Una masa de aire sahariano lleva los termómetros a extremos históricos en España, Francia, Alemania y el Reino Unido, mientras el fenómeno de El Niño recalienta el invierno austral. Los meteorólogos alertan que estos episodios serán cada vez más frecuentes e intensos.
Europa atraviesa una de las olas de calor más severas de su historia reciente. Una masa de aire caliente proveniente del desierto del Sáhara se instaló sobre el continente con una ferocidad que los registros meteorológicos no habían visto con tanta anticipación estacional. Las temperaturas superan ampliamente los valores habituales para esta época del año, con máximas de entre 30 y 35 grados Celsius sobre la península ibérica y el sur y oeste de Francia.
El avance de la masa cálida no se detendrá en las fronteras ibéricas ni galas: para el viernes habrá alcanzado Alemania, Italia y la República Checa, donde se esperan máximas de hasta 30 grados, entre 9 y 13 grados por encima del promedio climático del período 1991-2020. El meteorólogo estadounidense James Parrish, de MetDesk, lo calificó como un «desvío notable respecto a los patrones históricos».
Las altas temperaturas no excluyen al Reino Unido: durante el jueves y el viernes, masas de aire continental elevarán los termómetros en el sur y el este de Inglaterra hasta rangos de entre 25 y 30 grados.
Cinco días consecutivos: cuando el calor deja de ser noticia y se convierte en emergencia
En algunas zonas de la península ibérica se registraron hasta cinco días consecutivos con temperaturas superiores a los 35 grados, el umbral que define técnicamente una ola de calor en esos territorios. La persistencia del fenómeno mantiene en máxima alerta a autoridades sanitarias, que advierten sobre riesgos severos: deshidratación, golpes de calor y mortalidad elevada entre los grupos más vulnerables.
El calor intenso no se limitará a la semana en curso: las previsiones apuntan a un verano europeo marcado por episodios reiterados de altas temperaturas, con impacto directo en la salud pública y los sistemas de energía eléctrica.
Parrish advirtió que «los modelos climáticos sugieren una tendencia a ver episodios similares con mayor frecuencia en los próximos años», una proyección que subraya la urgencia de adaptar las ciudades a una nueva normalidad climática.
Australia: el invierno que no llegó y la huella de El Niño
Australia atraviesa un inicio de invierno meteorológico anómalamente cálido. En Melbourne, las máximas alcanzaron 18 grados, entre 3 y 4 grados por encima del promedio, mientras las temperaturas nocturnas se acercaron a los 15 grados, una desviación de entre 5 y 6 grados respecto a los valores habituales.
La Oficina Nacional de Meteorología de Australia asoció este patrón con el desarrollo del fenómeno de El Niño en el océano Pacífico, que suele provocar temperaturas diurnas elevadas durante el período invernal, y anticipó que se mantendrá como una característica recurrente en los meses siguientes.
El planeta en el espejo: dos estaciones, un mismo diagnóstico
El contraste entre el verano europeo ardiente y el invierno tibio australiano no es una paradoja: es el síntoma más visible de la complejidad de los patrones climáticos contemporáneos. La señal que emerge de ambos hemisferios es global, sistemática y en aceleración. La pregunta que domina hoy los congresos científicos ya no es si el cambio climático está alterando la frecuencia de estas crisis, sino a qué velocidad lo hace y si las sociedades aún tienen tiempo de adaptarse.
