La alianza que Nestlé no quiere que ignores: así se transforma la cadena alimentaria desde adentro

Agricultura regenerativa, economía circular y consumo responsable: la multinacional Nestlé presentó en Argentina su modelo de sostenibilidad basado en colaboración intersectorial para reducir emisiones en toda la cadena de valor.

El mayor desafío de la industria alimentaria global no es tecnológico ni financiero. Es cultural. Y la respuesta que viene construyendo Nestlé Argentina, Uruguay y Paraguay apunta precisamente a ese núcleo: nadie puede transformar el sistema alimentario en soledad.

María Emilia Berardozzi, gerente de Sustentabilidad Técnica y Manufactura de la compañía, fue contundente al respecto: «El primer aprendizaje es entender que no podemos hacerlo solos, que necesitamos trabajar colaborativamente en alianza para maximizar nuestras acciones.» La declaración, pronunciada en el marco de Infobae Talks, resume una estrategia que la empresa viene ejecutando en silencio pero con resultados concretos.

El problema está al inicio, no al final

Cuando Nestlé recibió el mandato corporativo de alcanzar cero emisiones netas, el equipo local no buscó soluciones cosméticas. El primer paso fue analizar toda la cadena de valor. La conclusión fue reveladora: más del 70% de las emisiones se originan al inicio de esa cadena, en la producción misma de los ingredientes.

Ese diagnóstico reorientó completamente la estrategia. En lugar de concentrarse en los extremos visibles —el packaging o la logística de distribución—, la compañía decidió intervenir en el origen: el campo.

Maíz, carbono y agricultura regenerativa

El programa desarrollado junto a AAPRESID está orientado a que productores de maíz —ingrediente clave para Purina, la marca de alimentos para mascotas de Nestlé— adopten prácticas de agricultura regenerativa, con acompañamiento técnico y diagnóstico personalizado para cada finca.

El esquema no es una declaración de intenciones. El seguimiento incluye mapeo, diagnóstico inicial, recomendaciones, acompañamiento en la implementación y evaluación de resultados, con la meta de escalar estos modelos para lograr reducción y captura de carbono en toda la cadena de suministro.

Se trata de un modelo que requiere inversión, transferencia de conocimiento y presencia sostenida en el tiempo: tres variables que las grandes corporaciones históricamente prometieron, pero pocas veces mantuvieron.

El packaging: el otro frente crítico

La transformación no se limita al agro. Para reducir el impacto del plástico y las emisiones vinculadas al packaging, Berardozzi subrayó que se necesitan «sistemas de recolección y reciclaje que sean efectivos a escala nacional.» El avance en economía circular, explicó, depende de infraestructura colectiva que ninguna empresa puede construir por sí sola.

Esa franqueza sobre las limitaciones del sector privado es uno de los elementos más llamativos del enfoque: en lugar de vender una imagen de autosuficiencia verde, la compañía reconoce que sus metas dependen de políticas públicas, alianzas sectoriales y cambios de comportamiento del consumidor.

El consumidor, protagonista no delegable

Desde la perspectiva de Nestlé, la persona ocupa un rol fundamental y central en su estrategia, ya sea como consumidor, cliente o colaborador interno. La transformación de los sistemas alimentarios, en este marco, no puede ser impuesta desde arriba: requiere participación activa de quienes eligen qué poner en su mesa.

Esa convicción se extiende también al plano laboral. La compañía promueve programas de empleabilidad juvenil como Nestlé Conecta, Jóvenes Profesionales, Jóvenes Baristas y YEP (Plataforma de Jóvenes Emprendedores), orientados al desarrollo de habilidades del futuro y la apertura de oportunidades laborales para nuevas generaciones.

Triple impacto: de concepto a política corporativa

El triple impacto dejó de ser un concepto abstracto en la industria de alimentos y bebidas para convertirse en una política transversal que define el presente y el futuro de las compañías líderes. En el caso de Nestlé, ese enfoque se articula bajo el modelo de creación de valor compartido: la premisa de que el crecimiento sostenible solo es posible cuando genera un beneficio concreto para las personas, las comunidades y el planeta.

Lo que hace diferente al modelo descripto por Berardozzi no es su vocabulario —la jerga de la sostenibilidad lleva años circulando sin consecuencias reales— sino su arquitectura operativa: indicadores medibles, alianzas verificables y una apuesta explícita por intervenir donde el problema efectivamente existe.

En una industria acostumbrada a comunicar más de lo que transforma, eso no es poco.