Drones de combate autónomos, inteligencia artificial militar y más de 150.000 misiones sin tripulación: la guerra en Ucrania redefine el futuro de los conflictos armados y el papel del soldado humano.
El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky lo anunció sin rodeos: su país conquistó territorio enemigo utilizando únicamente robots y drones, sin que un solo soldado humano pisara el terreno en disputa. Si la afirmación es verificable en su totalidad, se trataría de un hito sin precedentes en la historia bélica de la humanidad.
En el epicentro de esa operación aparece UFORCE, una compañía militar ucraniano-británica con sede en Londres cuyas instalaciones carecen de cualquier identificación externa, una precaución que la empresa atribuye al riesgo de sabotaje ruso. La firma reporta más de 150.000 misiones de combate exitosas desde que comenzó la invasión a gran escala en 2022, aunque sus directivos se niegan a revelar detalles de operaciones específicas.
«Ucrania es una gran fuente de aprendizaje para el futuro de la defensa nacional y el armamento. Es un caso de estudio impresionante sobre cómo la necesidad impulsa la invención.»
Melanie Sisson — Investigadora principal, Brookings Institution
Robots que reemplazan soldados
La guerra en Ucrania aceleró de forma drástica el desarrollo de la tecnología militar robótica. Ambos bandos despliegan sistemas aéreos y terrestres no tripulados, pero los analistas señalan que Ucrania tomó la delantera en su integración operativa. Según Jacob Parakilas, de RAND Europe, los drones ucranianos y rusos ya se enfrentan entre sí en el aire, y considera «extremadamente probable, si no inevitable» que ese fenómeno se extienda a la guerra terrestre y marítima.
UFORCE alcanzó recientemente el estatus de «unicornio», es decir, una empresa privada valuada en más de 1.000 millones de dólares. Su ascenso ilustra el auge de las denominadas compañías de defensa «Neo-Prime», un ecosistema de startups tecnológicas que desafía a gigantes consolidados como BAE Systems, Boeing y Lockheed Martin.
La inteligencia artificial entra en combate
La empresa estadounidense Anduril —otra de las grandes «Neo-Prime»— completó en febrero el primer vuelo de prueba de un avión de combate sin piloto impulsado por inteligencia artificial. Sus sistemas, según la compañía, pueden completar de forma autónoma la fase final de un ataque. Los drones terrestres de UFORCE, por su parte, incorporan software diseñado para asistir en la identificación de blancos.
En Washington, el secretario de Defensa Pete Hegseth instó en enero a las fuerzas armadas estadounidenses a convertirse en una «fuerza de combate centrada en la IA». China, según una evaluación del Pentágono publicada el año pasado, también acelera su incorporación de sistemas militares basados en inteligencia artificial.
«Delegar decisiones de vida o muerte a las máquinas plantea profundos riesgos éticos y de derechos humanos.»
Patrick Wilcken — Amnistía Internacional
El debate que nadie puede ignorar
La mayor autonomía de los sistemas de armas abre un debate que los organismos de derechos humanos no están dispuestos a soslayar. Amnistía Internacional advierte que transferir decisiones letales a algoritmos genera riesgos éticos de enorme magnitud. La industria replica que mantener «un humano en el bucle» —es decir, un operador que autorice el uso de la fuerza— neutraliza esas preocupaciones.
El director general de Anduril en el Reino Unido, Rich Drake, argumenta que la tecnología reduce los errores humanos en la cadena de ataque, precisamente porque los humanos tienen necesidades biológicas —descanso, alimento— que no siempre pueden satisfacerse en condiciones de combate.
Lo que el campo de batalla en Ucrania deja en claro es que la pregunta ya no es si los robots reemplazarán a los soldados en misiones de alto riesgo, sino a qué velocidad ocurrirá ese reemplazo y quién fijará las reglas de ese nuevo tipo de guerra
