Un equipo de especialistas del CONICET en Misiones llevó a cabo el mayor relevamiento mundial sobre el ocelote (Leopardus pardalis), un felino clave para la salud de los ecosistemas del Bosque Atlántico. La investigación, publicada en el Journal of Mammalogy, analizó datos recolectados durante 14 años en áreas protegidas de la provincia, demostrando que la población de ocelotes se mantiene estable en entornos bien conservados.
Liderado por Paula Cruz, investigadora del Instituto de Biología Subtropical (CONICET-UNaM), el estudio identificó a 213 ocelotes mediante cámaras trampa en el Parque Nacional Iguazú y la Reserva Forestal San Jorge, áreas con alta protección y baja intervención humana. Utilizando modelos avanzados de captura-recaptura, los científicos estimaron una tasa de crecimiento poblacional estable (1.0) y una densidad de entre 7.85 y 10.53 individuos por cada 100 km², consolidando a estas zonas como “áreas fuente” para la especie.
El ocelote, vulnerable a los impactos humanos, actúa como un indicador de la salud de los bosques nativos. Su presencia regula poblaciones de roedores y mantiene el equilibrio de la cadena trófica. Sin embargo, en áreas degradadas o fragmentadas, la especie desaparece rápidamente. “Estudiar al ocelote nos permite anticiparnos y evitar la pérdida de otras especies en estos ecosistemas”, destacó Cruz.
Aunque el ocelote no está extinto a nivel global (clasificado como de Preocupación Menor por la UICN), en regiones como Argentina es considerado Vulnerable debido a diversas amenazas antropogénicas. Los principales impactos humanos incluyen la destrucción y fragmentación del hábitat por deforestación, agricultura, ganadería y urbanización, lo que reduce las áreas disponibles para caza y reproducción. Otros factores son los atropellos en carreteras, que representan una causa significativa de mortalidad, el envenenamiento accidental por rodenticidas, la caza histórica por su piel, y la endogamia resultante de poblaciones aisladas, que debilita la diversidad genética. Además, la competencia por presas, enfermedades y efectos indirectos como la contaminación lumínica también afectan su comportamiento y supervivencia.
El estudio también reveló diferencias de comportamiento: los machos recorren áreas más amplias, mientras que las hembras son más territoriales. Además, se registraron los ocelotes más longevos conocidos en la naturaleza, con una hembra de 19 años y otra de 16 años fotografiada con una cría, ampliando el conocimiento sobre la longevidad y reproducción de la especie.
Estos hallazgos establecen una línea de base clave para evaluar el impacto de la deforestación y otras amenazas en el futuro, reforzando la importancia de la conservación de la Selva Misionera, un emblema ecológico de Argentina.