Ayer a las 15:00 horas exactas, el botadero municipal de Alto Intiorko (sur de Perú) se convirtió nuevamente en una antorcha gigante que aún hoy, 29 de noviembre, sigue rugiendo sin control. Una columna de humo negro de más de 500 metros de altura cubrió la ciudad como un manto mortal, tiñendo de gris el cielo desde el centro histórico hasta el último cerro del cono norte.
Solo dos compañías de bomberos, la 72 y la 98, con apenas 6 cisternas y 42 voluntarios, enfrentan un monstruo alimentado por más de 180.000 toneladas de basura acumulada. Cada hora consumen 120.000 litros de agua que no alcanzan. Piden a gritos 10 cisternas más, 4 cargadores frontales y 200 equipos de respiración autónoma porque el dioxinas, furanos y metales pesados que inhalan les queman los pulmones en minutos.
Este vertedero recibe diariamente 380 toneladas de residuos de toda la provincia, generando un negocio informal de reciclaje que mueve 8 millones de soles al año, pero deja a la ciudad una factura ambiental de 47 millones anuales solo en enfermedades respiratorias, según estudios de la Dirección Regional de Salud 2024. Cada incendio como este dispara los casos de asma infantil en 320 % durante las siguientes dos semanas y eleva las consultas por bronquitis aguda a más de 4.000 atenciones en los centros de salud públicos.
El proyecto de cierre técnico y construcción del nuevo relleno sanitario en Quebrada Seca lleva paralizado desde 2010. Costo estimado actual: 186 millones de soles. Hasta hoy solo se han ejecutado 9.8 millones de soles en estudios y promesas. Mientras tanto, el botadero actual opera con una vida útil vencida desde 2008 y ha recibido 17 multas de OEFA por más de 28 millones de soles que la Municipalidad Provincial de Tacna jamás pagó.
Crisis ambiental
El comercio del centro reportó este sábado caídas del 45 % en ventas por el olor insoportable y el miedo al aire contaminado. Los mercados cerraron temprano, los restaurantes lucieron vacíos y los taxis dejaron de circular por zonas como Leguía y Gregorio Albarracín. Las pérdidas económicas directas del fin de semana ya superan los 12 millones de soles, según estimaciones preliminares de la Cámara de Comercio.
El drama que se repite cada año. En los últimos cinco años Tacna ha sufrido cinco incendios mayores en el mismo botadero: 2020 (duración 72 horas), 2022 (96 horas), 2023 (64 horas), agosto 2025 (48 horas) y ahora este, que ya lleva más de 30 horas activas. Cada uno ha liberado al ambiente entre 180 y 250 toneladas de partículas PM2.5, equivalente a que toda la ciudad fumara 18 millones de cigarrillos en un solo día.
Miles de tacneños inundan las plataformas con videos que superan el millón de reproducciones combinadas en menos de 24 horas, mostrando un cielo apocalíptico y niños llorando por el ardor en los ojos. La exigencia es una sola: cerrar de una vez este cementerio tóxico que lleva 35 años envenenando lentamente a tres generaciones. Esta noche Tacna duerme con las ventanas selladas, con paños húmedos en las puertas y con la certeza de que mañana el humo seguirá ahí, recordándonos que mientras no haya dinero, voluntad ni vergüenza, el botadero seguirá ardiendo… y nosotros seguiremos pagando la cuenta con nuestra salud y nuestro futuro.
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