Dejó las multinacionales, inventó un snack sin freezer y factura un millón de dólares

Mateo de la Rúa pasó por Quilmes, Shell y Coca-Cola, pero renunció para crear Pomona Foods, una empresa de liofilización de frutas y verduras que ya provee a Rapanui, Lucciano’s y el Hilton. Hoy proyecta exportar y superar el millón de dólares de facturación anual.

En Argentina se pierden 16 millones de toneladas de alimentos por año, según datos de la FAO compilados por el Banco de Alimentos. Casi un kilo por habitante, por día. Esa cifra absurda fue la chispa que encendió la carrera de Mateo de la Rúa, un ingeniero ambiental marplatense que, en lugar de seguir escalando posiciones en empresas globales, decidió apostar todo a una tecnología casi desconocida en el país: la liofilización.

De la Rúa había construido un currículum sólido. Pasó por Quilmes, Shell y The Coca-Cola Company. Pero la vocación emprendedora siempre estuvo latente. «Siempre quise emprender, toda mi familia es emprendedora, pero no sabía bien qué hacer», reconoce. Tenía, eso sí, una condición innegociable: el proyecto tenía que dejar el mundo un poco mejor.

Así confeccionó una lista de quince problemáticas ambientales y encontró el cruce perfecto: el desperdicio de frutas y verduras y una tecnología que prometía resolverlo sin frigorífico.

El proceso que cambia las reglas del juego

La liofilización consiste en congelar el alimento y luego extraer el agua mediante vacío a baja temperatura, haciendo que pase del estado sólido al gaseoso sin atravesar la fase líquida. El resultado es un producto que conserva su estructura, sabor, aroma y propiedades nutricionales originales, con una vida útil de hasta dos años sin necesidad de refrigeración. Poca industria local había apostado por esa tecnología. De la Rúa la encontró en un pueblo de Misiones, donde una familia tenía los primeros equipos.

Antes de invertir un peso, validó la idea. Solo cuando el mercado respondió dio el salto: reunió u$s 25.000 entre ahorros propios y dinero de familia y amigos, compró dos máquinas liofilizadoras y alquiló 50 m² dentro de la planta de un tercero. «Cortaba la fruta, la metía en los equipos, sacaba, fraccionaba, iba a vender», recuerda. Era 2021. Pomona Foods había nacido.

De kiosco gourmet a proveedor del Hilton

El modelo de negocio original apuntaba al consumidor final: un snack natural de frutas liofilizadas. Pero la realidad redirigió la estrategia. «Empecé vendiéndolo como snack y me di cuenta de que todo lo que me compraban eran gastronómicos», explica De la Rúa.

Hoy la empresa abastece a Lucciano’s, Rapanui, Del Turista, Betular, y cadenas de hoteles como Hilton y Four Seasons. El canal B2B representa el 70% de la facturación. La planta, instalada en un parque industrial de Vicente López, procesa 10 toneladas de materia prima fresca por mes y opera actualmente al límite de su capacidad.

Para llegar al consumidor final, la empresa lanzó un producto que ya no tiene competencia directa en el continente: frutillas liofilizadas bañadas en chocolate blanco, con leche y semiamargo. «Somos los únicos que hacemos este producto en toda Sudamérica. Es como un Fananui, pero sin frío», afirma De la Rúa. Los productos ya están en más de 100 dietéticas y en canales digitales.

Panthera: cuando las mascotas también merecen lo mejor

En 2025, con la estructura productiva aceitada, De la Rúa lanzó una segunda marca: Panthera, una línea de snacks de carne liofilizada para perros y gatos sin aditivos. Pollo, cordero, hígado. Un solo ingrediente. «En un momento de premio le estás dando carne de verdad», dice.

El lanzamiento requirió una inversión adicional de u$s 30.000, habilitaciones ante el SENASA y maquinaria específica para el corte de carne. La marca ya distribuye en cadenas como Puppis y planea agregar antes de fin de año condimentos en polvo de carne para sumar a la alimentación cotidiana de las mascotas.

Un millón de dólares y la mirada en el exterior

Entre Pomona Foods y Panthera, la compañía suma más de 2.500 clientes en cartera y un equipo de 11 empleados. Las ventas crecen a un ritmo de entre dos y tres veces por año desde el inicio. De la Rúa proyecta cerrar el ejercicio con u$s 1.100.000 de facturación y un crecimiento de 3,5 veces respecto al año anterior.

El próximo destino es el mercado internacional. «Tenemos consultas de Uruguay, Chile, Brasil, Ecuador y Estados Unidos. El objetivo es poder hacer alguna exportación antes de fin de este año», anticipa. La hoja de ruta también incluye el ingreso a grandes cadenas de supermercados, caramelos liofilizados y chocolates en formato individual para kioscos.

La apuesta de De la Rúa no fue solo empresarial. Fue también una declaración de principios: se puede construir un negocio rentable, escalable y exportador desde Argentina, con tecnología propia, resolviendo un problema real. Y sin necesidad de freezer.