Cuba, el país “olvidado” de Latinoamérica, da un salto histórico hacia la soberanía energética gracias a un ambicioso plan chino que ya construye 75 de los 90 parques solares previstos.
En solo 12 meses, China ha ejecutado una de las transformaciones energéticas más rápidas del continente: instaló 75 parques solares en Cuba y elevó la generación fotovoltaica del 5,8% al 20% del total nacional. El objetivo es claro y estratégico: convertir a la isla en referente mundial en energía renovable y liberarla de la histórica dependencia de combustibles fósiles importados.
El megaproyecto, financiado íntegramente por Beijing, ya suma más de 1.000 megavatios de nueva capacidad. Con los 90 parques solares completos –y la ampliación prevista a 92 para 2028–, Cuba alcanzará los 2.000 MW solares, equivalente a toda su actual generación fósil. Cada megavatio instalado ahorra la importación de 18.000 toneladas de combustible, un alivio decisivo tras la caída del 90% en las compras de petróleo provocada por el bloqueo estadounidense.
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel lo definió como un acto de “soberanía energética”. “Esta es la respuesta concreta a las presiones externas”, señaló, en alusión directa a las sanciones que durante décadas condenaron a la población a apagones de hasta 20 horas diarias.
La velocidad del despliegue sorprende incluso a los estándares chinos: algunos parques entraron en operación en apenas 35 días tras la llegada de los equipos. Además del aporte masivo a la red eléctrica, el acuerdo incluye la donación de 70 toneladas de piezas para generadores y planes para instalar 10.000 sistemas fotovoltaicos en hogares, maternidades y clínicas.
Para los analistas, el movimiento va más allá de la ayuda técnica. China consolida su presencia en el Caribe, a solo 150 kilómetros de la costa estadounidense, y demuestra que la transición verde puede ser arma geopolítica. Mientras Washington endurece sanciones, Beijing ofrece tecnología limpia y financiamiento sin condiciones políticas visibles.
Cuba, históricamente vulnerable por su aislamiento económico, pasa de la crisis crónica a la vanguardia regional en energía renovable. Si se cumplen los plazos y se incorpora almacenamiento a gran escala, la isla podría generar la mitad de su electricidad con sol para finales de la década, rompiendo definitivamente el ciclo de dependencia y apagones.
El mundo observa: el “país olvidado” de Latinoamérica está a punto de convertirse en la nueva potencia solar del hemisferio.
