En uno de los barrios más vulnerables de la Ciudad de Buenos Aires, los vecinos de la Villa 20 luchan contra temperaturas que superan los 40 °C sin sombra ni ventilación. Lo que empezó como resistencia a “perder metros para viviendas” terminó en un proyecto premiado internacionalmente que trajo árboles, jardines de lluvia y huertas comunitarias. Pero hoy denuncian abandono y exigen que el verde que les prometieron.
En la Villa 20 –conocida también como Lugano 1 y 2–, más de 20.000 personas conviven con pasillos angostos, techos de chapa y calles que se convierten en hornos durante las olas de calor. “Tratamos de sobrevivir: se corta la luz, no hay agua, no corre aire”, resume Mariana Aguirre, vecina histórica del asentamiento.
Aunque en la última década se construyeron 1.600 viviendas nuevas y se abrieron calles en el sector rebautizado Barrio Papa Francisco, la urbanización priorizó el cemento sobre los árboles. El resultado: islas de calor que agravan las inundaciones y hacen inhabitable el día a día.
En 2022, el Instituto Internacional de Medioambiente y Desarrollo (IIED-América Latina) y la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-EHS) impulsaron un Laboratorio Urbano junto a vecinos y autoridades. El objetivo: implementar soluciones basadas en la naturaleza (SbN) en pasajes, plazas y patios de escuela.
“Al principio no queríamos saber nada con árboles, queríamos más departamentos”, admite Laura Arévalos, docente y residente desde hace 30 años. “Pero cuando vimos cómo el cemento nos asfixiaba, entendimos que el verde también es vivienda digna”.
Se plantaron especies nativas y trepadoras, se construyeron canteros y jardines de lluvia con materiales reciclados por los propios vecinos, y se capacitó a la comunidad para el mantenimiento. El proyecto, que integra Infraestructura Azul y Verde (IAV), surgió de un proceso participativo apoyado por el Instituto de la Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires (IVC), y ha sido clave para reducir los impactos de las olas de calor en la zona sur del barrio.
En 2024, el proyecto recibió un reconocimiento en la COP29 de Bakú por su aporte a la adaptación climática en asentamientos informales. El 13 de noviembre, durante la cumbre mundial del clima de la ONU en Azerbaiyán, el IIED-América Latina ganó el Premio Campeones de Adaptación Local en la categoría Soluciones de Adaptación Urbana, otorgado por el Global Center on Adaptation (GCA). Este galardón, que incluyó un premio de 15.000 euros, distinguió la iniciativa junto a otros tres proyectos de Burkina Faso, Kiribati e Indonesia, por empoderar a comunidades en la primera línea de la crisis climática. El premio resalta cómo estas soluciones de bajo costo combaten el empeoramiento de las olas de calor, un problema que en América Latina ha incrementado la mortalidad relacionada con el calor en un 140% en las últimas dos décadas.
Sin embargo, la euforia duró poco. Las plazas nuevas tienen pocos árboles, el césped se secó y las pérgolas están abandonadas. En “el macizo” –la zona más antigua y hacinada– la infraestructura verde brilla por su ausencia.
“Los espacios verdes no alcanzan para todo el barrio”, sentencia Mabel Mamani, coordinadora de un comedor comunitario. “Un día de 42 °C la gente se refresca como puede; no todos tienen aire acondicionado”.
Nelson Callejas agrega: “Hay vecinos a los que todavía no les llega el agua potable. Necesitamos árboles que absorban humedad y generen ventilación en los pulmones de manzana”.
Las especialistas coinciden en que el modelo es replicable y de bajo costo, pero requiere voluntad política sostenida. “No se trata de elegir entre vivienda y verde: ambas cosas son posibles y necesarias”, enfatiza Jorgelina Hardoy, coordinadora de IIED-América Latina.
Mientras tanto, los vecinos siguen cortando el pasto y regando a pulmón. “Después de tanta lucha hay cosas que no logramos y es frustrante”, reconoce Mamani. Pero Laura Arévalos cierra con esperanza: “Estamos dejando una huella para que la continúen los más chicos. Todos queremos lo mismo que tienen los otros barrios de Buenos Aires: un poco de sombra cuando el sol raja la tierra”.
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