Monitoreo satelital, rewilding y educación comunitaria confluyen en el Parque Nacional de Chaco, donde la especie en peligro de extinción suma ejemplares por primera vez en décadas. Argentina consolida su rol como referente global en la recuperación del mayor felino de América.
El Parque Nacional El Impenetrable, en la provincia de Chaco, es desde hace semanas el epicentro de una de las mejores noticias para la conservación de fauna silvestre en Argentina: dos nuevos machos de yaguareté fueron registrados en el área protegida, en una señal inequívoca de que el rewilding —la restauración ecológica mediante la reintroducción de especies— empieza a rendir sus frutos en el Gran Chaco.
La información fue confirmada por la Fundación Rewilding Argentina. Uno de los ejemplares pudo ser capturado de forma segura y equipado con un collar satelital, lo que permite a los especialistas seguir en tiempo real sus desplazamientos y analizar cómo ocupa el territorio. El otro macho, por el momento, permanece sin collar, aunque su presencia quedó registrada mediante cámaras trampa.
Del rastro perdido al seguimiento en tiempo real
Durante años, la presencia de yaguaretés en El Impenetrable se limitaba a huellas en el barro, fotografías esporádicas o relatos de pobladores rurales. Los machos aparecían, cruzaban el parque y desaparecían sin dejar rastro rastreable. La incorporación del monitoreo satelital cambia radicalmente ese panorama.
La estrategia de seguimiento es la columna vertebral del programa: con los datos del collar, los equipos técnicos diseñan medidas de protección a medida, anticipan riesgos y evalúan si los machos se acercan a las hembras liberadas mediante el programa de suplementación poblacional. La confluencia de machos silvestres y hembras reintroducidas es la condición necesaria para que ocurra la reproducción natural.
Y los resultados ya se materializan: en 2025 nacieron en libertad los primeros dos cachorros de yaguareté en más de 35 años en la región chaqueña, un hecho que la Fundación calificó como un hito histórico sin precedentes en la historia reciente de la conservación argentina.
No’huet, el «Rey de los animales» que eligió una comunidad
La reaparición de los felinos no es solo una victoria científica: también transforma el vínculo entre las comunidades locales y la naturaleza que las rodea. El viernes pasado, alumnos de dos escuelas de Miraflores participaron de una actividad organizada por la Municipalidad, la Fundación Rewilding Argentina y el Parque Nacional El Impenetrable para elegir el nombre del macho al que lograron colocarle el collar.
La propuesta ganadora fue No’huet, una palabra del idioma Qom que significa «Rey de los animales». La elección, que involucró votación entre los estudiantes, convierte a ese yaguareté en un símbolo compartido entre la comunidad originaria, los vecinos de Miraflores y los equipos de conservación.
El modelo Iberá: cincuenta yaguaretés libres en Corrientes
El caso chaqueño no es aislado. La provincia de Corrientes ofrece el mapa del futuro posible: tras más de setenta años de ausencia, los Esteros del Iberá albergan hoy cincuenta yaguaretés en estado silvestre. El programa arrancó en 2012 con la creación del Centro de Reintroducción del Yaguareté en la isla San Alonso y liberó sus primeros ejemplares en 2021.
El director de Conservación de la Fundación, Sebastián di Martino, destacó el caso de Porá, una hembra nacida en Corrales Grandes que no solo se adaptó sino que formó varias camadas y cuyo último cachorro —el número cincuenta en el conteo del Iberá— representa el símbolo más palpable del éxito del proyecto. El trabajo articulado entre el Gobierno de Corrientes, la Administración de Parques Nacionales, la Fundación, Tompkins Conservation y equipos científicos internacionales es señalado como el factor clave del logro.
Deforestación y caza ilegal: los frentes que aún amenazan la especie
El panorama, sin embargo, no está exento de amenazas. En el Gran Chaco, la población total de yaguaretés se estima en menos de veinte individuos, una cifra que refleja décadas de deforestación y caza ilegal. El felino, que en el pasado ocupaba desde el sur de Estados Unidos hasta la Patagonia, hoy sobrevive en apenas el 5% de su territorio original en Argentina.
Frente a ese cuadro, el modelo que combina liberación de hembras, monitoreo satelital y participación comunitaria se convierte en la apuesta más concreta para consolidar una población viable. Las organizaciones internacionales de conservación observan el caso argentino como un ejemplo replicable en otras regiones críticas, como la Mata Atlántica de Brasil y el sur de los Estados Unidos.
La presencia del yaguareté como depredador tope no es solo un dato de biodiversidad: su retorno regula las poblaciones de otras especies, desencadena un efecto cascada que devuelve salud al monte chaqueño y, de paso, reactiva el turismo de naturaleza, una fuente de ingresos emergente para las comunidades que conviven con el parque. Argentina, por primera vez en mucho tiempo, tiene razones concretas para mirar el futuro del mayor felino del continente con algo que se parece a la esperanza.
