Energía solar, eólica y bombas de calor: la UE podría ahorrar el doble del gas que compra a Catar

La Unión Europea podría reducir un 25% su demanda de gas hacia 2030 si cumple sus metas de renovables y electrificación, un ahorro que duplicaría todo el gas natural licuado que prevé importar de Catar, según un nuevo informe del IEEFA

La transición energética europea empieza a mostrar números capaces de cambiar el mapa geopolítico del gas. Un informe del Instituto para la Economía Energética y el Análisis Financiero (IEEFA) sostiene que si la Unión Europea cumple sus objetivos de despliegue de energía solar, energía eólica y bombas de calor, podría recortar su demanda de gas natural en torno a un 25% hacia 2030. El dato que dispara la atención: ese ahorro equivaldría al doble del volumen de gas natural licuado (GNL) que el bloque comunitario prevé importar de Catar ese mismo año.

El estudio, firmado por la analista jefa de energía para Europa de IEEFA, Ana Maria Jaller-Makarewicz, llega en un momento especialmente sensible: las tensiones en Oriente Medio y la crisis del estrecho de Ormuz han vuelto a poner en primer plano la fragilidad de depender de proveedores externos de combustibles fósiles. La analista sostiene que depender de suministros impredecibles y costosos de países como Catar es una estrategia arriesgada para la UE, y remarca que la propia crisis del estrecho de Ormuz deja en evidencia por qué Europa necesita abandonar cuanto antes su dependencia de los combustibles fósiles importados.

El gas ya cayó un 20% entre 2021 y 2024

El informe no habla solo de proyecciones: documenta un cambio que ya está en marcha. Entre 2021 y 2024, la demanda de gas en la Unión Europea cayó un 20%, una reducción cercana a los 78.500 millones de metros cúbicos. La caída se repartió entre todos los grandes sectores consumidores: los hogares redujeron su consumo un 24%, la industria un 20%, los servicios comerciales y públicos un 19%, y la generación de electricidad y calor un 18%.

Detrás de este descenso aparecen tres protagonistas: el crecimiento acelerado de las renovables, la rápida implantación de bombas de calor y las políticas de ahorro energético impulsadas tras el estallido de la guerra en Ucrania.

Bombas de calor: 7,6 millones de unidades en tres años

Las bombas de calor han vivido una expansión especialmente intensa en el sector residencial y comercial. Entre 2022 y 2024 se instalaron alrededor de 7,6 millones de unidades en toda la UE. Francia lideró ese crecimiento con cerca de dos millones de equipos, seguida de Italia, con aproximadamente 1,5 millones, y Alemania, con casi un millón.

En paralelo, la potencia renovable instalada no dejó de crecer. Los Estados miembros incorporaron 146 gigavatios de energía solar fotovoltaica entre 2022 y 2024, liderados por Alemania, España, Polonia, Italia, Francia y Países Bajos. En eólica, el bloque sumó más de 43 gigavatios adicionales en el mismo período, con Alemania, Finlandia, Suecia, Francia, España, Países Bajos y Polonia a la cabeza.

Solo el efecto combinado de las nuevas bombas de calor y el aumento de generación solar y eólica evitó, únicamente en 2024, un consumo de unos 8.800 millones de metros cúbicos de gas, una cifra equivalente a dos tercios de las importaciones de GNL catarí de ese año.

De REPowerEU al récord de importaciones de GNL

Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, la Comisión Europea lanzó el plan REPowerEU, con el objetivo declarado de cortar la dependencia energética de Rusia mediante ahorro, renovables y diversificación de proveedores. Sin embargo, el informe subraya una paradoja incómoda: pese a ese plan, las importaciones europeas de GNL aumentaron un 84% entre 2021 y 2025, hasta alcanzar niveles récord, impulsadas por el giro europeo hacia el gas licuado tras la invasión rusa. En la práctica, esto significa que el bloque sustituyó un proveedor de riesgo (Rusia) por otro (principalmente Catar y Estados Unidos), sin resolver de fondo su vulnerabilidad estructural.

Los recientes incidentes en infraestructuras de exportación en Catar —uno de los principales proveedores de GNL de Europa— reforzaron esa lectura. Para IEEFA, la respuesta no pasa por buscar un nuevo proveedor alternativo, sino por reducir la demanda de gas en origen a través de electrificación y renovables.

La meta: 4 millones de bombas de calor y 97 GW renovables al año

De cara a 2030, el potencial de ahorro es todavía mayor. Según los cálculos de IEEFA, si la Unión Europea instala cada año, durante los próximos cinco años, al menos cuatro millones de bombas de calor, 75 gigavatios de energía solar y 22 gigavatios de energía eólica, la demanda de gas podría bajar en torno a una cuarta parte —y eso sin contar otras medidas adicionales de eficiencia energética.

El propio informe advierte, no obstante, que la UE va actualmente por detrás de sus propios objetivos renovables, lo que añade presión sobre los próximos años de despliegue si el bloque quiere capturar realmente ese ahorro potencial.

Seguridad energética, el otro gran argumento

Más allá del ahorro económico, los analistas insisten en que esta apuesta fortalece la seguridad energética europea. La experiencia de la crisis desatada por la invasión rusa en 2022, sumada a las tensiones actuales en Oriente Medio, ha dejado una lección: depender de combustibles fósiles importados —venga de donde venga el barco— deja al continente expuesto a shocks de precios y de suministro.

El contexto se vuelve todavía más relevante si se tiene en cuenta que la UE se prepara para prohibir las importaciones de gas ruso a partir de 2027, justo mientras gestiona la inestabilidad en Oriente Medio. En ese escenario, cada gigavatio solar o eólico instalado, y cada bomba de calor que sustituye a una caldera de gas, cuenta doble: reduce emisiones y reduce exposición geopolítica.

Los autores del informe concluyen que la combinación de renovables, electrificación e inversión en redes eléctricas será decisiva para que la UE alcance sus objetivos energéticos de 2040 y consolide su autonomía estratégica frente a un mercado internacional del gas cada vez más volátil.