Domos, casas prefabricadas, pista de aterrizaje y energía solar: así es la estancia de Mendoza que un grupo de magnates convirtió en su plan B ante una eventual Tercera Guerra Mundial
En pleno corazón de la Cordillera de los Andes, en el departamento mendocino de San Carlos, un proyecto arquitectónico fuera de lo común terminó de estallar en la agenda internacional. Se llama Wamani, ocupa unas 32.000 hectáreas —una superficie que el Financial Times comparó con cinco veces la isla de Manhattan— y fue pensado por un grupo de empresarios argentinos y estadounidenses como un refugio autosuficiente frente a escenarios de catástrofe global: guerras nucleares, colapsos económicos o crisis climáticas extremas.
El predio, ubicado a unos 80 kilómetros de la ciudad de Mendoza y a una hora por caminos de tierra de Eugenio Bustos, el poblado más cercano, combina domos geodésicos, viviendas prefabricadas, paneles solares, conectividad satelital y una pista de aterrizaje privada. El propio Financial Times visitó el lugar y publicó el viernes 7 de agosto un extenso perfil que disparó la repercusión mundial del proyecto.
Quién está detrás de Wamani
El ideólogo principal es Martín Varsavsky, empresario argentino-español, fundador de compañías tecnológicas como Jazztel y con una trayectoria de décadas en telecomunicaciones, energías renovables y biotecnología. Según el Financial Times, Varsavsky construyó una fortuna estimada en US$ 700 millones.
Junto a él, adquirió la estancia en diciembre de 2023 —semanas después del triunfo electoral de Javier Milei— un grupo de cinco coinversores argentinos y estadounidenses. Entre ellos figuran Alec Oxenford, emprendedor tecnológico que actualmente se desempeña como embajador argentino en Washington, y Dan Lubetzky, fundador de la marca de alimentos Kind. Varsavsky conserva el 50% de las acciones, mientras que sus cinco socios se reparten el resto.
El nombre del proyecto tampoco es casual: Wamani es una palabra quechua que significa «guardián de las montañas», elegida en homenaje a una mujer que hablaba esa lengua y cuidó a Varsavsky durante su infancia.
Una arquitectura pensada para intervenir lo mínimo posible
A diferencia de un complejo turístico tradicional, en Wamani el paisaje es el verdadero protagonista. Las construcciones —pequeñas, dispersas e independientes— representan apenas puntos aislados dentro de una superficie descomunal, con más de 80 kilómetros de caminos internos y una montaña de casi 5.000 metros de altura, el Pico Wamani.
La construcción modular permite fabricar los componentes fuera del predio y trasladarlos para su montaje, reduciendo tiempos y logística en un territorio de difícil acceso. Los domos geodésicos, por su parte, distribuyen las cargas estructurales mediante una trama de triángulos, lo que permite lograr espacios interiores amplios con estructuras livianas, ideales para entornos naturales extremos.
Energía solar, agua propia y comida: la autosuficiencia como sistema
La sustentabilidad no es un gesto estético sino una necesidad derivada del aislamiento. Los edificios cuentan con paneles solares, los propietarios planean incorporar producción ganadera y hasta evalúan comprar campos linderos para cultivos propios.
El objetivo declarado es alcanzar niveles crecientes de autosuficiencia energética y alimentaria, sostenibles en el tiempo aun si la infraestructura externa dejara de funcionar. La propiedad cuenta actualmente con cuatro manantiales y varios cursos de agua, aunque el propio Financial Times advierte que el calentamiento global podría profundizar el estrés hídrico en los Andes en las próximas décadas, convirtiendo esa fortaleza en una incógnita a largo plazo.
Inteligencia artificial «offline» y una pista de aterrizaje propia
Uno de los planes más llamativos del proyecto es el estudio de sistemas para descargar grandes modelos de inteligencia artificial en computadoras alimentadas con energía solar, con la idea de sostener una suerte de internet reducido y local si algún día colapsaran los servidores globales.
A esto se suma una pista de aterrizaje privada, clave para resolver la accesibilidad de un territorio remoto. Así, Wamani combina dos ideas en apariencia contradictorias: aislamiento territorial y conectividad permanente.
«Ya estamos en la Tercera Guerra Mundial»: la frase que encendió la polémica
La declaración más resonante de Varsavsky llegó en diálogo con el Financial Times: «Ya estamos en la Tercera Guerra Mundial, las líneas de batalla ya están trazadas», sostuvo el empresario, en lo que constituye su interpretación personal del escenario geopolítico global y no una caracterización oficial.
Según su razonamiento, Argentina y el Cono Sur cuentan con ventajas estratégicas frente a una hipotética crisis internacional de gran escala: la distancia respecto de los principales objetivos militares del hemisferio norte y la capacidad regional para producir alimentos y energía. El empresario incluso reveló haber acordado con su esposa una suerte de «protocolo familiar»: si China avanzara sobre Taiwán o Rusia sobre los países bálticos, la familia dejaría de inmediato su vida en Madrid para instalarse en la estancia mendocina.
No es un búnker bajo tierra: la lógica detrás del diseño
Lejos de la imagen clásica de un búnker subterráneo de hormigón con puertas blindadas, Wamani apuesta por otra estrategia: disponer de territorio, viviendas independientes, energía, agua, producción de alimentos, comunicaciones y movilidad sobre la superficie. La propuesta busca sostener una pequeña comunidad funcional, no un grupo encerrado bajo tierra.
«Mi idea no es solo tener pequeños grupos encerrados en búnkers», explicó Varsavsky al Financial Times, para quien toda la región del Cono Sur podría sostener «sociedades complejas» tras un eventual conflicto bélico de escala global.
El viento zonda, el gran enemigo inesperado
El propio Financial Times detalló dos problemas inesperados que enfrenta el proyecto. El primero es un clásico mendocino: el viento zonda. Según el informe, varias veces al año se registran episodios tan intensos que resulta prácticamente imposible salir al exterior, justo en la planicie donde se concentra buena parte de las construcciones.
Lucía Castillo, una de las arquitectas del proyecto, contó al medio británico el impacto que tuvo sobre Varsavsky enfrentarse por primera vez a uno de esos episodios. Las viviendas prefabricadas, además, deben soportar fuertes amplitudes térmicas: algunas necesitan estufas a leña en invierno y aire acondicionado en verano.
El segundo desafío, ya mencionado, es el del agua y su disponibilidad futura frente al cambio climático.
Cuánto cuesta prepararse para el fin del mundo
Entre los seis propietarios ya invirtieron cerca de US$ 10 millones, y aproximadamente cada cuatro meses se suma una nueva estructura al predio. Ante los costos de mantenimiento de semejante escala, los administradores analizan alquilar instalaciones a través de Airbnb para darle sostenibilidad financiera al proyecto, mientras evalúan hasta dónde ampliarlo sin perder el aislamiento que le da sentido.
La tendencia global de los «refugios de multimillonarios»
Wamani se inscribe en una corriente que crece entre grandes empresarios tecnológicos: la de asegurarse propiedades alejadas de las principales potencias mundiales ante escenarios de crisis. El Financial Times menciona los casos de Mark Zuckerberg, que construyó un enorme complejo con refugio subterráneo en Hawái, y de Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, con propiedades adquiridas en Nueva Zelanda.
Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn, llegó a estimar años atrás que cerca de la mitad de los multimillonarios de Silicon Valley cuenta con algún tipo de «seguro contra el apocalipsis», desde propiedades remotas hasta refugios preparados para escapar ante una crisis de gran escala.
Una «visa de tranquilidad» para atraer inversores a la Argentina
La apuesta de Varsavsky por el país excede a Wamani. Según contó al Financial Times, el empresario impulsa la idea de una suerte de «visa de tranquilidad», destinada a personas de alto poder adquisitivo que quieran invertir en la Argentina y, a la vez, contar con un lugar al cual trasladarse ante una gran crisis internacional.
La publicación del Financial Times coincidió, además, con el debate en el Senado de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, cuyo texto original incluía cambios en las restricciones para la compra de tierras rurales por parte de extranjeros. Wamani es anterior a esa discusión legislativa, aunque el contexto amplificó la repercusión del caso: San Carlos es uno de los departamentos con mayor proporción de hectáreas extranjerizadas de Mendoza.
El verdadero lujo: tener espacio
Más allá de sus domos, sus casas modulares o su tecnología, lo que distingue a Wamani es el vacío que lo rodea. En un momento donde buena parte de la arquitectura de lujo se mide en metros cuadrados construidos, piscinas o terminaciones, el proyecto plantea otra escala de valor: 32.000 hectáreas, kilómetros de montaña, energía propia, comunicaciones satelitales y la posibilidad de vivir lejos de cualquier ciudad.
Entre domos geodésicos, casas prefabricadas, paneles solares y una pista de aterrizaje, Wamani propone una particular reinterpretación del refugio contemporáneo: no esconderse bajo tierra, sino construir una pequeña infraestructura capaz de sostenerse en medio de la inmensidad de los Andes.
