Una mortandad récord de crías de ballena franca austral en Península Valdés y Puerto Madryn activó la alerta científica en Chubut. Los especialistas analizan la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, causante de erisipela, y esperan resultados del Instituto Malbrán a fines de octubre.
Una temporada atípica en el mar patagónico
Los primeros ejemplares comenzaron a aparecer sin vida en junio. En los últimos días fueron encontradas decenas de crías muertas en playas cercanas a Puerto Madryn, una cantidad inusual para esta época del año. La temporada de avistaje se extiende de junio a noviembre, por lo que el conteo todavía no está cerrado.
Las cifras extraoficiales encienden todas las alarmas. Sobre unas 1.200 ballenas francas registradas este año, ya se contabilizan más de 340 ballenatos muertos a lo largo de las playas de la Península. El antecedente más alto es el de 2012, cuando se documentaron 113 crías muertas, la mayor cifra registrada hasta entonces para la especie, tanto a nivel local como mundial. Si se confirman los números, el récord histórico quedaría ampliamente superado.
El contraste con la temporada anterior también es fuerte: el año pasado los censos contaron un récord de 2.200 ballenas en el Golfo Nuevo, con 80 ejemplares muertos.
Qué es la bacteria bajo la lupa
La principal hipótesis apunta a Erysipelothrix rhusiopathiae, un microorganismo presente de manera natural en ambientes marinos y asociado a peces, moluscos y crustáceos. En los cetáceos puede provocar erisipela, una enfermedad que puede manifestarse con lesiones cutáneas romboidales o evolucionar hacia una septicemia fatal.
Víctor Fratto, especialista en manejo de fauna silvestre, explicó que los análisis preliminares ya señalan la presencia del patógeno. También recordó que hubo casos de la enfermedad y muertes de ballenas en Australia, Nueva Zelanda, Países Bajos, California e Inglaterra.
Un antecedente en la zona, pero sin respuestas concluyentes
El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) recordó que la bacteria ya había sido detectada en la región. Un estudio publicado en 2016 la halló en lesiones asociadas a ataques de gaviotas en dos ballenatos examinados durante la temporada 2013. Sin embargo, aquel trabajo no permitió establecer cómo se infectaron los animales ni que la infección haya sido la causa de muerte. Las lesiones pueden actuar como puerta de entrada para patógenos, pero no se demostró una relación causal.
Las preguntas sin respuesta
Que la bacteria esté presente no significa que explique la mortandad. Los equipos del Laboratorio de Mamíferos Marinos del CONICET en Puerto Madryn analizan muestras de agua y de los ejemplares hallados en los golfos Nuevo y San José para determinar si existe una relación directa. Mariano Coscarella, investigador del CONICET, señaló a la agencia AFP que los veterinarios sospechan un posible brote y que la mortalidad de esta temporada es bastante alta.
El interrogante central sigue abierto: por qué el patógeno, que según Fratto siempre estuvo en el mar, golpeó con tanta fuerza este año. Los especialistas buscan determinar qué factores ambientales o sanitarios volvieron tan vulnerables a las crías. Fratto reconoció que eso todavía debe estudiarse y aseguró que hasta ahora no se encontraron causas vinculadas a actividades humanas. También advirtió que las cifras entre distintos años no son plenamente comparables, porque se trata de grupos de ballenas diferentes.
Muestras al Malbrán y resultados a fin de mes
El Programa de Monitoreo Sanitario de la Ballena Franca Austral, con más de 20 años de trabajo, realiza necropsias y toma muestras de cada ejemplar hallado. Este año, ante la inquietud social, las muestras se adelantaron: algunas se enviaron al Malbrán, otras a un instituto en Tandil, y se calcula que hacia fines de octubre habría algún resultado.
¿Hay riesgo para personas y mascotas?
La preocupación creció con la viralización de las imágenes en redes sociales. Según los especialistas, la bacteria no afecta a la población ni al turismo. Sobre el riesgo de contagio, Fratto explicó que prácticamente no hay registros de transmisión desde cetáceos, aunque sí existen con cerdos, siempre en casos de contacto permanente, como el de quienes trabajan con esos animales. Como medida general de prudencia, se recomienda no manipular ejemplares muertos y avisar a las autoridades ante cualquier hallazgo.
Por qué importa
Península Valdés es Patrimonio Natural de la Humanidad y una de las áreas de cría más importantes de la ballena franca austral, especie emblemática de la Patagonia argentina y motor del turismo de avistaje en Chubut. Una pérdida de crías de esta magnitud puede tener consecuencias para la recuperación de la población. Hasta que lleguen los resultados de laboratorio, los equipos siguen relevando las costas para contar los ejemplares y precisar dónde y cuándo aparecieron.
