El Aquarium Mar del Plata, uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad, cerró sus puertas debido a una combinación de factores económicos y presiones sociales vinculadas al creciente rechazo al cautiverio de animales marinos.
Durante sus años de actividad, el parque atraía anualmente a miles de visitantes, con un promedio de 200.000 personas por temporada, fascinadas por los shows de delfines y la interacción con la fauna marina. Sin embargo, el cierre del oceanario pone en riesgo la continuidad del Centro de Rehabilitación de Fauna Marina (Crfma), una entidad sin fines de lucro que, desde 1994, se destacó como la estación de recuperación de fauna marina más austral del Atlántico sudoccidental.
Ubicado en el extremo sur del predio, el Crfma era uno de los tres centros habilitados en la provincia de Buenos Aires para el tratamiento de fauna marina. Patrocinado por el Aquarium, su operación dependía del financiamiento del oceanario, lo que ahora lo deja al borde de la desaparición, amenazado por el avance de las topadoras. A pesar de esto, el equipo profesional del centro aspira a encontrar una solución para continuar con su labor, crucial para la conservación de especies marinas en una franja costera de aproximadamente 300 kilómetros, aunque también recibía animales derivados de zonas más lejanas, como la Patagonia.
Un referente en la rehabilitación de fauna marina
El Crfma se especializaba en la atención de animales marinos en estado crítico, ofreciendo asistencia médico-veterinaria para su rehabilitación y reintroducción al medio natural. Contaba con instalaciones avanzadas, incluyendo una sala de cirugía, una zona de internación, un área para el lavado de pingüinos empetrolados, un laboratorio de análisis clínicos, cinco recintos con piletas para pinnípedos, un espacio con piso de arena para pingüinos y una docena de jaulas para aves.
“Recibíamos llamados diarios por animales en problemas. Evaluábamos si podían ser tratados en la playa o si requerían traslado al centro”, explica Alejandro Saubidet, director del Crfma. Las especies más frecuentes incluían pingüinos de Magallanes, con un promedio de 200 casos anuales, muchos de ellos desnutridos debido a la pesca indiscriminada o afectados por la ingesta de plásticos y redes. También se atendían lobos marinos de un pelo (Otaria byronia), lobos peleteros (Arctocephalus australis) y, con menor frecuencia, elefantes marinos (Mirounga leonina), con un promedio de 20 a 30 pinnípedos por año. Los cetáceos, como las orcas, eran casos excepcionales, destacando un desvaramiento de ocho ejemplares, de los cuales uno no pudo ser salvado.
El impacto del cierre y el estado de los animales restantes
El cierre del Aquarium, impulsado por la disminución de visitantes –motivada por el creciente activismo contra el cautiverio animal– y los elevados costos operativos, dejó al Crfma sin su principal fuente de financiamiento. En el predio, aún permanecen diez delfines, siete nacidos en cautiverio y tres provenientes de un acuario en Cuba, además de treinta pingüinos, treinta lémures, una tortuga ciega, rayas y un lobo marino llamado Cairo, rescatado tras una infección y castrado para su recuperación.
El estado de salud de los animales restantes varía. Los delfines, aunque estables, enfrentan las limitaciones de haber nacido o vivido largo tiempo en cautiverio, lo que dificulta su rehabilitación para la vida silvestre. Los pingüinos presentan condiciones mixtas: algunos muestran signos de desnutrición, pero están bajo cuidado constante. La tortuga ciega, que no puede ser liberada debido a su condición, requiere atención especializada para mantener su calidad de vida. Las rayas y Cairo, el lobo marino, se encuentran en buen estado, pero su futuro es incierto debido a la falta de un destino claro. Los lémures, oriundos de Madagascar, están sanos, aunque su traslado a otro centro en el país está en proceso de organización.
Cuidados y compromiso del equipo
A pesar del cierre del Aquarium, el equipo de cuidadores continúa trabajando para garantizar el bienestar de los animales. Diariamente, se procesan y suministran aproximadamente 160 kilogramos de alimento, que incluyen pescado, frutas y alimento balanceado, adaptados a las dietas específicas de cada especie. Las piletas se llenan con agua tomada del mar, procesada y mantenida a 20 grados, sin el uso de químicos que antes se empleaban para los shows, lo que beneficia la salud de los animales. “No hay abandono. Seguimos comprometidos con su cuidado hasta que se defina su traslado o destino final”, asegura Saubidet.
La semana pasada, el color turbio del agua en las piletas de los delfines generó controversia, pero desde el Aquarium aclararon que se debe a la ausencia de químicos, priorizando el bienestar animal. Los cuidadores realizan chequeos veterinarios periódicos, ajustando tratamientos según las necesidades de cada ejemplar, especialmente para la tortuga ciega y los pingüinos más debilitados.
Un legado en peligro y una esperanza de continuidad
El Crfma marcó un hito en la conservación, como en el caso del tortugo Jorge, capturado hace más de treinta años y liberado tras dos años de rehabilitación en los que aprendió a cazar nuevamente. Sin embargo, con el centro desmantelado y solo unos pocos animales aún en sus instalaciones, su futuro depende de un posible acuerdo entre los dueños del predio, la empresa y la municipalidad.
El equipo de cuidadores enfatiza la importancia del centro para la fauna marina de la región. “La solución real al cautiverio es que la gente deje de acudir a estos espectáculos”, sostiene Saubidet, subrayando que la inteligencia y sociabilidad de los animales marinos no justifican su encierro. Mientras Mar del Plata despide a uno de sus íconos turísticos, la lucha por salvar el Crfma continúa, con la esperanza de que su legado de conservación no desaparezca junto con el Aquarium