Hambre y desperdicio: Argentina tira 16 millones de toneladas de comida al año

El desperdicio de alimentos en Argentina convive con la inseguridad alimentaria y la pobreza. Rescatar apenas el 5% de lo que se descarta alcanzaría para cubrir la demanda de la indigencia. El Banco de Alimentos reclama una ley de incentivos fiscales para que donar deje de costar más que destruir.

Una paradoja que se repite cada 29 de septiembre

Cada 29 de septiembre se conmemora el Día Internacional de Concientización sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. Fue proclamado en 2019 por la Asamblea General de las Naciones Unidas y en 2026 celebra su séptima edición, a solo cuatro años del plazo fijado por la Agenda 2030.

En Argentina, advierten las organizaciones sociales, la fecha no puede quedar como un simple recordatorio de calendario. Fernando Uranga, director general del Banco de Alimentos Buenos Aires, sostuvo en una columna de opinión publicada por Infobae que debe ser «un llamado urgente a la acción», en un país donde los datos locales exigen transformar la forma de producir, distribuir y consumir.

Los números que incomodan

Las cifras dibujan una distorsión difícil de justificar:

  • Se estima que en Argentina se descartan alrededor de 16 millones de toneladas de alimentos por año, el 12,5% de lo que se produce.
  • Según Uranga, hoy se rescata solo el 1% de lo que se desperdicia. Con el 5% se cubrirían las necesidades de las personas en situación de indigencia.
  • Un estudio de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación calculó que en 2025 se desecharon unos 73 millones de kilos de alimentos, con pérdidas estimadas en $370.520 millones.
  • El propio Uranga explicó que menos del 5% de los alimentos descartados por el sector minorista logra recuperarse.

El desperdicio ocurre además en un contexto social delicado. Un informe publicado esta semana vincula los 73 millones de kilos descartados con una pobreza que alcanza al 32,3%. Uranga subraya que niños y niñas son quienes más sufren los problemas de inseguridad alimentaria.

Por qué tirar sale más barato que donar

Para el Banco de Alimentos, el núcleo del problema es económico. Según Uranga, a muchas empresas les resulta más barato destruir alimentos aptos que donarlos.

Bajo el régimen actual, determinados alimentos entregados en donación pueden recibir un tratamiento fiscal menos conveniente que el descarte. La logística, el almacenamiento y el transporte tampoco están reconocidos como costos de la donación.

Alfredo Kasdorf, asesor de la Red Global de Bancos de Alimentos, planteó que Argentina necesita completar la Ley Donal con una arquitectura de incentivos, para pasar de una norma que hace posible donar a políticas públicas que hagan la donación fácil y económicamente racional.

Qué dice la Ley Donal y qué falta

Argentina ya cuenta con un marco legal específico. La Ley 25.989 establece el régimen especial para la donación de alimentos, y la Ley 27.454 creó el Plan Nacional de Reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos. Los alimentos donados deben cumplir todas las exigencias del Código Alimentario Argentino, es decir, ser inocuos y aptos para el consumo humano.

La norma protege al donante que cumple los requisitos, pero no alcanza para cambiar la ecuación de costos. Por eso se acumulan los proyectos legislativos. Uno de los presentados en Diputados propone sellos para las empresas que donen de manera regular, campañas de concientización y medidas correctivas para los establecimientos que destruyan alimentos aptos sin justificación. En comisiones también se retomó el debate sobre un proyecto que incorpora un artículo a la Ley 25.989 para reforzar la figura del «buen samaritano».

Uranga pide que Argentina siga el camino de Chile, Colombia, Brasil y Uruguay, países que pasaron de ver la donación como un acto asistencial a pensarla como una política de Estado, con leyes que otorgan incentivos fiscales.

El rol de los bancos de alimentos

El Banco de Alimentos Buenos Aires cumple 25 años y funciona, según su director, como un puente transparente y trazable entre quienes tienen excedentes y quienes sufren hambre. Según la organización, colabora con la alimentación de más de 360.000 personas a través de una red de 1.300 organizaciones sociales en el AMBA.

A escala nacional, la Red de Bancos de Alimentos Argentina reúne a 20 organizaciones. En 2025 recuperó más de 21 millones de kilos de alimentos, que permitieron generar más de 63 millones de platos y llegar a más de un millón de personas a través de 4.968 organizaciones sociales.

Aun así, Uranga reconoce que el esfuerzo de la sociedad civil no alcanza y que hace falta pensar el sistema alimentario de forma integral.

Un problema que también empieza en casa

El desperdicio no es solo cosa de supermercados. Según informes citados por Uranga, cada argentino descarta en promedio 72 kilos de comida por año. Las causas más frecuentes son la falta de planificación, las compras innecesarias y la forma de almacenar.

La tendencia es global. En 2022 se generaron 1.050 millones de toneladas de desperdicios alimentarios en el mundo, unos 132 kilos por persona, cerca de una quinta parte de los alimentos disponibles para el consumo humano. El 60% se produjo en los hogares, el 28% en los servicios de alimentación y el 12% en el comercio minorista.

El contraste es fuerte. Ese mismo año, 783 millones de personas pasaban hambre. Las raciones que los hogares desperdician cada día, al menos 1.000 millones, equivaldrían a 1,3 comidas diarias para todas las personas que padecen hambre en el mundo. El titular de PNUMA, Inger Andersen, lo resumió así: «el desperdicio de alimentos es una tragedia mundial».

El impacto ambiental y la meta 2030

Tirar comida también desperdicia los recursos usados para producirla. Uranga enumera el agua, la tierra, el combustible de la logística y el trabajo humano. Por eso sostiene que recuperar alimentos contribuye a revertir el cambio climático.

El PNUMA monitorea el avance de los países para reducir a la mitad el desperdicio de alimentos para 2030, en línea con el ODS 12.3. Con los datos actuales, Argentina llega a esa meta con un nivel de recupero muy bajo y sin un esquema de incentivos que lo impulse.

Qué se reclama

Las organizaciones coinciden en tres ejes:

  1. Modernizar el marco normativo y fiscal, con beneficios para quienes donan alimentos aptos.
  2. Reconocer los costos de recuperación, almacenamiento y transporte.
  3. Promover el consumo responsable en los hogares, para pasar de la cultura de «consumir y desechar» a una de planificación y aprovechamiento.

«El hambre no espera, y el planeta tampoco», concluyó Uranga.