Gran caída de poblaciones de ranas y reptiles en Australia

Diversidad

En medio de una emergencia ecológica global, Australia registra un colapso alarmante en sus especies de ranas y reptiles endémicos, con declives que superan el 96% en promedio desde 1985, según el último monitoreo nacional. Este estudio pionero revela no solo la magnitud de la pérdida, sino también estrategias concretas para revertir la tendencia y salvar estas criaturas únicas, promoviendo la conservación activa y la participación ciudadana, con énfasis en las ranas más vulnerables que claman por protección urgente.

El informe actualizado del Índice de Especies Amenazadas (TSX), coordinado por la University of Queensland y publicado en noviembre de 2025, confirma una reducción del 97% en ranas y 94% en reptiles amenazados o casi amenazados. Este análisis, el primero en incluir reptiles a nivel nacional, se basa en 894 series temporales de datos recolectados por expertos en todo el país, literatura científica y contribuciones de zonas remotas. Aunque el volumen de registros es menor que para aves o mamíferos, establece una línea base crucial para medir progresos futuros.

Entre las pérdidas irreversibles destaca la extinción del skink del bosque de Isla Christmas, único reptil australiano declarado extinto, y siete especies de ranas consideradas perdidas, incluyendo las únicas dos ranas de incubación gástrica —la rana gástrica del sur (Rheobatrachus silus) y la rana gástrica del norte (Rheobatrachus vitellinus)—, famosas por gestar sus crías en el estómago de la hembra, un mecanismo reproductivo único que se extinguió en los años 80 debido al hongo quítrido. Otras ranas declaradas perdidas incluyen la rana niebla de montaña (Litoria nyakalensis), la rana tinker del norte (Taudactylus diurnus) y la rana árbol de manchas amarillas (Litoria castanea), todas víctimas de enfermedades y cambios climáticos en hábitats alpinos y tropicales.

Las ranas en peligro crítico representan un llamado de atención: la rana corroboree del norte (Pseudophryne pengilleyi), con sus icónicas rayas negro-amarillas, ha visto su población salvaje reducida a menos de 100 individuos en las montañas de Nueva Gales del Sur y el Territorio de la Capital Australiana, amenazada por el hongo quítrido, incendios forestales y especies invasoras como cerdos y ciervos; en julio de 2025, se liberaron 544 ejemplares criados en cautiverio en el Parque Nacional Brindabella, el mayor esfuerzo de reintroducción hasta la fecha. Su contraparte sureña, la rana corroboree del sur (Pseudophryne corroboree), sobrevive con apenas 50 individuos en el Parque Nacional Kosciuszko, donde el cambio climático altera sus charcos alpinos estacionales. La rana armada de niebla (Litoria lorica), redescubierta en 2008 tras pensarse extinta, persiste en una sola población en las selvas de Queensland, vulnerable al quítrido que ha diezmado el 99% de sus grupos. Otras en la lista de las 26 más amenazadas incluyen la rana árbol manchada (Litoria spenceri), impactada por truchas invasoras que depredan renacuajos en arroyos sureños, y la rana de Baw Baw (Philoria frosti), endémica de una montaña en Victoria, donde el calentamiento global seca sus sitios de reproducción. La rana barrada de Fleay (Mixophyes fleayi), de las selvas del noreste, enfrenta fragmentación de hábitat y contaminación, mientras especies como la rana de vientre amarillo (Uperoleia mahonyi) luchan contra la desertificación en el centro del país.

El hongo quítrido, introducido en los años 80, sigue siendo el verdugo principal de las ranas, responsable de extinciones masivas y reducciones persistentes, aunque algunas poblaciones muestran recuperación. Sin embargo, especies no afectadas por este patógeno ahora sufren más por incendios forestales intensificados, sequías y especies invasoras. En reptiles, la pérdida de hábitat por agricultura, deforestación y urbanización amenaza especialmente a los de pastizales. Comparativamente, estos declives superan a los de aves, mamíferos y plantas: mamíferos con conservación activa cayeron solo un 18% desde 1990, mientras plantas sin intervención perdieron hasta un 81%.

Frente a esta crisis de biodiversidad, el panorama no es del todo sombrío. Ejemplos de éxito inspiran esperanza: el skink del Gran Desierto ha recuperado poblaciones gracias a la gestión del fuego por comunidades indígenas ranger, que controlan incendios para preservar hábitats. De igual modo, el Australian Wildlife Conservancy protege paisajes que albergan al 65% de las especies vertebradas terrestres continentales, incluyendo reptiles y anfibios, mediante reservas y restauración de ecosistemas.

Para salvar a estas especies, los expertos proponen un enfoque multifacético. El Plan de Acción para Especies Amenazadas del gobierno australiano prioriza la prevención de nuevas extinciones, la mejora en la trayectoria de 110 especies prioritarias y la restauración de 20 lugares clave, mediante la reducción de amenazas como gatos y zorros ferales, el hongo myrtle rust y pastos invasores como la gamba grass. Además, se enfatiza la resiliencia al cambio climático, la integración de conocimientos indígenas y la participación comunitaria en la planificación de conservación. Para las ranas específicas, se impulsan programas de cría en cautiverio como los de Taronga Conservation Society para las corroboree, y refugios seguros libres de quítrido para especies como la armada de niebla.

A nivel individual, acciones simples marcan la diferencia. Durante la Semana FrogID 2025, se promueven entornos amigables para ranas en patios: instalar una fuente de agua como un estanque, plantar juncos, pastos y arbustos nativos, y disponer rocas y troncos para refugios y escondites. Programas de ciencia ciudadana como FrogID e iNaturalist permiten reportar avistamientos, enriqueciendo bases de datos para monitoreos a largo plazo.

En el ámbito internacional, Australia logró protecciones fortalecidas en la Conferencia CITES CoP20 de 2025 para geckos endémicos y especies marinas, limitando el comercio ilegal que agrava las amenazas. Los autores del estudio —Dr. Geoffrey Heard, Dra. Sarah McGrath y Tayla Lawrie— insisten en expandir la recolección de datos colaborativos y aplicar gestión activa contra amenazas específicas, como control de invasoras y restauración de hábitats. Con estas medidas, es posible estabilizar tendencias y asegurar un futuro para la extraordinaria diversidad de Australia, hogar de más de 1.100 reptiles y 250 ranas, muchas de ellas irremplazables iconos de su ecosistema.

Este llamado a la acción colectiva subraya que la salvación de estas especies no solo preserva la vida silvestre, sino que fortalece el equilibrio ecológico del continente.

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