Tras el acuerdo entre Argentina y Washington por minerales estratégicos, la empresa canadiense Jaguar Uranium Corp. reactiva la primera mina de uranio del país en Malargüe. El EXIM Bank y la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de EE.UU. ya tienen en la mira los yacimientos mendocinos.
El mapa de la minería global está siendo reescrito y Mendoza ocupa un lugar destacado en ese nuevo trazado. La convergencia entre la demanda internacional de recursos energéticos y la alineación diplomática entre Buenos Aires y Washington — plasmada en un acuerdo marco bilateral para garantizar el suministro de minerales críticos — ha colocado a los yacimientos mendocinos en el radar de los principales fondos y agencias financieras de Estados Unidos.
Bajo ese esquema, la Casa Blanca busca financiar proyectos estratégicos mediante herramientas como el EXIM Bank y la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC), dos instrumentos diseñados para apuntalar inversiones en regiones con potencial geológico probado. Mendoza, con su cambio de perfil hacia una política pro minería, se posiciona como el principal destino de ese flujo de capital.
27.700 hectáreas del proyecto Huemul
130.000 toneladas de mineral ya procesado
0,21% ley promedio de uranio
1955 inicio de la primera mina de uranio argentina
Huemul: la primera mina de uranio de Argentina vuelve a la vida
En ese contexto de revalorización de activos estratégicos, la compañía Jaguar Uranium Corp. formalizó el inicio de su plan de exploración en el proyecto Huemul, un área de 27.700 hectáreas situada en el departamento de Malargüe, en el extremo sur mendocino. El distrito no es tierra virgen: allí operó la primera mina de uranio de Argentina, bajo la gestión de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), entre 1955 y 1975.
Los registros históricos de esa etapa revelan un perfil polimetálico de alto interés para los mercados actuales: leyes promedio de 0,21% de uranio, 2,0% de cobre y 0,11% de vanadio. El yacimiento acumula además un historial de procesamiento de 130.000 toneladas de mineral, lo que reduce sustancialmente el riesgo geológico frente a proyectos que parten desde cero.
El vanadio y la energía del futuro
Más allá del uranio, el vanadio ha irrumpido como un componente crítico de la transición energética global. Su uso en baterías de flujo para el almacenamiento de energías renovables a gran escala lo convierte en un insumo codiciado por las principales potencias industriales. El uranio, por su parte, recupera protagonismo ante la expansión de la generación nuclear como alternativa de base limpia frente al carbón y el gas.
El plan de trabajo de Jaguar Uranium se estructura en dos etapas técnicas. La primera apunta a la verificación de información histórica y al desarrollo de un modelo geológico de precisión mediante muestreos actualizados. La segunda avanzará hacia una exploración distrital profunda para delimitar la extensión de la mineralización a través de mapeos y prospección superficial.
El acuerdo con la provincia y la traba regulatoria
El proyecto no está exento de desafíos institucionales. Si bien el área se encuentra dentro del Malargüe Distrito Minero Occidental I y ya cuenta con Declaración de Impacto Ambiental para exploración cuprífera, la empresa deberá tramitar permisos específicos para el estudio de la mineralización uranífera, lo que exige la presentación de un estudio de línea de base ambiental.
Para dar soporte a esa gestión, Jaguar Uranium suscribió un convenio de colaboración con el Ministerio de Energía y Ambiente de Mendoza. El acuerdo, con vigencia inicial de un año renovable, establece un marco de asistencia técnica recíproca en dimensiones geológicas, ambientales y legales. La articulación entre el interés geopolítico de Washington por asegurar minerales estratégicos y la decisión mendocina de dinamizar su política extractiva configura una ventana de oportunidad histórica para Malargüe — y para Argentina.
