Un reciente estudio liderado por científicos de la Academia China de Ciencias ha encendido las alarmas sobre la grave disminución del oxígeno disuelto en los lagos de todo el mundo, un fenómeno que se ha agudizado desde 1980 debido al cambio climático.
Publicado en la revista Science Advances, el análisis revela que las aguas superficiales de los lagos han perdido un 5,5% de su oxígeno, mientras que en las profundidades la cifra asciende a un alarmante 18,6%. Este proceso, conocido como desoxigenación, pone en riesgo la biodiversidad y el sustento de millones de personas que dependen de estos ecosistemas.
El equipo, dirigido por el investigador Yibo Zhang y con la participación de Kun Shi, Xiwen Wang y Yunlin Zhang, analizó 15,535 lagos a nivel global entre 2003 y 2023. Utilizando imágenes satelitales, modelos predictivos y datos climáticos, los científicos reconstruyeron los niveles de oxígeno disuelto y detectaron que el 83% de los lagos estimados muestran una desoxigenación continua. “El calentamiento global, inducido por actividades humanas, es el principal culpable, contribuyendo al 55% de esta pérdida”, afirmaron los investigadores. Las aguas más cálidas, resultado del aumento de las temperaturas, reducen la solubilidad del oxígeno, mientras que las olas de calor, aunque menos determinantes (con un impacto del 7,7%), agravan el problema.
La idea de esta investigación surgió ante la creciente preocupación por los efectos del cambio climático en los lagos, cuyos delicados equilibrios se han visto alterados por el calentamiento global. Según los datos, la tasa de disminución del oxígeno disuelto en los lagos es de -0.049 mg/l por década, una velocidad superior a la observada en océanos y ríos, lo que subraya la especial vulnerabilidad de estos cuerpos de agua. “Si las tendencias persisten, los lagos podrían perder hasta un 9% de su oxígeno para finales de siglo”, advirtieron los autores, destacando que los lagos tropicales y subtropicales son los más afectados.
Ecosistemas y comunidades en jaque
La desoxigenación está teniendo un impacto devastador en los ecosistemas acuáticos. La proliferación de “zonas muertas” —áreas donde el oxígeno es insuficiente para sostener la vida— amenaza a especies clave como peces y moluscos, provocando muertes masivas y reduciendo la biodiversidad. “Esto no solo afecta la vida acuática, sino también la producción de alimentos y las economías locales que dependen de la pesca”, explicaron los científicos. Además, la calidad del agua se deteriora, lo que representa un riesgo para la salud humana en comunidades que utilizan estos lagos como fuente de agua potable.
Un llamado urgente a la acción
Ante estos hallazgos, los investigadores enfatizan la necesidad de medidas inmediatas para mitigar el cambio climático. “Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mejorar la gestión de los recursos hídricos son pasos fundamentales”, señalaron. También sugirieron soluciones como la restauración de ecosistemas mediante la plantación de vegetación acuática y la creación de humedales, que podrían ayudar a revertir el daño.
El estudio pone de manifiesto que los lagos, esenciales para la vida y el equilibrio ambiental, están en una situación crítica. Sin un esfuerzo global concertado, la desoxigenación podría transformar estos vitales cuerpos de agua en ecosistemas irreconocibles, con consecuencias impredecibles para la naturaleza y la humanidad. “El tiempo para actuar es ahora”, concluyeron los científicos, instalando a la comunidad internacional a priorizar la protección de estos recursos esenciales.