Tiene 11 años y creó un sistema para salvar delfines de los barcos y la pesca

Ishanvi Sakharpe cursa sexto grado en Virginia (Estados Unidos) y diseñó Dolphin Guard, un proyecto con sensores y alertas para embarcaciones que ya se llevó el premio Virginia State Merit 2026. La joven combina ciencia, tecnología y matemática para proteger a los delfines de los peligros del mar.

La ciencia y la tecnología están cada vez más entrelazadas, y no deja de sorprender que quienes se encargan de vincularlas sean jóvenes que dedican su tiempo a perfeccionar sus proyectos. En esa línea aparece Ishanvi Sakharpe, una estudiante de Virginia que puso la mira en un problema que afecta a los animales que viven en el océano: las interacciones peligrosas entre los delfines y la actividad humana.

Los científicos precoces encuentran, una y otra vez, la manera de canalizar su pasión por la vida silvestre en ideas capaces de resolver un problema ambiental concreto. En este caso, el proyecto se llama Dolphin Guard y busca proteger a los delfines de la pesca, las embarcaciones y otros riesgos derivados de la presencia humana en los entornos marinos.

Una idea nacida en el aula

Ishanvi cursa el sexto año en la secundaria de la Old Donation School, una institución que, más allá de las clases teóricas, impulsa a sus alumnos a resolver problemas en situaciones reales. Fue justamente ese enfoque el que le permitió transformar una inquietud personal en un proyecto científico con impacto: gracias a Dolphin Guard, la joven obtuvo el prestigioso premio Virginia State Merit 2026.

Old Donation School es un centro público especializado en educación para alumnos con altas capacidades (gifted education) dentro del distrito escolar de Virginia Beach, una zona costera del Atlántico donde la convivencia entre embarcaciones, pescadores y fauna marina es moneda corriente todo el año.

De qué se trata Dolphin Guard

Dolphin Guard se centra en proteger a los delfines de interacciones potencialmente peligrosas con las personas y de la actividad humana en los entornos marinos. La preocupación de Ishanvi surge de un dato simple pero contundente: los delfines suelen vivir en los mismos espacios que frecuentan los humanos, zonas con embarcaciones, áreas de pesca y otras situaciones de riesgo para la vida en paz de estos mamíferos.

Como se centra en un problema específico, la joven logró conectar su proyecto escolar con un desafío real y vigente. La idea se apoya en un concepto central de la conservación ambiental: prevenir los encuentros peligrosos resulta mucho más efectivo —y menos costoso, tanto en términos económicos como de vidas— que asistir a los animales una vez que ya resultaron heridos o están en peligro.

Su creación adopta un mecanismo activo de resolución de problemas que combina la recopilación de datos sobre la presencia de delfines con la prevención de riesgos futuros. En paralelo, Ishanvi planea el uso de sensores para identificar las áreas en las que están presentes los delfines y emitir señales o alertas a las embarcaciones que excedan la velocidad permitida o modifiquen su trayectoria de forma peligrosa.

Por qué los delfines están en riesgo

Los delfines son animales particularmente inteligentes y adaptables, pero sus hábitats están ubicados en zonas afectadas por embarcaciones y por la actividad pesquera, lo que pone en jaque a la fauna marina.

Estos cetáceos pueden enfrentarse a los barcos al desplazarse, alimentarse o comunicarse entre sí, lo que los expone a colisiones y otras situaciones de peligro. En paralelo, pueden quedar atrapados en los aparejos de pesca —redes, líneas y anzuelos— o enfrentar otros peligros derivados de la presencia humana. Las embarcaciones y la pesca se convierten así en uno de los principales riesgos para estos animales marinos.

La agencia oceánica y atmosférica de Estados Unidos, la NOAA, viene alertando desde hace años sobre el aumento de lesiones —incluso fatales— en delfines por su interacción con equipos de pesca recreativa y embarcaciones, y recomienda no alimentarlos ni acercarse a ellos para evitar que se habitúen a merodear cerca de las líneas de pesca y las hélices de los botes. La organización también promueve el uso de anzuelos circulares, que reducen las heridas en peces, delfines y tortugas marinas, y la eliminación responsable del sedal de pesca, un material que puede tardar hasta 600 años en degradarse en el agua y que causa enmalles fatales en la fauna marina.

En ese sentido, el proyecto de Ishanvi se suma a una tendencia creciente de iniciativas juveniles que buscan anticiparse al daño en lugar de solo repararlo. En Estados Unidos, por ejemplo, distintos grupos de Girl Scouts y Boy Scouts vienen instalando desde hace años contenedores para reciclar sedal de pesca en muelles y costas de estados como Florida, Nueva York y Virginia, mientras que la agencia ambiental estadounidense (EPA) premia cada año, a través del President’s Environmental Youth Award, a estudiantes que desarrollan soluciones para proteger la vida marina, incluidas iniciativas centradas en la contaminación acústica submarina que afecta a ballenas y delfines.

La vida más allá de los delfines

El interés de Ishanvi por resolver problemas va más allá de la ciencia: también fue destacada en varios concursos de matemática. En 2025 formó parte de The Kangaroo Pi-oneers, el equipo de su escuela que ganó la medalla de oro nacional de sexto grado en la Competencia por Equipos Math Kangaroo, una de las olimpíadas matemáticas más extendidas del mundo, con presencia en decenas de países.

La joven también participó de instancias nacionales y estatales de manera individual, donde debió identificar problemas, examinar evidencias y desarrollar soluciones lógicas. La conexión entre la matemática, la ciencia y las cuestiones ambientales traza un hilo conductor claro en sus intereses: la lógica aplicada a la resolución de problemas reales, ya sea en un pizarrón o en las aguas de la costa atlántica de Virginia.