En un duro golpe al sector agroexportador argentino, Brasil bloqueó la posibilidad de importar biodiésel argentino mediante una barrera regulatoria aprobada el 1 de abril por el Consejo Nacional de Política Energética (CNPE). La medida, que obliga a que todo el biocombustible utilizado en la mezcla obligatoria con gasoil provenga exclusivamente de plantas autorizadas por la Agencia Nacional de Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP), refuerza el proteccionismo del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva y cierra una vía económica clave para las exportaciones de la Argentina en un momento de alta demanda brasileña de soja y derivados. Esta resolución del CNPE genera alarma en el comercio bilateral y podría reconfigurar el mercado de biocombustibles en la región.
La decisión del CNPE llega en un contexto de creciente necesidad brasileña de materias primas oleaginosas. A pesar del aumento en la molienda de soja local, el elevado consumo interno de biodiésel –actualmente en un corte obligatorio del 15% con gasoil– obliga a Brasil a importar aceite de soja desde la Argentina. Según estimaciones de la Asociación Brasileña de las Industrias de Aceites Vegetales (Abiove), el país vecino requerirá 125.000 toneladas de aceite de soja argentino en 2026, frente a las 105.000 toneladas proyectadas para 2025 y las 100.000 toneladas de 2024.
Hasta ahora, era económicamente viable para Brasil reemplazar parte de esas importaciones de aceite por biodiésel argentino directamente, lo que habría beneficiado a las exportaciones nacionales y reducidos costos logísticos. Sin embargo, la nueva barrera regulatoria del CNPE lo impide de manera tajante. “Todo el biodiésel utilizado para el corte obligatorio debe provenir exclusivamente de unidades de producción autorizadas por la ANP”, establece la resolución, consolidando la postura oficial de no permitir importaciones para cumplir con el mandato de mezcla.
La medida se suma a otra decisión controvertida del gobierno de Lula: el pasado 1 de marzo se pospuso de forma indefinida el aumento del corte obligatorio de biodiésel al 16%, que estaba previsto en el cronograma de biocombustibles. Ante esta postergación, la Confederación Brasileña de Agricultura y Ganadería (CNA) –principal entidad gremial del campo brasileño– solicitó al Ministerio de Minería y Energía elevar la mezcla al 17% “para asegurar el abastecimiento interno del combustible a precios razonables”.
Como alternativas locales para producir biodiésel, Brasil promueve ahora el uso de recursos como sebo bovino, aceite de algodón y aceite usado de cocina, con el objetivo de fortalecer la industria interna y reducir la dependencia externa. Sin embargo, analistas del sector advierten que estas opciones podrían no ser suficientes para cubrir la brecha de demanda sin generar presión alcista en los precios internos.
La resolución del CNPE no solo afecta el flujo comercial de biodiésel argentino, sino que también tensiona las relaciones bilaterales en un rubro estratégico para la economía argentina, gran exportadora de soja y derivados. Con esta barrera regulatoria, Brasil consolida una política que prioriza la producción autorizada nacional y genera incertidumbre entre los productores y exportadores argentinos, quienes veían en el biodiésel una oportunidad de mayor valor agregado frente a las exportaciones tradicionales de aceite crudo.
El impacto de esta decisión del gobierno de Lula será monitoreado de cerca por las cámaras empresarias argentinas, en un escenario regional donde los biocombustibles ganan terreno como herramienta de descarbonización. Por ahora, la barrera regulatoria del CNPE deja en claro que, para Brasil, el biodiésel argentino queda fuera de juego.
