Las redes eléctricas del mundo, al límite por el calor extremo

El calor extremo dispara la demanda de electricidad y expone la fragilidad de las redes eléctricas en distintos continentes. Transformadores que colapsan, líneas que se deforman y apagones que ya afectan a millones de personas marcan una crisis energética que crece al ritmo del cambio climático.

Las olas de calor dejaron de ser un fenómeno pasajero para convertirse en una amenaza directa a la infraestructura energética global. El aumento sostenido de las temperaturas dispara el consumo de electricidad —sobre todo por el uso masivo de aire acondicionado— y somete a las redes a una presión que muchas ya no pueden sostener.

Un ejemplo reciente ilustra el problema: a fines de junio de 2026, una ola de calor en Francia dejó a casi 70.000 hogares sin electricidad, luego de que un transformador fallara por las altas temperaturas a fines de junio de 2026, una ola de calor en Francia dejó a casi 70.000 hogares sin electricidad, después de que un transformador fallara debido a las altas temperaturas.

Una infraestructura que no fue diseñada para este clima

Los especialistas coinciden en que el problema tiene dos caras. Por un lado, el cambio climático incrementa la necesidad de energía para climatización, tanto en verano como en invierno. Por otro, golpea directamente los componentes físicos de la red: el cambio climático aumenta la demanda de energía para mantener a las personas frescas durante las olas de calor, y al mismo tiempo tiene un impacto perjudicial en las redes eléctricas físicas reales.

El calor extremo puede provocar la rotura de líneas de alta tensión por la dilatación del metal, con riesgo de incendios si entran en contacto con árboles o estructuras. A esto se suma otro factor poco visible: las centrales eléctricas necesitan agua para refrigerar sus sistemas, un recurso que también escasea justamente cuando más se lo necesita.

Asia, el epicentro de los cortes de luz

Hasta ahora, la región más golpeada por los apagones vinculados al calor ha sido el sur y sudeste asiático. Los cortes de energía se concentraron principalmente en Pakistán, Sri Lanka y Myanmar, países donde viven en conjunto unos 300 millones de personas.

Europa, bajo una emergencia sanitaria y energética

El fenómeno no es exclusivo de Asia. Europa atravesó en las últimas semanas una de las olas de calor más severas de su historia reciente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que 150 millones de personas llegaron a vivir bajo calor extremo, con escuelas cerradas y redes eléctricas al límite , mientras cientos de personas murieron a causa de las altas temperaturas.

El impacto sobre la infraestructura fue múltiple: la ola de calor también provocó incendios forestales, interrupciones en el transporte ferroviario, problemas en el suministro eléctrico y afectaciones en distintas centrales energéticas. En Ucrania, el escenario se agravó por la guerra: con la red eléctrica ya dañada por los bombardeos rusos, las temperaturas cercanas a los 38°C obligaron a programar nuevos cortes de electricidad para evitar el colapso del sistema.

Quiénes son los más vulnerables

Las consecuencias del calor extremo no golpean a todos por igual. Los adultos mayores, los niños pequeños, las personas con enfermedades crónicas y quienes viven en la pobreza enfrentan un riesgo mucho mayor de sufrir enfermedades o morir por las altas temperaturas , siendo la pobreza, la edad y la proximidad al ecuador factores que aumentan la probabilidad de enfermedad y muerte. Además, los cortes de energía prolongados ponen en jaque el acceso al agua potable, un servicio esencial que también depende de la electricidad.

Una tormenta perfecta

Los expertos describen la situación actual como una combinación explosiva: temperaturas récord, mayor consumo eléctrico y una infraestructura envejecida que no fue pensada para este escenario. Mientras el mundo intenta acelerar la transición hacia energías renovables como la solar y la eólica, el consumo eléctrico sigue en aumento, impulsado también por la creciente adopción de vehículos eléctricos.

La conclusión de organismos internacionales y científicos es unánime: si las olas de calor continúan intensificándose, los sistemas eléctricos del mundo enfrentarán pruebas cada vez más severas, y la falta de adaptación podría traducirse en más apagones, más pérdidas económicas y, sobre todo, más vidas en riesgo.