Según un reciente informe de la NASA y el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo (NSIDC) de la Universidad de Colorado, Boulder, el hielo marino del Ártico registró un nuevo mínimo histórico durante su pico invernal el pasado 22 de marzo de 2025.
Con una extensión máxima de 14.33 millones de kilómetros cuadrados (5.53 millones de millas cuadradas), este valor superó el récord anterior de 2017, que fue de 14,41 millones de kilómetros cuadrados (5,56 millones de millas cuadradas), marcando un hito preocupante en la disminución del hielo polar.
El informe detalla que la extensión máxima de este año estuvo 1,32 millones de kilómetros cuadrados por debajo del promedio registrado entre 1981 y 2010, lo que equivale a una pérdida de hielo del tamaño de Alaska. Este fenómeno se suma a una tendencia a la baja observada durante las últimas décadas, donde la formación de hielo nuevo ha disminuido y el hielo multianual, más resistente, ha seguido reduciéndose. Factores como temperaturas más cálidas en el aire y el océano, junto con patrones de viento persistentes, han limitado tanto la formación de nuevo hielo como la supervivencia del hielo más antiguo.
Por otro lado, el hielo marino en la Antártida también mostró una disminución significativa. El 1 de marzo de 2025, alcanzó un mínimo de 1,98 millones de kilómetros cuadrados (764.000 millas cuadradas), empatando con 2022 y 2024 como el segundo mínimo más bajo jamás registrado. Esta combinación de pérdidas en ambos polos llevó a que, a mediados de febrero de 2025, la cobertura global de hielo marino alcanzara el nivel más bajo jamás registrado, con una reducción de más de 2,5 millones de kilómetros cuadrados respecto al promedio anterior a 2010.
Walt Meier, científico del NSIDC, señaló que aún no está claro si el hemisferio sur ha entrado en una nueva norma de hielo perennemente bajo o si se trata de una fase temporal que podría revertirse en los próximos años. Sin embargo, la tendencia general de pérdida de hielo en el Ártico es innegable y plantea serias preocupaciones sobre los impactos en el clima global, los ecosistemas polares y los patrones climáticos mundiales.
La NASA y el NSIDC continúan monitoreando estos cambios mediante datos satelitales, destacando la importancia de estas observaciones para comprender los efectos del calentamiento global en las regiones polares. Este nuevo récord subraya la urgencia de abordar el cambio climático y sus consecuencias en el planeta.