Marruecos avanza con tres megaproyectos de hidrógeno verde en el sur del país que buscan convertirlo en el gran proveedor de energía limpia de Europa, desafiando directamente el liderazgo que España pretendía consolidar en este mercado. La jugada combina inversión millonaria, gigantescas instalaciones renovables y una ubicación estratégica frente al Atlántico, en pleno Sáhara Occidental, lo que también reaviva la polémica internacional.
Tres proyectos, una sola meta: destronar a España
Según reveló recientemente Vozpópuli, las compañías TAQA Morocco, Moeve y ORNX presentaron ante las autoridades marroquíes sus planes para levantar plantas de producción de hidrógeno verde en la región de Guelmim-Oued Noun, en el extremo sur del país. Juntos, los tres proyectos suman una capacidad instalada que supera los 10 gigavatios de energía renovable asociada, una cifra que equivale aproximadamente a diez reactores nucleares medianos funcionando simultáneamente, o al doble de toda la potencia eólica instalada en Portugal.
La elección del emplazamiento no es casual: la región de Guelmim registra más de 3.000 horas de sol al año, un recurso que la convierte en uno de los puntos más rentables del planeta para generar electricidad barata, a lo que se suma un régimen de vientos que los promotores describen como excepcional.
Uno de los complejos más avanzados se ubica cerca de Dakhla, junto al Sáhara Occidental. Se calcula que su producción alcanzaría las 560.000 toneladas anuales de hidrógeno a partir de 2030, con plantas solares, desalinizadoras y de producción de amoníaco. A unos 80 kilómetros al sur de Tan-Tan, donde el desierto empieza a devorar cualquier rastro de vegetación, Marruecos construye algo que no aparece en ningún mapa turístico: sin ciudades cercanas ni infraestructura visible que anticipe la magnitud del proyecto.
La «Oferta Marruecos»: el plan maestro de Rabat
Todo este despliegue forma parte de la llamada «Oferta Marruecos Hidrógeno Verde», gestionada por la agencia estatal Masen. La convocatoria contempla como fecha límite para la presentación de candidaturas el 31 de diciembre de 2026, y busca atraer inversores internacionales para instalaciones integradas de producción de hidrógeno y sus derivados.
Las ambiciones oficiales son aún mayores a largo plazo. Según detalló Western Sahara Resource Watch, el objetivo es producir aproximadamente 20 gigavatios de energía renovable, incluyendo cerca de 10 gigavatios dedicados a la electrólisis, para generar hasta 8 millones de toneladas de derivados del hidrógeno verde, como amoníaco, combustibles sintéticos y acero bajo en carbono. Un plan que, según estimaciones recogidas por medios especializados, contempla una inversión proyectada que supera los 30.000 millones de euros y la reserva de casi un millón de hectáreas para instalaciones renovables.
El objetivo de Rabat es claro: duplicar su cuota de renovables en menos de una década, pasando de un 37% actual a más de la mitad de su mix energético en 2030, y llegar a producir hasta un millón de toneladas de hidrógeno al año a largo plazo.
Francia también entra en la partida
Marruecos no juega solo. Meses después de que Europa aprobara los ejes españoles del corredor H2Med, Francia firmó un acuerdo paralelo con Rabat: el proyecto Chbika. Impulsado por un consorcio franco-danés integrado por TotalEnergies, Eren, Copenhagen Infrastructure Partners y A.P. Moller Capital, pretende construir 1 GW de capacidad solar y eólica terrestre que alimentará la producción de hidrógeno verde mediante electrólisis de agua de mar desalinizada, transformándolo en 200.000 toneladas anuales de amoníaco verde para el mercado europeo. Sus impulsores lo definen como la primera fase de un programa destinado a crear un centro de producción de hidrógeno verde a escala mundial.
Empresas españolas, dentro y fuera del tablero
Lo más llamativo es que compañías españolas participan activamente en la expansión marroquí. En marzo de 2025, el Gobierno de Rabat seleccionó a cinco inversores para sus tres regiones del sur, entre ellos Moeve (antigua Cepsa) y Acciona. Moeve acude en consorcio con la emiratí Taqa y la marroquí Nareva con un proyecto para producir amoníaco, combustible industrial y acero verde, mientras Acciona forma parte del consorcio Ornx, junto a su participada Nordex y la estadounidense Ortus, centrado en amoníaco.
La paradoja es evidente: mientras estas empresas invierten en Marruecos, en España su gran apuesta —el Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, con plantas en Huelva y Cádiz— atraviesa un momento de incertidumbre. El propio Moeve llegó a advertir que podría deslocalizar inversiones hacia Argelia, Marruecos, Brasil y Estados Unidos por la presión fiscal en España, dejando en el aire miles de millones de euros y miles de empleos, aunque finalmente el grupo confirmó el arranque de las obras de la primera fase del proyecto, conocida como Onuba, en Huelva, en septiembre de este año.
La sombra del Sáhara Occidental
El auge verde marroquí no está exento de polémica. Buena parte de los terrenos ofrecidos por Rabat a los inversores no están dentro de las fronteras internacionalmente reconocidas de Marruecos. Según denuncia Western Sahara Resource Watch, aproximadamente tres cuartas partes de la superficie destinada a estos proyectos se encuentra en el Sáhara Occidental ocupado, repartida entre las regiones de Dakhla-Oued Eddahab y Laâyoune-Sakia El Hamra.
Organizaciones activistas van más allá y acusan a estas iniciativas de constituir un caso de «greenwashing», al denunciar que se construyen sobre territorio saharaui sin el consentimiento de su población. Un informe reciente citado por medios especializados incluso alertó de que en 2025 ocho relatores especiales de la ONU expresaron preocupación por demoliciones de viviendas saharauis vinculadas a la expansión de estos proyectos energéticos.
¿Quién ganará la carrera energética del Atlántico?
Para muchos analistas, la competencia entre ambos países no es tan sencilla como parece. Un informe de Atalayar recuerda que, pese a la rivalidad aparente, el debilitamiento de las relaciones de España con Argelia, motivado por el cambio de postura española respecto al conflicto del Sáhara, podría favorecer alternativamente una sinergia de intereses energéticos entre Madrid y Rabat en lugar de una confrontación total.
Lo cierto es que la carrera ya está en marcha. Marruecos cuenta con sol casi constante, terreno abundante y voluntad política para posicionarse como la próxima gran despensa energética de Europa. España, con su ventaja tecnológica y sus infraestructuras portuarias, todavía tiene margen para no perder el tren del hidrógeno verde, pero el reloj corre y el desierto del sur marroquí ya no es solo arena: es, cada vez más, una fábrica de energía a cielo abierto.
