El gobierno de Lula adjudica a la empresa Re.green la restauración de 58.700 hectáreas de selva degradada en el Bosque Nacional Bom Futuro: 80 especies nativas, 40 años de trabajo, 78 millones de dólares de inversión inicial y 1.700 empleos directos para comunidades indígenas.
Durante décadas, la política ambiental de Brasil frente a la Amazonia se resumió en una sola consigna: detener la motosierra. Ahora, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva da un paso más difícil y más costoso — recuperar lo que ya se perdió. A principios de 2025, Brasil anunció un programa para reforestar 58.700 hectáreas de selva amazónica, una superficie equivalente a la isla de Ibiza, y acaba de adjudicar su ejecución a la empresa especializada Re.green. El proyecto contempla plantar 25 millones de árboles a lo largo de 40 años.
58.700 hectáreas a restaurar
25 M árboles autóctonos
40 años de duración
1.700 empleos directos
La iniciativa se desarrollará en la Unidad de Manejo 2 del Bosque Nacional Bom Futuro, en la región amazónica de Porto Velho, Rondônia, una de las zonas donde la deforestación golpeó con mayor intensidad en las últimas décadas. Desde 1970 se calcula que la Amazonia ha perdido una superficie equivalente al tamaño de Francia y, aunque el ritmo de tala se ha desacelerado en años recientes, la destrucción del bosque no se ha detenido.
El financiamiento del proyecto descansa sobre el programa ProFloresta+, impulsado por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) junto con la petrolera estatal Petrobras. La inversión inicial asciende a 78 millones de dólares y el objetivo es generar cinco millones de créditos de carbono: un mecanismo por el cual las empresas compensan sus emisiones de gases de efecto invernadero contribuyendo económicamente a recuperar áreas naturales. Es, en definitiva, el mercado financiero puesto al servicio de la selva.
Para garantizar la sostenibilidad del ecosistema restaurado, los árboles que se plantarán pertenecerán a 80 especies autóctonas, seleccionadas para asegurar la continuidad del proyecto y la permanencia del espacio forestal recuperado a lo largo del tiempo. No se trata de una reforestación cosmética sino de una reconstrucción ecológica a escala industrial.
Más allá del impacto ambiental, el programa tiene una dimensión social que Brasilia quiere destacar. Se estima que generará 1.700 empleos directos, convirtiendo la conservación ecológica en un motor de desarrollo sostenible para la población local. La comunidad indígena karitiana participará activamente en las tareas de restauración, aportando un conocimiento ancestral sobre el ecosistema que ningún manual técnico puede replicar.
Este megaproyecto es, en todo caso, solo una parte de la estrategia del gobierno brasileño para revertir el daño forestal acumulado. La apuesta de Lula busca también posicionar a Brasil como referencia internacional en materia de restauración ambiental. Cada árbol plantado es, también, un argumento diplomático.
