El bioplástico de mandioca del CONICET 2025 es la innovación misionera que sustituye importaciones europeas, impulsa la economía circular y reduce el impacto ambiental con almidón local, transformando residuos forestales en soluciones sustentables para bolsas biodegradables y agroinsumos en Argentina.
En un hito que posiciona a Argentina en el mapa global de la sustentabilidad, científicos del CONICET y la empresa misionera Plastimi SRL han escalado su proyecto de bioplástico 100% local a partir de almidón de mandioca, un cultivo icónico de la región. Firmado en mayo de 2025 mediante un convenio gestionado por la Oficina de Vinculación Tecnológica (OVT) del Nordeste, este desarrollo no solo produce bolsas y películas biodegradables sin resinas importadas de Europa, sino que ahorra divisas nacionales y mitiga el cambio climático al reducir emisiones de CO2 asociadas al petróleo.
Liderado por las investigadoras Cristina Area y Pamela Cuenca en el Instituto de Materiales de Misiones (IMAM, CONICET-UNaM), con el apoyo del Grupo de Preservación y Envases (GPE) y el Programa de Celulosa y Papel (PROCYP), el vínculo entre el IMAM y Plastimi se remonta a una década de colaboraciones. Inicialmente enfocado en recubrimientos comestibles para quesos durante la tesis de Cuenca, el proyecto evolucionó gracias al financiamiento PICTA 2021, que adquirió una extrusora pelletizadora piloto ahora instalada en comodato en la planta de Plastimi, en el Parque Industrial de Posadas. Esta maquinaria procesa entre 5 y 35 kg por hora, acelerando la transición de laboratorio a producción industrial y evaluando la viabilidad comercial.
El impacto ambiental es monumental: cada tonelada de resina producida localmente evita importaciones de almidón de maíz europeo, cortando costos logísticos y emisiones de transporte. Integrando economía circular, el bioplástico incorpora aditivos de residuos forestales misioneros –como micro y nanocelulosa de la industria lignocelulósica y derivados de colofonia del pino–, que mejoran la resistencia y maleabilidad mientras mitigan desechos de la forestoindustria. Esto no solo fortalece las propiedades del material, sino que posiciona a Misiones como referente en cadenas productivas bajas en carbono, alineándose con metas globales de reducción de plásticos convencionales que tardan siglos en degradarse.
“La articulación público-privada transforma conocimiento en soluciones concretas y forma profesionales misioneros con estándares internacionales”, destaca Nicolás Guelman, propietario de Plastimi SRL, quien resalta el rol de la empresa como adoptante desde 2021. Cuenca añade: “Buscamos un desarrollo regional que agregue valor en origen a la mandioca, beneficiando a pequeños productores y creando un ecosistema innovador”.
Más allá de las bolsas, la expansión apunta a agroinsumos como películas de mulching para cultivos de tomate y cannabis medicinal –inexistentes localmente–, potenciando la agricultura sustentable. En 2025, el proyecto ya genera demanda sostenida para la mandioca regional, impulsando precios justos y empleo calificado, mientras Argentina avanza hacia la "jubilación" de derivados del petróleo con bioplásticos renovables.
Este avance, con potencial de transferencia tecnológica, podría replicarse en otras economías regionales, como el arroz, consolidando una soberanía material que une ciencia, industria y medio ambiente para un futuro verde en Argentina.
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