Día internacional de la Visibilidad Bisexual: la "B" invisible que lucha por un lugar en el trabajo, la sociedad y América Latina

Diversidad

Hoy, en el Día Internacional de la Visibilidad Bisexual, miles de voces alrededor del mundo alzan la bandera rosada, morada y azul para romper el silencio que envuelve a una de las orientaciones sexuales más estigmatizadas: la bisexualidad. Según datos reveladores, solo el 15% de las personas bisexuales se muestra completamente "fuera del armario" en su entorno laboral, en contraste con el 46% de gays y el 35% de lesbianas. Esta invisibilización no es casual: surge del miedo a represalias profesionales, como la exclusión, el mobbing o la falta de promoción, en un mundo que aún cuestiona si la bisexualidad "existe" o es solo una "fase".

La Red Empresarial por la Diversidad e Inclusión LGBTI (REDI), en colaboración con la consultora mpátika, pone el foco en esta realidad oculta. El 43% de las personas LGBTI ha escuchado bromas y rumores bífobos en el trabajo, un reflejo de la discriminación que permea incluso espacios supuestamente inclusivos. La bisexualidad, definida como la atracción afectiva, sexual o romántica hacia más de un género (incluyendo pansexualidad, polisexualidad u omnisexualidad), opera como un "paraguas" para identidades diversas. Sin embargo, la sociedad binaria la reduce a mitos: "No es real", "Es una moda" o "Es promiscuidad", estigmas que obligan a las personas Bi+ a salir del clóset una y otra vez, incluso dentro de la propia comunidad LGBTIQ+.

Mujeres Bisexuales: El Doble Techo de Cristal

El impacto es devastador para las mujeres bisexuales, donde la interseccionalidad multiplica las barreras. Ser mujer y Bi+ significa enfrentar no solo bifobia, sino también sexismo, creando un doble techo de cristal que limita el avance profesional y el bienestar emocional. En palabras de expertas de REDI, esta discriminación "impacta directamente en cómo son percibidas por la sociedad", perpetuando exclusiones que van desde rumores en la oficina hasta violencias cotidianas.

Desde Perú, la activista Pamela Vallejos sabe de esto en carne propia. "Por mucho tiempo sentí que no era lo suficientemente bisexual como para pertenecer a la comunidad LGBTIQ+", confiesa en su blog Soybisexual.pe, donde desmonta estereotipos con vivencias personales y contenido educativo. Vallejos, quien tardó años en desafiar discursos internalizados tras relaciones mayoritariamente heterosexuales, destaca que la bisexualidad no se mide por "exploraciones", sino por la capacidad de atracción hacia géneros múltiples, incluyendo no binarios. En el país andino, esta orientación representa al 27,4% de la comunidad LGBTI, según la Primera Encuesta Virtual del INEI, pero sigue siendo "tremendamente estigmatizada".

Vallejos no está sola en su lucha. Junto a Diego Pinto y Graciela Tiburcio, fundó el colectivo Orgullo Bi, un espacio seguro para bicnics, salidas y eventos que celebran la identidad Bi+. Pinto, quien se aceptó a los 15 años, relata el escrutinio constante: "Me han cuestionado si soy bisexual o solo no quiero admitir que soy gay", dice, añadiendo que las representaciones bisexuales suelen limitarse a mujeres, dejando a los hombres como "unicornios" invisibles. Tiburcio, por su parte, descubrió su orientación en la universidad y hoy marcha del brazo de su novia, desafiando etiquetas: "Salir del clóset abiertamente evita que otras pasen por mi confusión; perdí años de disfrute porque nadie hablaba de esto".

Argentina: La "B" Olvidada en una Comunidad que Aún No Encuentra su Lugar

En Argentina, pionera en derechos LGBTIQ+ con el matrimonio igualitario desde 2010 y la Ley de Identidad de Género de 2012, la bisexualidad enfrenta un estigma persistente que la deja "flotando en una nebulosa" entre la heterosexualidad y la homosexualidad. Según el Primer Relevamiento Nacional de Condiciones de Vida LGBTIQ+, realizado en 2023, más de la mitad del colectivo (alrededor del 52%) se identifica como bisexual, superando a gays (31%) y lesbianas (17%). Sin embargo, la mayoría de las personas Bi+ no encuentra un sentido de pertenencia en la comunidad LGBTIQ+, donde sufren bifobia interna: son vistas como "indecisas", "en una fase" o "traidoras", lo que genera invisibilización y exclusión incluso en espacios de orgullo.

Esta discriminación se agrava en contextos interseccionales, como el racismo y el clasismo, donde las bifobias se entrecruzan con violencias estructurales. Activistas como María Belén Devoto, antropóloga y autora de "Ni confundidas ni en transición", impulsan el activismo Bi desde los años 90, exigiendo la inclusión de la bisexualidad en la Educación Sexual Integral (ESI) y la recuperación de su historia en el movimiento queer. La Red Bisexual Argentina y colectivos como Kinkfem organizan talleres y marchas para combatir mitos como la "promiscuidad" o la "infidelidad", promoviendo alianzas decoloniales y antirracistas. En el Día de hoy, eventos como charlas en la Universidad Nacional de Cuyo y "ConBivencias" estatales buscan potenciar la incidencia política, reconociendo la bifobia como violencia estructural.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha llamado a Argentina y otros países a priorizar la salud mental de personas Bi+, invisibilizadas en políticas públicas, y a combatir abusos como la tortura y la discriminación laboral. Testimonios locales revelan que, pese a avances, el fetichismo (como asumir tríos automáticos) y la negación familiar persisten, pero el activismo gana fuerza: "La visibilidad bisexual es un acto de resistencia que transforma narrativas culturales", afirma Devoto.

Figuras Históricas Olvidadas y Llamados a la Acción

La historia bisexual brilla con pioneras como Marsha P. Johnson, la activista transgénero y afroamericana bisexual clave en las revueltas de Stonewall, o Brenda Howard, impulsora de la primera Marcha del Orgullo. Sin embargo, su legado se diluye en la narrativa LGBTIQ+, donde la "B" es la "gran desconocida".

Para las empresas, REDI exige un paso adelante: políticas específicas contra la bifobia, referentes visibles en liderazgo, celebración de efemérides como esta y sensibilización de equipos. "Es hora de ir más allá de declaraciones generales de inclusión", urgen, para crear entornos donde nadie oculte su identidad por miedo. En Argentina, el Área de Diversidad Sexual y Géneros del gobierno federal impulsa proyectos productivos para Bi+, alineados con esta agenda.

En un mundo que clasifica en binarios, la visibilidad bisexual no es un lujo: es una necesidad. Como Vallejos concluye, "Hacernos visibles es poderoso". Hoy, 23 de septiembre, que la bandera Bi+ ondee sin miedos, recordándonos que la diversidad plena incluye todas las letras del acrónimo. ¿Estás listo para escuchar?