Nueva amenaza en los océanos: Microplásticos y PFAS afectan a orcas y otros mamíferos marinos

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En un momento crítico, cuando las negociaciones globales para un Tratado sobre Plásticos legalmente vinculante han fracasado, un nuevo estudio publicado en Environmental Science and Technology Letters revela un preocupante hallazgo: la presencia de cinco sulfonas fluorotelómeras, un tipo de PFAS (sustancias alquilo polifluoradas y perfluoradas), en la grasa de orcas, compuestos nunca antes documentados en fauna silvestre.

Este descubrimiento, liderado por investigadores de la Universidad de Estocolmo, pone en evidencia una amenaza emergente para mamíferos marinos como orcas, ballenas, delfines, tortugas marinas y otras especies marinas, con implicaciones para la salud ambiental y humana, especialmente en regiones árticas.

PFAS en la grasa: un cambio de paradigma

A diferencia de los PFAS tradicionalmente estudiados, que se acumulan en tejidos ricos en proteínas como el hígado y la sangre, estas nuevas sulfonas fluorotelómeras muestran una preferencia por la grasa, un tejido que puede representar hasta la mitad de la masa corporal de mamíferos marinos. “Esta es la primera vez que se demuestra que los PFAS altamente fluorados se acumulan preferentemente en la grasa”, explicó Mélanie Lauria, autora principal del estudio y exestudiante de doctorado en la Universidad de Estocolmo, actualmente en el Instituto Federal Suizo de Ciencias y Tecnología Acuáticas.

El análisis de muestras de tejido de orcas en Groenlandia y Suecia reveló que hasta el 75 % de las sustancias fluoradas en la grasa correspondían a estos compuestos, mientras que eran indetectables en el hígado. “Hemos pasado por alto los PFAS neutrales que se acumulan en grasas, lo que sugiere que podríamos estar subestimando la carga corporal de estas sustancias en mamíferos marinos”, señaló Jonathan Benskin, coautor y profesor en la Universidad de Estocolmo.

Microplásticos y PFAS: una combinación tóxica

Los PFAS, conocidos como “sustancias químicas permanentes” por su resistencia a la degradación, suelen encontrarse junto a microplásticos, partículas de plástico menores a 5 milímetros que también persisten en el medio ambiente. Ambos contaminantes se transportan a largas distancias a través de los sistemas hídricos, llegando incluso al Ártico. Un estudio de 2021 de la Universidad de Birmingham demostró que la combinación de microplásticos y PFAS es particularmente perjudicial para la vida acuática, afectando desde el plancton hasta depredadores máximos como las orcas.

Los microplásticos, ingeridos por más de 220 especies marinas, incluyendo mejillones, ostras, camarones, tortugas marinas, peces y aves, causan obstrucciones intestinales, desnutrición y alteraciones hormonales. Por ejemplo, un estudio en el Parque Nacional Marino Las Baulas (Costa Rica) encontró microplásticos en el sistema digestivo de peces pelágicos y crustáceos bentónicos. Asimismo, investigaciones en las costas británicas revelaron que los 50 animales marinos estudiados, incluidas focas y delfines, contenían un promedio de 5,5 partículas microplásticas en sus entrañas. Las tortugas marinas, que confunden plásticos con medusas, presentan hasta un 50 % de casos de ingestión en algunas regiones, lo que puede ser fatal.

Impactos en la salud y el ecosistema

La combinación de microplásticos y PFAS no solo afecta a los animales individualmente, sino que altera las cadenas alimentarias. Los microplásticos actúan como imanes para contaminantes como metales pesados, pesticidas y PFAS, que se acumulan en los tejidos de los organismos y se transfieren a depredadores superiores, incluidos los humanos. En regiones árticas, donde los mamíferos marinos como las focas y las ballenas son parte de las dietas tradicionales, esto plantea riesgos significativos para la salud humana.

Además, un estudio de la Universidad de Tel Aviv mostró que los microplásticos excretados por animales filtradores, como las ascidias, regresan al agua recubiertos de materia fecal, lo que los hace más atractivos para otras especies que los confunden con alimento. Este proceso amplifica la dispersión de contaminantes y altera el equilibrio de nutrientes en los ecosistemas marinos, contribuyendo a floraciones de algas que afectan la biodiversidad.

Un llamado urgente a la acción

El fracaso de las recientes discusiones globales para un tratado contra la contaminación plástica resalta la urgencia de abordar esta crisis. Los expertos instan a reducir la producción de plásticos, mejorar la gestión de residuos y desarrollar materiales biodegradables efectivos. “La contaminación por plásticos y PFAS es más compleja de lo que pensábamos. Necesitamos nuevas tecnologías y un esfuerzo colectivo para mitigar este daño”, afirmó Benskin.

Mientras tanto, iniciativas comunitarias, como limpiezas costeras y la reducción del uso de plásticos desechables, son pasos clave. Cada acción cuenta para proteger a las especies marinas, desde las orcas hasta las tortugas, y garantizar la salud de los océanos para las generaciones futuras.