Un estudio internacional confirma la expansión acelerada de Pinctada radiata, la ostra perlífera invasora del mar Rojo, por las costas españolas. Los científicos advierten sobre el desplazamiento de especies autóctonas y piden vigilancia urgente ante el avance del cambio climático.
Una red científica de monitoreo integrada por 132 puntos de medición en ocho países del Mediterráneo confirmó lo que hasta hace poco era solo una sospecha: la ostra perlífera Pinctada radiata —una especie invasora de origen tropical— está viviendo una expansión generalizada por el Mediterráneo occidental, con nuevos focos detectados en las costas españolas, desde Cataluña hasta Almería.
El hallazgo, coordinado por el investigador Diego Kersting del Instituto de Acuicultura Torre de la Sal (IATS-CSIC), fue publicado en la revista científica Marine Environmental Research y contó con la colaboración de más de 70 investigadores de instituciones de toda la cuenca mediterránea.
Una «viajera» del canal de Suez que lleva 150 años en el Mediterráneo
Pinctada radiata no es una recién llegada. Se trata de la primera especie invasora documentada en el Mediterráneo tras la apertura del canal de Suez en 1869, un fenómeno conocido como migración lessepsiana, en honor al ingeniero francés Ferdinand de Lesseps, artífice de la obra. Los primeros registros del molusco en aguas egipcias datan de 1874, apenas cinco años después de la inauguración del canal.
Originaria del mar Rojo, el Golfo Pérsico y el océano Índico, esta ostra figura entre las 100 especies invasoras más peligrosas del Mediterráneo por su potencial impacto sobre la biodiversidad autóctona. Durante más de un siglo, su presencia en el Mediterráneo occidental se limitó a avistamientos esporádicos y aislados. Eso, según el nuevo estudio, acaba de cambiar.
Cómo es la ostra que preocupa a los científicos
Físicamente, Pinctada radiata mide entre 5 y 6 centímetros, aunque puede alcanzar hasta 10 centímetros. Su concha es redondeada e irregular, con costillas concéntricas y espinas con escamas en el borde, y su interior está recubierto de nácar. El color exterior varía entre tonos marrones, rojizos, verdosos o bronce.
Entre sus rasgos más llamativos está su biología reproductiva: es una especie hermafrodita protándrica, es decir, comienza su vida como macho y, al superar los 3 centímetros de longitud, cambia de sexo y se convierte en hembra. El desove ocurre principalmente en verano y comienzos de otoño, aunque puede reproducirse todo el año, y sus larvas planctónicas poseen una notable capacidad de dispersión, uno de los factores que explica su rápido avance.
Como todo bivalvo, es un organismo filtrador: puede procesar hasta 1.500 litros de agua marina, lo que también la convierte en un eficaz bioindicador de contaminación, capaz de acumular concentraciones de contaminantes hasta 100 veces superiores a las del agua circundante.
Además, tolera un amplio rango de temperaturas, de entre 13 y 35 grados Celsius, una característica clave para entender por qué el calentamiento del Mediterráneo le resulta tan favorable.
El calor del mar, motor de la invasión
El informe del IATS-CSIC es contundente: el aumento de la temperatura marina, sumado a la elevada capacidad de dispersión larvaria de la especie, explica la actual proliferación. El Mediterráneo se calienta hoy a un ritmo tres veces superior al promedio global, y esa tendencia ya deja huellas medibles.
“En las Islas Columbretes, la temperatura ha aumentado 1,5 grados desde 1990”, advirtió Kersting. En Sa Dragonera (Mallorca) se registraron temperaturas récord de hasta 33 grados Celsius, un escenario que favorece el asentamiento de la especie.
En cambio, en zonas donde el agua se mantiene más fría —como el Golfo de León o el norte del mar Adriático— todavía no se detectaron poblaciones establecidas de Pinctada radiata, lo que refuerza la hipótesis de que la temperatura del agua es el factor determinante de su expansión.
“La implantación de esta especie estaba ya descrita en el Mediterráneo oriental desde hace mucho tiempo. Lo que observamos ahora es que el Mediterráneo occidental experimenta actualmente una expansión generalizada”, explicó Júlia García Colomé, investigadora del IATS y primera autora del trabajo.
De Baleares a Almería: la ruta de la invasión en España
Los primeros registros de la ostra en aguas españolas se remontan a 2016, en las Islas Baleares. Desde entonces, el avance fue constante:
- En 2019, investigadores del Museu Valencià d’Història Natural detectaron la especie en cinco playas del Golfo de Valencia, entre ellas El Saler, y advirtieron que el intenso tráfico marítimo del puerto valenciano —a través del agua de lastre de los buques— podría actuar como vía adicional de introducción.
- En 2020, un estudio confirmó su llegada a Menorca, con presencia en el puerto de Mahón, la Bahía de Addaia y la Bahía de Fornells.
- Ese mismo año, el equipo de Kersting detectó larvas en las Islas Columbretes (Castellón), un área marina protegida, y en 2022 confirmó su asentamiento definitivo en el medio natural.
- También en 2022 se documentó una población estable en el Mar Menor (Murcia), en el canal de Marchamalo.
- La expansión llegó hasta Agua Amarga (Almería), el punto más meridional detectado hasta ahora en el litoral español.
Los investigadores destacan que el transporte marítimo —a través de cascos de embarcaciones y aguas de lastre— y la dispersión natural de larvas son las dos principales vías por las que la especie coloniza nuevas zonas, especialmente puertos deportivos y marinas.
Una amenaza para la biodiversidad y la cadena trófica
El impacto no es menor. En el Mediterráneo oriental, donde Pinctada radiata lleva décadas asentada, ya provocó el desplazamiento de especies autóctonas y alteraciones en la cadena trófica. La especie tiene comportamiento gregario: forma extensos lechos de ostras que pueden modificar la estructura del hábitat y competir por espacio y alimento con otros organismos filtradores nativos, como la ostra autóctona Pteria hirundo.
Según datos del propio IATS-CSIC, el Mediterráneo alberga hoy unas 1.000 especies invasoras, de las cuales 600 ya están establecidas. En ese contexto, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) recomienda medidas de control como la extracción manual de nuevas poblaciones en áreas marinas protegidas y la eliminación de ejemplares de la semilla de bivalvos usada en la maricultura.
Un sistema de alerta temprana nacido para proteger a la nacra
La herramienta que permitió este descubrimiento tiene un origen curioso: la red de colectores de larvas en mallas, instalada en las costas de Argelia, Croacia, Chipre, España, Francia, Grecia, Italia y Eslovenia, fue diseñada originalmente para monitorear a la nacra (Pinna nobilis), el molusco bivalvo más grande del Mediterráneo, gravemente amenazado por un parásito.
Los científicos comprobaron que ese mismo sistema —descripto como “sencillo de construir, económico y fácil de instalar y revisar”— también sirve como alerta temprana frente a otras invasiones biológicas, ya que permite detectar larvas años antes de que la especie logre asentarse en el medio natural.
No es la única: otra ostra tropical avanza 1.000 kilómetros
El fenómeno no se limita a Pinctada radiata. Un estudio paralelo, publicado en la revista Scientia Marina, confirmó la rápida expansión hacia el oeste de otra ostra tropical no autóctona, Dendostrea cf. crenulifera, con ejemplares hallados en Grecia, Croacia e Italia. Según los investigadores, esta especie ya avanzó más de 1.000 kilómetros por el Mediterráneo, también favorecida por el transporte marítimo a través de organismos adheridos a los cascos de las embarcaciones.
Por ahora, los científicos prefieren hablar de vigilancia antes que de alarma: se confirmó el avance, pero todavía es necesario determinar cómo evolucionará y cuáles serán sus efectos reales sobre los ecosistemas mediterráneos.
El pedido de los científicos: financiar la vigilancia antes de que sea tarde
El equipo liderado por Kersting subraya la importancia de mantener y financiar de forma estable la red de colectores, una herramienta clave para proteger los ecosistemas y minimizar los impactos ambientales y económicos asociados a este tipo de invasiones biológicas. En un Mediterráneo que se calienta a un ritmo acelerado, la detección temprana aparece como la principal barrera disponible para anticiparse a nuevas colonizaciones antes de que se vuelvan irreversibles.
