos estratégicos, perfora el suelo y coloca los tubos de manera simultánea, lo que minimiza el impacto sobre el tránsito y la vida cotidiana de los barrios durante la construcción. Recién al finalizar la excavación se realiza el hormigonado interno del conducto, que queda listo para transportar grandes volúmenes de agua en las próximas tormentas.
Jorge Macri: «Un barrio que no se inunda más es un barrio más seguro»
El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, destacó el cierre de la obra y la enmarcó dentro de un plan más amplio de infraestructura pluvial. El mandatario remarcó que, durante su gestión, la Ciudad finalizó más de 60 obras para ampliar la capacidad de la red pluvial y que el Plan Hidráulico sumó 18,5 kilómetros de nuevas tuberías, además de acelerar la terminación de otras 14 obras en distintos puntos de la Capital.
«Un barrio que no se inunda más es un barrio que es seguro y hace que las casas de los dueños y las propiedades valgan más. Ese es nuestro último objetivo», había señalado el mandatario porteño al referirse a este tipo de intervenciones.
Por su parte, el ministro de Infraestructura porteño, Pablo Bereciartua, calificó a la obra como «clave para la zona» y subrayó el contexto climático que motoriza estas inversiones: «El cambio climático nos obliga a sostener el ritmo de inversión para adaptar la Ciudad a los nuevos extremos climáticos. El Plan Hidráulico es una política de Estado que se sostiene a largo plazo».
Un plan que arrancó en 2007 y ya suma 82 kilómetros de túneles
La obra de Núñez es apenas una pieza dentro de un engranaje hidráulico mucho más grande. Buenos Aires está atravesada por 11 arroyos entubados, agrupados en 6 cuencas hídricas, que vuelcan sus caudales hacia el Río de la Plata y el Riachuelo. Para gestionar ese flujo, la Ciudad desarrolla desde 2007 el Plan Hidráulico, que a la fecha acumula más de 82 kilómetros de túneles construidos en distintos barrios.
Solo en lo que va de la actual gestión, se ejecutaron 64 obras de ampliación, adecuación, reparación y limpieza de la red pluvial, con la incorporación de más de 13.000 metros lineales de nuevos conductos.
Entre los antecedentes más recientes de este plan se destacan:
- Las mejoras en las cuencas de los arroyos Cildañez y San Pedrito, orientadas a evitar anegamientos en Flores, Parque Avellaneda, Villa Lugano y Villa Soldati.
- El avance del Ramal Argerich, un nuevo conducto de casi cinco kilómetros que beneficiará a los barrios de Monte Castro, Villa Santa Rita y Villa del Parque, también construido con la técnica de pipe jacking.
- Antecedentes históricos como el entubamiento del arroyo Medrano, impulsado durante la gestión de Mauricio Macri, y las obras sobre los arroyos Vega, Cildáñez y Maldonado, financiadas en parte con un préstamo de 200 millones de dólares del Banco Mundial otorgado en 2016.
Por qué esta obra es una buena noticia frente al cambio climático
El cierre de los túneles aliviadores de Larralde y Ciudad de la Paz llega en un contexto de alerta climática global. Organismos internacionales advierten que el planeta está cada vez más cerca de superar el límite de 1,5°C fijado por el Acuerdo de París, un escenario que multiplica la frecuencia e intensidad de las tormentas en grandes ciudades como Buenos Aires.
En ese marco, obras como esta —pensadas para absorber picos de lluvia extremos— dejan de ser solo una mejora urbana y pasan a integrarse a las estrategias de adaptación climática que ya aplican distintas metrópolis del mundo. Para los vecinos de Núñez, Saavedra y Belgrano, el resultado inmediato es concreto: menos calles cortadas, menos autos varados y menos casas anegadas la próxima vez que el cielo porteño se abra en una tormenta.
