Israel no se moverá de la Línea Amarilla hasta que Hamas entregue todas sus armas, advirtió el organismo liderado por Nikolai Mladenov, en medio de la tensión entre Washington y Jerusalén por la hoja de ruta impulsada por Donald Trump
La Junta de Paz para Gaza, el organismo internacional respaldado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, salió a despejar dudas este lunes: la retirada total de las tropas israelíes más allá de la llamada “Línea Amarilla” no comenzará hasta que Hamas complete un desarme integral y verificable. La aclaración llegó en medio de un cruce de versiones entre Washington y Jerusalén sobre cómo y cuándo debe ejecutarse la próxima fase del plan de paz para la Franja.
Un comunicado para frenar las especulaciones
A través de un mensaje publicado en la red social X, la entidad encabezada por el diplomático búlgaro Nikolai Mladenov salió al cruce de las versiones que hablaban de un repliegue israelí inminente:
“Contrariamente a informaciones inexactas, la retirada total de las Fuerzas de Defensa de Israel más allá de la Línea Amarilla solo tendrá lugar una vez que se complete el desarme, tal como Hamas se comprometió con los mediadores. Esto se aplica tanto a las armas ligeras como a las pesadas, así como a los túneles”, señaló el organismo.
La Junta de Paz remarcó además que su posición coincide plenamente con la del Gobierno israelí respecto del objetivo final del proceso: “Compartimos una visión común y un objetivo claro e indiscutible: el desarme completo en la Franja y la transición de un régimen armado a una gobernanza civil”, sostuvo.
El pronunciamiento se conoció horas después de una reunión entre Mladenov y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en la que —según el comunicado— se abordaron de manera “constructiva y exhaustiva” los próximos pasos del plan.
Quién supervisará el proceso
Según explicó la Junta de Paz, la implementación del acuerdo quedará bajo la supervisión de una Fuerza Internacional de Estabilización y de un Comité de Verificación de la Implementación, integrado por representantes de Estados Unidos y del propio organismo. El avance de cada etapa, aclararon, dependerá de que todas las partes cumplan sus obligaciones dentro del marco pactado.
Las diferencias entre Washington y Jerusalén
La aclaración de la Junta de Paz no surgió en el vacío. Días atrás, el organismo había difundido un documento que planteaba un retiro gradual de las fuerzas israelíes y el cese inmediato de las operaciones militares, una propuesta que generó fuertes objeciones dentro del Gobierno de Netanyahu. Desde la oficina del primer ministro israelí señalaron que ese texto no reflejaba la posición oficial del Estado judío y confirmaron que sus objeciones ya fueron trasladadas a Washington.
En paralelo, integrantes del gabinete de seguridad israelí reclamaron revisar el acuerdo impulsado por Trump, al considerar que algunas cláusulas no garantizaban de forma suficiente la desmilitarización de Hamas. Un funcionario israelí, que habló bajo condición de anonimato, fue todavía más categórico ante la prensa local: Israel “no se retirará de la línea actual” en la Franja y “seguirá frustrando cualquier amenaza” contra sus ciudadanos y soldados.
A esto se sumó otro punto de fricción: un día antes de este comunicado, Mladenov había criticado públicamente a Israel en su cuenta de X por continuar con ataques en Gaza que, según reportes, dejaron al menos 28 palestinos muertos, pese al alto el fuego vigente.
La respuesta de Hamas
El propio Hamas reaccionó a la controversia. El grupo terrorista aseguró que se mantiene fiel a lo pactado en la segunda fase del cese el fuego, pero reclamó una “respuesta clara y oficial” por parte de Mladenov y de los países mediadores sobre los términos exactos del desarme. La organización también reiteró condiciones adicionales para avanzar: la reconstrucción del enclave, garantías para la autodeterminación palestina y la creación de un futuro Estado palestino independiente.
De fondo, el plan establece que Israel debería acatar el Protocolo de Sharm el Sheij, firmado en octubre de 2025, que implica la suspensión inmediata de las incursiones armadas como condición previa para el desmantelamiento gradual de la infraestructura militar y los depósitos de municiones de las facciones palestinas.
El antecedente: el “hito histórico” anunciado por Trump
La controversia actual tiene su origen en el anuncio que Donald Trump hizo el jueves 30 de julio, cuando celebró en Truth Social que la Junta de Paz había alcanzado un acuerdo histórico para el desarme total de Hamas y de “todos los demás grupos armados” de Gaza, al que calificó como un “paso monumental” hacia una paz y una seguridad duraderas. El mandatario estadounidense explicó que el proceso se ejecutará en fases cuidadosamente estructuradas: a medida que se certifique el desarme en cada zona, las fuerzas israelíes se irán retirando, mientras la Fuerza Internacional de Estabilización se despliega junto a una nueva policía palestina encargada de garantizar el orden.
El anuncio se enmarca en el plan de 20 puntos presentado por Trump y Netanyahu el 29 de septiembre de 2025, concebido como hoja de ruta para poner fin a la guerra, liberar rehenes, establecer garantías de seguridad para Israel y avanzar hacia una administración palestina tecnocrática en el enclave. Según trascendió, la creciente crisis económica en Gaza y la presión de los mediadores —Egipto, Qatar y Turquía— habrían influido en la decisión de Hamas de aceptar el desarme.
Qué puede pasar ahora
Con Hamas exigiendo precisiones, Israel resistiéndose a un repliegue inmediato y la Junta de Paz tratando de sostener el equilibrio entre ambas partes, el proceso de estabilización de Gaza enfrenta su prueba más delicada desde que se anunció el acuerdo. El desenlace de las próximas negociaciones definirá si el plan impulsado por Trump logra convertirse en una paz duradera o si las diferencias sobre el orden de los pasos —desarme primero, retirada después— terminan empantanando una de las iniciativas diplomáticas más ambiciosas para Medio Oriente en los últimos años.
