Costa Rica: más de 4.300 animales y plantas decomisados en aeropuertos por tráfico de biodiversidad

Entre 2024 y 2025 las autoridades incautaron 4.366 especímenes de flora y fauna en el Aeropuerto Juan Santamaría y otros puestos fronterizos. Con la campaña #WhatYouCarry, Costa Rica busca frenar el saqueo de su vida silvestre, un delito que ya mueve más dinero que el narcotráfico según la Fiscalía.

Una concha que desaparece de la playa. Una orquídea arrancada del bosque. Un coral extraído del mar. Cada uno de esos gestos, aparentemente inofensivos, deja un vacío irreparable en los ecosistemas de Costa Rica, uno de los países con mayor biodiversidad del planeta por metro cuadrado.

La cifra lo confirma: 4.366 especímenes de animales y plantas fueron decomisados entre 2024 y 2025 en los principales aeropuertos y puestos fronterizos costarricenses, según datos de la Sección de Biología Forense del Organismo de Investigación Judicial (OIJ). Boas, anfibios, garras y huesos de felinos, insectos, moluscos, corales, orquídeas y huevos de psitácidos figuran entre las especies incautadas.

Ante ese panorama, autoridades judiciales, organizaciones ambientales y el gestor del Aeropuerto Internacional Juan Santamaría presentaron la campaña #WhatYouCarry («Lo que llevas contigo»), una estrategia de sensibilización dirigida a turistas y ciudadanos para frenar la extracción ilegal de vida silvestre.

Un negocio que supera al narcotráfico

El tráfico de vida silvestre en Costa Rica dejó de ser un problema marginal. Investigaciones del Ministerio Público revelan que se trata de estructuras criminales organizadas, con roles y tareas distribuidas, que en algunos casos generan ganancias superiores a las del tráfico de drogas y personas, según ha denunciado la Fiscalía General.

El Aeropuerto Juan Santamaría es, en la práctica, el epicentro de estos decomisos. Autoridades han detectado desde turistas extranjeros intentando sacar arañas, hormigas y hasta un alacrán en frascos, hasta redes que exportaban mariposas, escarabajos y avispas a Holanda, Francia y Alemania. Según registros judiciales, coleccionistas europeos han llegado a pagar hasta 1.500 euros por una sola mariposa costarricense, y el mercado ilegal europeo puede pagar cerca de 650.000 colones por cada ejemplar exportado sin permiso.

Las conchas marinas son otro de los «souvenirs» más codiciados. Entre los aeropuertos Juan Santamaría y Daniel Oduber (Liberia) se decomisan anualmente entre cinco y seis toneladas de conchas, un material que hoy es clasificado por voluntarios y devuelto al mar mediante un proyecto que utiliza inteligencia artificial para acelerar su identificación. Expertos advierten, además, que la extracción realizada por turistas y residentes nacionales podría ser hasta tres o cuatro veces mayor que la registrada en los controles aeroportuarios a extranjeros.

«El tráfico no se limita a animales vivos»

Para John Vargas, jefe de la Sección de Biología Forense del OIJ, persiste una idea equivocada sobre este delito ambiental.

«Cuando hablamos de tráfico de vida silvestre no nos referimos únicamente a animales vivos. En nuestros análisis encontramos una enorme diversidad de especies y muestras que evidencian el impacto que esta actividad tiene sobre la biodiversidad del país», explicó el especialista.

Vargas advirtió que el aumento sostenido de los casos confirma que la extracción ilegal continúa vigente y que combatirla exige, además de investigación científica, un cambio de conciencia colectiva entre visitantes y locales.

«Lo que te llevas también deja un vacío»

Ese es el mensaje central de #WhatYouCarry, que combina intervenciones en terminales aéreas, contenido audiovisual, campañas digitales, experiencias inmersivas y alianzas con medios de comunicación e influenciadores para llegar tanto a turistas como a costarricenses.

Andrea Borel, directora ejecutiva de Humane World for Animals Costa Rica, remarcó el valor insustituible de este patrimonio natural.

«La biodiversidad costarricense es un patrimonio irremplazable. Cada especie cumple una función dentro de un ecosistema y cuando desaparece, el impacto trasciende al individuo», afirmó Borel, quien subrayó que la conservación no es tarea exclusiva de las autoridades, sino una responsabilidad ciudadana cotidiana.

El efecto dominó de cada decomiso

Los especialistas insisten en que detrás de cada pieza incautada hay una función ecológica perdida. Una concha marina deja de servir de refugio a pequeños organismos. Un coral pierde su rol dentro del arrecife. Una planta deja de alimentar insectos. Un ave o un reptil dejan de dispersar semillas o de controlar poblaciones de otras especies.

Comprar un collar con un diente de animal silvestre, adquirir un recuerdo hecho con partes de especies protegidas o llevarse un animal como mascota puede parecer una decisión individual e inofensiva. Pero cuando miles de personas repiten el mismo gesto, el resultado es un impacto acumulativo que reduce la capacidad de los ecosistemas para regenerarse y los vuelve más vulnerables frente al cambio climático.

La legislación costarricense es clara al respecto: la Ley de Conservación de la Vida Silvestre prohíbe la extracción de estos recursos, y quienes se dedican a esta actividad enfrentan penas de uno a tres años de prisión, además de multas que pueden alcanzar los 8 millones de colones. Investigadores han señalado incluso posibles vínculos entre este delito y el lavado de activos, así como la participación de funcionarios públicos en algunas de estas redes.

«La mejor herramienta siempre será la prevención»

Desde la Fiscalía Adjunta Ambiental, el fiscal coordinador Luis Diego Hernández remarcó que, aunque la aplicación de la ley es indispensable, la clave está en evitar que el delito ocurra.

«La mejor herramienta siempre será la prevención. Una sociedad informada toma mejores decisiones y contribuye a evitar conductas que afectan nuestro patrimonio natural», sostuvo Hernández.

El aeropuerto, el último mensaje antes de partir

El Juan Santamaría concentra buena parte de la estrategia por una razón simple: es el último punto de contacto entre el país y millones de viajeros antes de abordar sus vuelos de regreso.

Adriana Bejarano, gerente de Gestión Ambiental y SMS de AERIS, gestora de la terminal, explicó el sentido de esa oportunidad.

«Queremos que cada persona se lleve fotografías, experiencias y recuerdos inolvidables, pero que nuestra biodiversidad permanezca donde pertenece: formando parte de los ecosistemas que la hacen única», indicó Bejarano.

La campaña se enmarca en el proyecto «Mejora de la capacidad de Costa Rica para combatir el tráfico de vida silvestre», financiado por la Oficina Internacional de Asistencia Antinarcóticos y Cumplimiento de la Ley (INL) del Gobierno de Estados Unidos y administrado por Humane World for Animals junto a la Comisión Nacional de Seguridad Ambiental.

El mensaje final de #WhatYouCarry es tan simple como contundente: el mejor souvenir de Costa Rica no es un coral, una orquídea o un animal silvestre, sino las experiencias y los recuerdos que cada visitante puede llevarse sin alterar el patrimonio natural que hace único al país.