La única especie de oso de Suramérica está recuperando terreno. Tras diez años de trabajo sostenido, la alianza Conservamos la Vida reportó que la presencia del oso andino (Tremarctos ornatus) pasó del 52 % al 76 % en paisajes priorizados de la cordillera Occidental colombiana, y alcanzó un 61 % en la cordillera Central. La cifra, presentada este martes en Bogotá, representa uno de los avances más significativos en la conservación de especies amenazadas en los Andes en años recientes.
El balance fue el centro de un encuentro en el que la alianza también presentó su nuevo plan estratégico con horizonte al año 2030 y oficializó la adhesión de la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ) como nuevo socio. La iniciativa reúne a la CVC, Parques Nacionales Naturales de Colombia, la Fundación Grupo Argos, WCS y Smurfit Westrock, a través de su fundación en Colombia.
Un indicador del estado de los ecosistemas
El oso de anteojos, como también se lo conoce, no es solo una especie emblemática: es un termómetro ecológico. Su presencia en los bosques altoandinos y páramos colombianos señala que los ecosistemas funcionan, que el agua fluye y que la biodiversidad se sostiene.
Luisz Olmedo, director de Parques Nacionales Naturales de Colombia, lo planteó sin rodeos: proteger esta especie equivale a asegurar agua, biodiversidad y bienestar para millones de colombianos.
El oso andino cumple además un rol insustituible como dispersor de semillas y regulador ecológico. Sin embargo, enfrenta amenazas persistentes: la pérdida y fragmentación de su hábitat, y los conflictos con actividades productivas que históricamente han marcado su retroceso territorial.
Comunidades como aliadas, no como obstáculos
Uno de los pilares del modelo que explica estos resultados es la integración de las comunidades rurales como actores centrales de la conservación. Hasta la fecha, la alianza firmó 90 acuerdos voluntarios con familias campesinas en territorios donde habita la especie. Además, 15 sedes educativas participaron en procesos de educación ambiental que involucraron a cerca de 1.900 estudiantes y 181 docentes.
El resultado más llamativo en este frente: en las zonas donde opera Conservamos la Vida no se han registrado ataques a animales domésticos por parte del oso, un indicador directo de que el modelo de coexistencia entre fauna silvestre y comunidades está funcionando.
María Camila Villegas, directora ejecutiva de la Fundación Grupo Argos, subrayó que la clave del éxito reside en construir conservación desde la confianza y el conocimiento del territorio, generando oportunidades para las familias que conviven con la especie.
Café con sello de oso
La dimensión económica del proyecto también arrojó resultados concretos. La marca Café Oso Andino, creada como alternativa productiva vinculada a la conservación, registró entre 2019 y 2025 una producción de 34.587 kilogramos de café y la comercialización de 2.152 kilogramos en mercados verdes. El año pasado obtuvo el sello Aval de Confianza Negocios Verdes de la CVC y el reconocimiento Andean Bear Friendly, certificaciones que abren puertas a mercados internacionales y mejoran los precios para las familias cafeteras del municipio de El Águila, en el norte del Valle del Cauca.
Un modelo replicable
Catalina Gutiérrez, directora de WCS Colombia, destacó que los resultados demuestran que la conservación del oso andino es factible cuando se construye desde los territorios, con participación comunitaria y una visión que convoque a múltiples actores. El nuevo plan estratégico al 2030 apunta a fortalecer la conectividad ecológica, el monitoreo científico y la generación de conocimiento como base para la toma de decisiones.
El ingreso de la CRQ a la alianza amplía el alcance geográfico de estas acciones hacia el departamento del Quindío, reforzando la apuesta por la protección de ecosistemas andinos para las generaciones futuras.
Lo que comenzó como un esfuerzo localizado se ha convertido en una referencia para la conservación de biodiversidad en Colombia: la prueba de que es posible recuperar lo que se creía perdido, siempre que haya voluntad colectiva, recursos y comunidades decididas a cohabitar con la naturaleza.
