Los bosques biodiversos se consolidan como la clave para frenar el impacto del cambio climático.

Los bosques con mayor diversidad de árboles emergen como una solución estratégica y multifuncional en la lucha contra el cambio climático, según un estudio internacional reciente. Esta biodiversidad forestal no solo potencia el almacenamiento de carbono y la regulación hídrica, sino que ofrece beneficios económicos millonarios a través de servicios ecosistémicos esenciales.

Un equipo de científicos de 15 países, incluyendo investigadores argentinos como Pablo Peri del CONICET e INTA, analizó 846 cuencas hidrográficas y más de 777.000 parcelas forestales en 44 naciones. Los resultados, publicados en Nature Communications, demuestran que cuantas más especies de árboles, mayor es la multifuncionalidad del bosque: almacena más carbono, regula mejor los caudales de agua, retiene el suelo con eficacia y sostiene la biodiversidad sin compromisos.

Los modelos estadísticos confirmaron que la diversidad arbórea mejora 11 funciones ecológicas clave, con efectos más pronunciados en cuencas grandes y climas húmedos. En estas condiciones, un dosel forestal más denso y complejo amplifica el secuestro de carbono y la protección contra erosión. En zonas áridas, sin embargo, la competencia por agua puede revertir algunos beneficios.

A nivel global, los bosques absorben el doble de carbono del que emiten, equivalente a unos 7.600 millones de toneladas métricas de CO al año entre 2001 y 2019. La diversidad potencia esta capacidad, alineándose con estimaciones del IPCC que sitúan al sector forestal como proveedor de hasta el 30% de las reducciones de emisiones necesarias para limitar el calentamiento a 2°C.

La protección de bosques biodiversos no es solo ambiental: genera retornos económicos sustanciales. Invertir 30.000 millones de dólares en combatir la deforestación podría retornar 2,5 billones de dólares en productos y servicios economizados. La restauración basada en árboles ofrece beneficios económicos estimados en 84.000 millones de dólares a nivel global.

En regiones como Texas, los bosques proveen anualmente miles de millones en servicios: 17.000 millones en biodiversidad, 10.000 millones en mitigación climática y 14.000 millones en beneficios culturales, entre otros. En América Latina, iniciativas de reforestación demuestran que combinar conservación con producción sostenible reduce emisiones hasta en un 50% mientras genera ingresos.

Pablo Peri enfatizó: “Mantener o aumentar la diversidad de árboles mejora los servicios ecológicos, especialmente la regulación del agua”. En países como Argentina, esto permite compatibilizar producción forestal con protección de la biodiversidad a escala de cuenca.

Expertos recomiendan pasar de parcelas aisladas a estrategias a escala de cuenca, adaptadas al clima local. Con los bosques albergando el 80% de las especies terrestres y medios de vida para casi 1.000 millones de personas, su diversidad es clave para la resiliencia climática y el desarrollo sostenible.

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Este hallazgo refuerza que invertir en bosques con mayor variedad de árboles no solo mitiga la crisis climática, sino que impulsa economías verdes y asegura recursos vitales para las generaciones futuras. La ciencia es clara: la diversidad es la mayor fortaleza de nuestros bosques.