En un giro que acelera el pulso de la transición energética global, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha lanzado este martes su informe insignia anual, el World Energy Outlook 2025, coincidiendo con la COP30 en esta ciudad amazónica. La noticia es tajante: la demanda de petróleo y carbón alcanzará su pico máximo antes o alrededor de 2030, mientras las energías renovables –impulsadas por el solar fotovoltaico– crecerán a un ritmo más rápido que cualquier otra fuente energética importante. Este pronóstico no solo desafía a los defensores de los combustibles fósiles, sino que dibuja un futuro donde la electricidad se erige como el eje de la economía mundial, alimentada por una revolución tecnológica que incluye la explosiva demanda de inteligencia artificial y centros de datos.
El informe, elaborado tras más de un año de presiones políticas –incluidas las de republicanos estadounidenses y la Administración Trump para un sesgo favorable a los fósiles–, confirma lo inevitable: la transición energética no es una opción, sino una realidad impulsada por mercados, tecnologías y economías emergentes. "El mundo ya ha entrado en la era de la electricidad", declaró Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE, durante la presentación. "Y las renovables están liderando el camino, con un despliegue que supera todas las expectativas".
Tres escenarios para un futuro incierto: De la inercia fósil al cero neto
El World Energy Outlook 2025 traza tres trayectorias clave, cada una con implicaciones profundas para la seguridad energética, la asequibilidad y las emisiones de CO2. En el Escenario de Políticas Vigentes (CPS), la demanda energética global crece un 15% (90 EJ) hasta 2035, con el carbón en declive lento y el petróleo alcanzando 113 mb/d en 2050. Las emisiones se estancan en 38 Gt anuales –el récord de 2024–, proyectando un calentamiento de casi 3°C para 2100.
Más optimista, el Escenario de Políticas Declaradas (STEPS) anticipa un aumento moderado del 8% (50 EJ) en la demanda hasta 2035, con el carbón peaking antes de fin de década y el petróleo estabilizándose en 102 mb/d alrededor de 2030, seguido de un declive gradual. Aquí, las renovables responden por la mayor parte del crecimiento, con adiciones anuales de capacidad en economías emergentes y en desarrollo superando los 600 GW por año hasta 2035 –suficiente para triplicar los niveles de 2022 para 2030–. Las emisiones caen por debajo de 30 Gt a mediados de siglo, limitando el calentamiento a 2.5°C en 2100, gracias a una eficiencia energética anual del 2%.
Finalmente, el ambicioso Escenario de Cero Emisiones Netas para 2050 (NZE) invierte la curva: la demanda energética declina, con despliegues masivos de tecnologías bajas en carbono que reducen el uso de todos los fósiles. El pico de calentamiento supera 1.5°C por décadas, pero regresa por debajo para 2100 mediante remociones de CO2. En este panorama, las renovables y la nuclear cubren más del 50% de la generación eléctrica global para 2050.
Números que no mienten: Inversiones récord y un boom renovable imparable
Los datos económicos del informe son un torrente de cifras que ilustran el giro: en 2025, la inversión global en energía alcanzará 3.3 billones de dólares, de los cuales 2.2 billones –el doble que en fósiles– irán a renovables, nuclear, redes, almacenamiento, combustibles bajos en emisiones, eficiencia y electrificación. Solo en generación eléctrica, el gasto sube a 1.5 billones de dólares, un 50% más que en la cadena de suministro de petróleo, gas y carbón. Las adiciones de solar PV se estancan en 540 GW anuales en el CPS, pero en STEPS, China acapara el 45-60% del despliegue global en la próxima década.
En 2024, las renovables ya representaron el 38% del crecimiento en el suministro energético global, seguidas por gas natural (28%), carbón (15%), petróleo (11%) y nuclear (8%). La generación de solar y eólica saltó un récord de 670 TWh, mientras las instalaciones renovables totales alcanzaron 700 GW, con 80% en solar PV. El almacenamiento en baterías creció a 75 GW anuales, y hay 70 GW de nueva capacidad nuclear en construcción.
La demanda de electricidad –que ya cubre el 21% del consumo final global– aumentará un 40% hasta 2035 en CPS y STEPS, y más del 50% en NZE. El refrigeración por aire acondicionado impulsado por ingresos añadirá 330 GW a la demanda pico global, más 170 GW por temperaturas extremas. Pero el detonante es la IA: los centros de datos triplicarán su consumo eléctrico para 2035 (menos del 10% del crecimiento total), con inversiones de 580 mil millones de dólares en 2025 –superando los 540 mil millones en suministro de petróleo– y el 85% de nuevas capacidades en EE.UU., China y la UE. Acuerdos para 30 GW de reactores modulares pequeños (SMR) ya apuntan a alimentar estos hubs digitales.
Económicamente, la intensidad energética global mejoró solo un 1% en 2024, tras un 1.2% anual (2019-2023) y 2% (2010-2019), debido a crecimiento post-pandemia en China e India, temperaturas récord y debilidad hidráulica. Las emisiones de CO2 alcanzaron 38 Gt en 2024 –un 0.8% más que en 2023–, con el clima contribuyendo al 50% del alza. Implementar nuevos NDC reduciría emisiones de 20 Gt (2024) a 15-17 Gt para 2035 (11-25% menos). En economías avanzadas, emisiones cayeron 1.1% a 10.9 Gt –nivel de hace 50 años, con un PIB tres veces mayor–.
El relevo global: De China a India y el Sur Global
China, que absorbió el 50% del crecimiento en demanda de petróleo y gas, y el 60% en electricidad desde 2010, cede el testigo a un bloque liderado por India y el sudeste asiático, junto a Oriente Medio, África y América Latina. El 80% del crecimiento energético hasta 2035 ocurrirá en regiones con alta irradiación solar, impulsando cooling y vehículos eléctricos –mitad del aumento de la flota global de autos de 2025-2035 vendrá de emergentes fuera de China–. Aún así, 730 millones carecen de electricidad y 2 mil millones usan métodos de cocción nocivos; en el escenario ACCESS, 80 millones ganan acceso anual hasta 2035.
El petróleo creció solo 0.8% en 2024 (bajo 30% de la demanda total por primera vez, vs. 46% en 1974), liderado por petroquímicos y aviación, con declive en transporte vial. El carbón, con demanda récord pero crecimiento solo 1%, depende de Asia en desarrollo; China consume 40% más que el resto del mundo. Inversiones en carbón suben 4% en 2025, pero las renovables y eléctricos superan expectativas, impulsados por fuerzas de mercado.
Lecciones del apagón ibérico: Redes robustas, la clave de la resiliencia
El informe no ignora riesgos: cita el apagón eléctrico de abril de 2025 en la Península Ibérica como ejemplo de vulnerabilidades modernas. "La seguridad no depende solo de la generación, sino de la calidad de la red y el comportamiento de activos conectados", advierte la AIE. Recomienda normas estrictas para que generadores apoyen en emergencias, y destaca cómo interconexiones con vecinos, protocolos y capacidad autónoma restauraron el suministro rápidamente. "Mantener y reforzar estas capacidades es fundamental", urge el texto, en un año donde temperaturas récord elevaron la demanda de electricidad un 4.3% –por encima del 3.2% del PIB global–.
Voces expertas: "Acelerar o pagar más tarde"
El eco es unánime. Bruce Douglas, CEO de la Alianza Global de Energías Renovables, celebra: "Entre ahora y 2030, se instalarán más renovables que en los últimos 40 años juntos. Casi toda la nueva demanda –de manufactura, IA, refrigeración y autos eléctricos– será renovable. Los fósiles quedan al margen".
Laurence Tubiana, arquitecta del Acuerdo de París, insiste: "Más de 10 billones de dólares en energía limpia desde 2014. El petróleo peaks antes de 2030. La dirección es clara: acelerar o pagar más tarde. Cada tonelada de carbono evitada hoy ahorra costes mayores mañana".
Olivier Bois von Kursk, del IISD, remata: "El pico de petróleo en 2030 persiste pese a cambios en EE.UU. Apostar por fósiles es apostar contra el progreso. Renovables y eléctricos ganan por economía y mercado".
En la COP30, donde líderes debaten compromisos, este informe no es solo datos: es un llamado a la acción. ¿Elegiremos la revolución eléctrica o el costo de la inacción? El reloj –y el termómetro– no espera.
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