El Gobierno de Kazajistán lanza un plan que conecta directamente los yacimientos petrolíferos con las granjas de criptominería: el gas asociado que antes se quemaba en antorcha ahora generará electricidad barata para los mineros de Bitcoin y otras criptomonedas, en una jugada que busca revivir una industria golpeada por años de apagones, impuestos y restricciones.
Kazajistán vuelve a apostar fuerte por las criptomonedas, pero esta vez con una estrategia energética inédita. El país centroasiático, que llegó a ser el segundo mayor polo de minería de Bitcoin del mundo tras la prohibición china de 2021, habilitó un mecanismo para que las empresas mineras instalen centrales eléctricas propias alimentadas con gas asociado sobrante de los campos petroleros, en lugar de depender de la ya sobrecargada red eléctrica nacional.
Del boom cripto al colapso eléctrico
La minería digital no extrae minerales: consume enormes cantidades de electricidad para que computadoras especializadas resuelvan ecuaciones matemáticas complejas a cambio de monedas digitales. Cuando miles de mineros chinos migraron en masa a Kazajistán tras la prohibición de Pekín, el país pasó de representar apenas un 4,57% del hashrate mundial en 2020 a ubicarse detrás de Estados Unidos como segunda potencia minera global, según datos del Cambridge Centre for Alternative Finance citados en su momento por Reuters.
Ese boom desnudó las grietas de una infraestructura eléctrica en buena parte heredada de la era soviética. La llegada masiva de mineros presionó el sistema hasta provocar cortes y apagones en distintas regiones del país. El Gobierno respondió restringiendo el acceso de los mineros a la electricidad y luego creando un sistema de subastas, en el que las empresas solo podían comprar el excedente energético a través de una plataforma específica, un excedente que en la práctica casi nunca existía.
Sumadas a impuestos, licencias y trabas regulatorias, estas medidas empujaron a buena parte de la industria a abandonar el país o pasar a la informalidad.
El giro de guion: de la restricción al incentivo
Desde el año pasado, Kazajistán cambió de estrategia y empezó a diseñar incentivos para recuperar la minería legal. En julio de 2026, el presidente Kassym-Jomart Tokayev firmó un decreto que autoriza a los productores de petróleo a generar electricidad autónoma a partir del gas natural asociado a sus yacimientos y destinarla a la minería digital cuando esos recursos no son necesarios para el Estado. El decreto también abrió la puerta al uso de activos digitales y stablecoins para pagos transfronterizos, y eximió a las personas físicas del impuesto sobre la renta por ganancias en transacciones cripto realizadas a través de infraestructura nacional regulada.
Ese mismo mes, el país activó además un régimen voluntario para que los mineros calificados entreguen un 10% de su producción de Bitcoin al fondo Astana Hub, con gestión posterior de la Corporación Nacional de Inversiones del Banco Nacional, como parte de una futura reserva soberana de criptoactivos. A cambio, las empresas con al menos 150 MW de potencia instalada acceden a tarifas eléctricas reguladas durante diez años, con una cuota inicial de 300 MW provenientes de la central térmica a carbón Ekibastuz GRES-1.
Cómo funciona el nuevo modelo del gas de antorcha
El gas de petróleo asociado se libera durante la extracción de crudo y contiene metano, un compuesto altamente inflamable y con un potencial de calentamiento global muy superior al del dióxido de carbono. Cuando un yacimiento está lejos de la infraestructura de transporte o almacenamiento, quemarlo en antorcha suele ser la única alternativa económicamente viable, aunque implica multas medioambientales.
El nuevo esquema busca romper ese círculo: un minero llega a un acuerdo con la petrolera, instala y financia una planta de generación autónoma en el propio yacimiento, y convierte ese gas —antes desperdiciado— en electricidad para sus equipos.
Según explicó Batyr Bauyrzhan, director técnico de la empresa tecnológica WES LLP, la minería de criptomonedas es una industria de alta volatilidad y elevados costos de entrada, por lo que el acceso a electricidad barata resulta crucial. Con una central propia, los mineros pueden fijar el costo energético durante años sin depender de las tarifas de red ni de límites de capacidad, un factor que —afirmó— determina directamente el período de recuperación de la inversión.
Para las petroleras el negocio también es atractivo: venden un gas que hasta ahora no tenía costo de oportunidad a un precio muy inferior al del gas comercial, evitan multas y, sobre todo, eliminan restricciones a la producción de crudo ligadas a la gestión del gas asociado, sin asumir costos de infraestructura, que corren por cuenta de los mineros.
Los números detrás del proyecto
El potencial es considerable. Un yacimiento que produce 100.000 metros cúbicos de gas al día podría alimentar una central de entre 13 y 15 megavatios (MW), suficiente para sostener en solitario una granja minera industrial a gran escala, que en promedio consume entre 5 y 20 MW.
Según Daniyar Mubarakov, presidente de la Asociación de Blockchain y Minería Digital de Kazajistán, en 2024 el país quemó en antorcha entre 300 y 340 millones de metros cúbicos de gas asociado. De haberse convertido en electricidad, esa cifra habría generado entre 1,2 y 1,3 teravatios hora (TWh). El Ministerio de Energía kazajo calcula que actualmente entre 40 y 60 yacimientos petrolíferos del país todavía queman gas en antorcha.
Construir una central desde cero, sin embargo, no es sencillo ni barato: según Mubarakov, el costo ronda entre 1,7 y 2,2 millones de euros por MW y el proceso puede demorar más de tres años, motivo por el cual tanto mineros como petroleras prefieren tercerizar el trabajo en empresas de ingeniería especializadas.
Los grandes operadores, además, solo evalúan yacimientos capaces de generar al menos 5 MW, por los costos fijos de infraestructura y mantenimiento, y toman en cuenta variables como la conectividad a internet y la disponibilidad de agua para los sistemas de refrigeración de los equipos.
Marco legal en construcción
El viceministro kazajo de Inteligencia Artificial y Desarrollo Digital, Gizzat Baitursynov, señaló que su cartera trabaja junto al Ministerio de Energía en un marco jurídico que ordene el esquema, ante el interés que ya manifestaron tanto grandes como pequeños operadores mineros. Baitursynov remarcó que el mecanismo resulta doblemente beneficioso para el país: permite aumentar la producción petrolera y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental de la quema de gas.
El movimiento se enmarca en una estrategia más amplia de Kazajistán para consolidarse como un hub cripto regional, que en agosto pasado incluyó también un programa de amnistía fiscal para repatriar activos digitales mantenidos en plataformas extranjeras no reguladas.
