El científico estadounidense James Watson, codescubridor de la estructura de doble hélice del ADN, falleció el 7 de noviembre de 2025 a los 97 años, dejando un legado científico monumental pero también una controversia que lo persiguió hasta sus últimos días.
En 1962, Watson recibió el Premio Nobel de Medicina junto a Francis Crick y Maurice Wilkins por revelar cómo se replica el ADN y transporta la información genética. Ese hallazgo, publicado en 1953, revolucionó la biología molecular y abrió la puerta a avances en genética, medicina forense y biotecnología.
Sin embargo, el mismo hombre que cambió la ciencia moderna terminó despojado de honores por declaraciones que vinculaban raza e inteligencia. En 2007, durante una entrevista al Sunday Times, Watson afirmó que era “pesimista respecto al futuro de África” porque “todas las pruebas indican que su inteligencia no es la misma que la de los blancos”. Agregó que quienes habían trabajado con empleados negros “saben que no es verdad” que todos sean iguales.
La reacción fue inmediata: el Museo de Ciencia de Londres canceló una conferencia, el Laboratorio Cold Spring Harbor lo suspendió y luego lo destituyó como rector. Aunque Watson se disculpó públicamente y culpó al periódico por distorsionar sus palabras –el medio ratificó la veracidad con la grabación–, el daño estaba hecho.
Doce años después, en el documental American Masters: Decoding Watson (PBS, 2019), el científico, ya nonagenario, reiteró que sus opiniones “no habían cambiado”. El laboratorio neoyorquino, donde dirigió durante décadas una de las instituciones científicas más prestigiosas del mundo, emitió un comunicado tajante: sus afirmaciones eran “reprensibles, infundadas y carecían de respaldo científico”. Le retiraron todos los títulos honoríficos y rompieron cualquier vínculo.
En 2014, Watson hizo historia al subastar su medalla del Nobel, la primera vez que un laureado vivo lo hacía. El magnate ruso Alisher Usmanov pagó 4,8 millones de dólares y se la devolvió inmediatamente. Watson explicó que destinaría los fondos a instituciones como Cold Spring Harbor, la Universidad de Chicago y el Clare College de Cambridge.
Nacido en Chicago el 6 de abril de 1928, Watson ingresó a los 15 años a la universidad gracias a una beca. Su pasión por la difracción de rayos X lo llevó a Cambridge, donde junto a Crick construyó el modelo que inmortalizó su nombre. En 1968 asumió la dirección de Cold Spring Harbor y lo transformó en un centro global de investigación.
En sus últimos años, tras un accidente automovilístico, vivía en un hogar de cuidados con “conciencia muy mínima” de su entorno. Su muerte cierra el capítulo de un científico brillante cuya lengua lo condenó al ostracismo.
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