Sargazo en el Caribe: la invasión récord de algas que amenaza playas, turismo y ecosistemas en 2026

El sargazo alcanza cifras históricas en el Caribe mexicano y en toda la región en 2026, con millones de toneladas de algas en descomposición que obligan a hoteles, gobiernos y la Marina a una batalla diaria contra el mal olor, la caída del turismo y el daño ambiental.

Cientos de trabajadores hoteleros mexicanos, conductores de tractores y personal especializado de la Marina salen cada día al amanecer rumbo a la playa para retirar las cantidades récord de sargazo en descomposición que se acumulan sobre las costas vírgenes del Caribe, en los alrededores de los centros turísticos más visitados del continente.

Este fenómeno estacional, que se repite y se agrava año tras año, ha obligado a los hoteles de toda la región a reducir sus tarifas e invertir millones de dólares en la limpieza de las pilas de algas malolientes que cubren la arena, mientras gobiernos y empresas privadas buscan, con urgencia, una solución definitiva.

Cómo empezó la crisis del sargazo

El sargazo —un alga parda que flota en capas sobre la superficie del océano— se limitaba históricamente al llamado mar de los Sargazos, en el Atlántico Norte. Sin embargo, unos vientos inusualmente fuertes alrededor de 2010 lo empujaron hacia las aguas tropicales, ricas en nutrientes, frente a las costas de África Occidental, donde el alga encontró condiciones ideales para multiplicarse sin control.

Desde entonces, esa masa desplazada se transformó en un cinturón autosuficiente que se desplaza con las corrientes oceánicas hacia el norte de Brasil y a través de todo el Caribe, arrastrando toneladas de algas hacia las islas caribeñas, la Riviera Maya y el Golfo de México.

En el Atlántico tropical, el sargazo se nutre de los sedimentos que arrastran grandes ríos como el Amazonas, el Orinoco y el Congo, además de las corrientes ascendentes de las profundidades oceánicas, el polvo del Sáhara y el aumento de la temperatura del mar, un combo que científicos vinculan directamente con el cambio climático.

Este fenómeno recibió incluso nombre propio: el Gran Cinturón Atlántico de Sargazo (GASB, por sus siglas en inglés), una franja de más de 8.000 kilómetros que se extiende desde África hasta el Caribe y que hoy es visible desde el espacio.

Un 2026 que amenaza con romper todos los récords

Las proyecciones científicas confirman que la temporada 2026 no es una más. El Gran Cinturón Atlántico de Sargazo alcanzó en 2025 un nuevo récord con 38 millones de toneladas de biomasa, un 40% más que el récord anterior de 2022, según investigaciones conjuntas de la Florida Atlantic University, el Max Planck Institute y el CMCC.

El propio Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida (USF) había anticipado que 2026 sería, como mínimo, el segundo año con mayor abundancia de sargazo, aunque los datos recientes sugieren que podría terminar superando incluso a 2025. De acuerdo con el sistema Sargassum Watch de la USF, el volumen de sargazo flotando en el Atlántico y el Caribe alcanzó las 40 millones de toneladas métricas en mayo de 2026, una cifra que ya supera el récord del año anterior. El monitoreo satelital reveló además que alrededor del 4% de la superficie oceánica está cubierta por mantos de sargazo, un porcentaje sin precedentes en la región.

Incluso en los primeros meses del año la señal de alarma ya era clara: solo en febrero, los satélites detectaron más de 10 millones de toneladas métricas de sargazo flotando en el Atlántico, una cifra sin precedentes para un momento tan temprano en el año, con niveles de biomasa que superaron en un 75% los promedios históricos.

Brian Barnes, profesor asistente de investigación de la Facultad de Ciencias Marinas de la USF, explicó a Reuters que la novedad del fenómeno y su carácter estacional dificultan predecir su evolución futura: «Antes de 2010 no había nada, y desde entonces hemos pasado de un millón de toneladas métricas en toda la zona en 2011 a 40 millones el año pasado», afirmó, lo que sugiere que la masa de algas podría estar duplicándose cada cinco años.

México, en el epicentro de la crisis

En México, las autoridades redoblan esfuerzos para proteger los principales destinos turísticos de la Riviera Maya —entre ellos Cancún, Tulum y Playa del Carmen— mediante la compra de más embarcaciones recolectoras y la instalación de barreras flotantes de mayor tamaño frente a la costa.

El país, que recoge la inmensa mayoría de su sargazo una vez que este llega a las playas, había recolectado unas 96.151 toneladas hacia mediados de año, frente a las 92.783 toneladas de todo 2025. Datos más recientes confirman la magnitud del problema: la Secretaría de Marina, que desde hace siete años lidera la operación con unos 500 marinos, reportó 92.782 toneladas recolectadas en 2025 y 96.151 toneladas en lo que va de 2026, los dos años más altos desde que existen registros. Según Forbes México, el récord histórico de 522.000 toneladas se registró en 2018, y todo indica que 2026 podría acercarse a esa marca o incluso superarla, considerando que julio y agosto —los meses de mayor arribazón— aún estaban en curso al momento de esas mediciones.

Mara Lezama, gobernadora de Quintana Roo, sostuvo en conferencia de prensa que «la experiencia nos ha enseñado que la mejor forma de atenderlo es interceptarlo en el mar antes de que llegue a nuestras costas». Bajo esa premisa, las autoridades federales esperan la llegada de un nuevo buque para la recolección de sargazo en mar abierto, además de gestionar la compra de más embarcaciones en Japón y proveer barcos de fabricación mexicana a República Dominicana.

El propio gobierno mexicano reforzó su respuesta con una inversión histórica: presentó una nueva estrategia con un presupuesto de 2.635 millones de pesos para adquirir dos remolcadores, seis sargaceros costeros e implementar 50 kilómetros de barreras de contención costera en zonas críticas como Playa del Carmen, Cancún, Tulum, Puerto Morelos y Mahahual. Con estas medidas, México busca casi duplicar su capacidad de recolección hasta alcanzar 4.000 toneladas diarias en 2027, ya que actualmente el país puede retirar hasta 1.227 toneladas diarias en el mar y otras 950 toneladas en las playas, una capacidad insuficiente frente al arribo masivo de algas.

No solo es México: la crisis golpea a todo el Caribe

El fenómeno desborda las fronteras mexicanas. En Puerto Rico, el sargazo cubrió zonas turísticas emblemáticas como La Parguera, y la cifra récord de 2025 llevó al gobernador a declarar el estado de emergencia. En las Islas Vírgenes de Estados Unidos, la situación es tan extrema que, según la consultora ambiental Amy Dempsey, es posible caminar unos siete metros mar adentro sin mojarse los pies.

En República Dominicana, la macroalga también bate marcas históricas: entre enero y el 30 de junio de 2026 se acumularon nueve millones de toneladas métricas en la región, una cifra superior a los 8,3 millones del mismo periodo de 2025 y muy por encima de los 1,2 millones de toneladas de 2024. Allí, las tareas de limpieza recaen principalmente en hoteles y negocios privados, que utilizan tractores trituradores o recolección manual para intentar contener el problema.

El impacto va más allá de la postal turística. El sargazo perjudica los ecosistemas marinos y repercute en la economía de los pescadores locales, mientras que su descomposición genera un olor intenso y puede ocasionar problemas respiratorios en las personas expuestas. El mar, además, pierde su característico color turquesa y se tiñe de franjas marrones cerca de la orilla.

Créditos de carbono: la solución que genera dudas

Algunas empresas intentaron capitalizar la crisis obteniendo créditos de carbono por enviar barcos a recoger bloques de sargazo —que libera metano al descomponerse— para luego hundirlos en el fondo marino. Sin embargo, esta práctica despertó fuertes cuestionamientos sobre posibles abusos, el impacto en los ecosistemas de aguas profundas y la sobreexplotación de las acumulaciones en altamar.

«Es una cuestión de equilibrio, porque el sargazo en el mar es un hábitat natural y hay toneladas de tortugas y peces que viven entre él», explicó Barnes. «Así que, si intentás limpiar el Caribe por completo, vas a provocar muchos daños colaterales». El científico reconoció que numerosas empresas lo contactaron para pedirle asesoramiento sobre proyectos de créditos de carbono, aunque se mostró escéptico sobre sus resultados reales.

Cuando la crisis se convierte en oportunidad

La sobreabundancia de sargazo también despertó el ingenio de decenas de emprendedores, que buscan transformar esta molestia ambiental en nuevas fuentes de energía o en productos comerciales rentables, sorteando desafíos como la eliminación segura de los metales tóxicos que las algas absorben del agua.

La secretaria mexicana del Medio Ambiente, Alicia Bárcena, señaló que de los cerca de 200 proyectos existentes en el país, al menos 11 tienen potencial para escalar a nivel industrial y 39 ya fabrican productos que van desde combustibles, fertilizantes, laminados y bioplásticos hasta sandalias artesanales.

Félix Navarrete, ejecutivo de Carbonwave, empresa dedicada a la refinación de sargazo, indicó que su compañía ya exporta fertilizantes y que, tras recibir la autorización del regulador de salud mexicano, ahora planea venderlos también a productores nacionales. Carbonwave apunta además a proveer materia prima a los sectores cosmético y textil, mientras que el gobierno de Quintana Roo prevé ampliar una planta de biocombustibles en Cancún.

Qué viene: turismo, ciencia y cooperación regional

Pese a la magnitud de la crisis, líderes gubernamentales y empresariales del Caribe insisten en que los turistas sigan visitando la región, recomendando informarse previamente y optar por zonas menos afectadas para aprovechar al máximo sus vacaciones.

México será sede, a principios de octubre, de una conferencia conjunta entre la Unión Europea y el Caribe sobre el sargazo, que se realizará en Cancún. Allí, representantes de gobiernos, ciencia y sector privado debatirán cómo ampliar la recolección del alga sin poner en riesgo las playas ni los frágiles arrecifes de coral de la región, en lo que se perfila como un nuevo capítulo de una batalla ambiental que, según todos los indicios, recién empieza.