Agroindustria, biofarmacia y sector forestal transformaron la agenda verde en motor de negocios. agenda verde, innovación tecnológica y cadena de valor sostenible marcan el nuevo estándar corporativo en Argentina.
La sustentabilidad dejó de ser una declaración de intenciones para convertirse en el factor que determina la viabilidad financiera de las empresas a largo plazo. Esa fue la conclusión central del décimo evento de Sustentabilidad organizado por LA NACION, donde tres referentes de sectores tan distintos como la agroindustria, la biofarmacia y la industria forestal convergieron en un diagnóstico que sacude el mundo corporativo: quien no integre el cuidado ambiental en su estrategia de inversión hoy, quedará fuera del mercado mañana.
Jorge Bassi, director de Marketing y Nuevos Negocios de Bunge; Luciana Krsul, Policy & Advocacy Lead de AstraZeneca Argentina y líder del Comité de Sostenibilidad del Cono Sur; y Kevin Saramaga, director de Operaciones de Patagonia Flooring, debatieron ante la periodista Carla Quiroga cómo el imperativo ambiental dejó de pertenecer al área de Responsabilidad Social Empresaria para instalarse en el centro de cada decisión de negocios.
El campo como proveedor de energía verde
Desde Bunge, empresa que opera en las cadenas de alimentos y biocombustibles, Bassi fue terminante: la estrategia de sustentabilidad es hoy transversal a todas las decisiones de inversión de la compañía. La firma se fijó metas concretas, entre ellas alcanzar el 30% de consumo de energías renovables y reducir su huella de carbono de manera medible.
La innovación de mayor impacto, sin embargo, no proviene de la tecnología de laboratorio sino del campo mismo. La introducción de nuevos cultivos en la Argentina permite una intensificación de la agricultura que genera más fotosíntesis, mayor fijación de carbono y mejor conservación del suelo. Con ese excedente productivo, la empresa certifica aceites para la industria del biocombustible. A su vez, el programa Ígaris midió la huella de carbono de más de dos millones de hectáreas, compartiendo los resultados directamente con los productores agropecuarios.
Bassi subrayó el perfil del nuevo productor argentino: joven, tecnológico y orientado a la eficiencia de recursos. «La Argentina tiene una buena oportunidad de base para captar esta nueva situación de negocios», afirmó.
Salud humana y salud del planeta: una misma agenda
En el sector biofarmacéutico, AstraZeneca construyó su estrategia de sustentabilidad sobre la premisa de que la salud de las personas y la salud del planeta son inseparables. La compañía trabaja sobre tres ejes: clima y naturaleza, equidad en salud, y resiliencia de los sistemas sanitarios.
La acción más significativa en el plano interno fue la creación de un comité de sustentabilidad que involucra a distintas áreas de la empresa para definir acciones concretas: renovación de oficinas con materiales sustentables, incorporación de vehículos híbridos y eléctricos en la flota corporativa y abastecimiento con energía renovable en su sitio de calidad. El resultado fue histórico: ese laboratorio se convirtió en el primero de Argentina en obtener la certificación My Green Lab, reconocido como ejemplo para toda América Latina.
En el terreno sanitario, la empresa capacitó de manera conjunta con el Ministerio de Salud de Córdoba a más de 500 profesionales de atención primaria en el manejo, prevención y detección temprana de enfermedades respiratorias como asma, EPOC y cáncer de pulmón, patologías directamente vinculadas con la contaminación ambiental.
La madera como batería de carbono
El caso de Patagonia Flooring desafía uno de los prejuicios más arraigados en el debate ambiental: la idea de que la industria maderera es inherentemente depredadora. Saramaga describió a los árboles como baterías biológicas que absorben dióxido de carbono durante toda su vida útil y que, una vez convertidos en producto, continúan almacenando ese carbono por décadas.
El dato es elocuente: un piso de madera maciza de dos centímetros de espesor en una superficie de cien metros cuadrados almacena entre una y dos toneladas de dióxido de carbono. A eso se suma que su extracción y procesamiento demandan significativamente menos energía que materiales alternativos como el porcelanato, el hierro o el acero.
La empresa es la única en su rubro en Argentina con certificación FSC (Forest Stewardship Council), que garantiza la cadena de custodia de la madera y su extracción desde bosques manejados de forma responsable. El método es preciso: se extraen entre diez y doce árboles específicos por hectárea, lo que permite al bosque regenerarse y mantenerse inalterable por generaciones. Esta certificación, además, otorga una ventaja comercial directa: la madera certificada aporta los mayores puntajes en proyectos de construcción con certificación edilicia LEED.
El negocio circular se completa con una unidad dedicada a la restauración de pisos instalados, en alianza con la firma sueca Bona. La lógica es contundente: restaurar un piso en lugar de reemplazarlo reduce la huella de carbono en un 90%.
La cadena de valor como campo de batalla ambiental
Los tres referentes coincidieron en que el impacto real de la sustentabilidad no se mide solo puertas adentro de cada empresa sino en la capacidad de transformar a todos los actores de la cadena de valor. El productor agropecuario, el médico de atención primaria y el cliente que elige restaurar en lugar de renovar son, en cada caso, el eslabón donde la estrategia cobra sentido.
El mensaje que dejó el encuentro fue claro: la innovación, las certificaciones internacionales y la cultura interna son herramientas indispensables, pero el verdadero diferencial competitivo está en lograr que toda la cadena produzca más con menos. Quienes lo logren primero no solo reducirán su impacto ambiental: consolidarán una ventaja de mercado difícil de replicar.
