Un informe del PNUMA revela que el recurso más extraído del planeta está al borde del colapso: la sobreexplotación de arena destruye ríos, costas y biodiversidad, y amenaza los ecosistemas que protegen a millones de personas frente a inundaciones, erosión y crisis climática.
Está debajo de las ciudades, dentro del vidrio de los rascacielos y en las pantallas de los teléfonos inteligentes. La arena es el material sólido más extraído del planeta y el andamiaje invisible de la civilización moderna. Pero un nuevo informe de las Naciones Unidas advierte que ese recurso, durante décadas considerado barato e inagotable, enfrenta una crisis sin precedentes que pone en riesgo tanto la naturaleza como la capacidad humana de adaptarse al cambio climático.
50.000 M
toneladas extraídas por año en todo el mundo
3x
se triplicó la demanda entre 2000 y 2020
18 kg
de arena consume cada persona al día
15%
del dragado marino ocurre en áreas protegidas
El informe Arena y sostenibilidad: un recurso esencial para la naturaleza y el desarrollo, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), señala que la extracción descontrolada está transformando ríos, degradando ecosistemas marinos y debilitando las defensas naturales contra inundaciones y la suba del nivel del mar.
El dilema de la arena «viva» y la arena «muerta»
Los expertos distinguen dos destinos para el mismo material. La arena que se convierte en concreto o asfalto queda eliminada permanentemente de los sistemas naturales. La que permanece en ríos y costas, en cambio, regula flujos de agua, amortigua el impacto de las olas, filtra agua y sostiene hábitats para peces, aves, tortugas y otras especies. Es la paradoja del siglo: el mismo material que se usa para construir barreras contra inundaciones destruye, al ser extraído, las defensas naturales que cumplen esa función.
«Queremos la arena viva y muerta», sintetizó Peduzzi. Para 2020, el peso total de los materiales construidos por la humanidad superó el peso de toda la biomasa viva del planeta, un umbral simbólico de proporciones históricas.
Ríos que se hunden, playas que desaparecen
Las consecuencias ya son visibles en distintos rincones del mundo. Los lechos de los ríos se profundizan, los deltas se hunden, las playas se reducen y los acuíferos costeros se vuelven cada vez más salinos. Stephanie Chuah, una de las principales autoras del informe, advirtió que los investigadores apenas comienzan a comprender los impactos acumulativos de la extracción en ecosistemas interconectados.
En el Caribe, los ejemplos son contundentes. En Trinidad, la extracción destruyó vegetación nativa vital para los polinizadores. En St. Kitts & Nevis, la maquinaria pesada alteró zonas de anidación de tortugas marinas. En Jamaica, la pérdida de praderas marinas y sistemas coralinos vinculada a la degradación costera aceleró la erosión de playas, debilitando la protección natural frente a tormentas en zonas altamente dependientes del turismo.
Colombia, Brasil y la búsqueda de alternativas
El informe sostiene que muchos gobiernos siguen tratando la arena como un simple material de construcción, sin reconocerla como recurso estratégico vinculado a la biodiversidad y la resiliencia climática. Pero algunos países comienzan a replantear ese enfoque. En 2023, Colombia clasificó formalmente la arena, la grava y la arcilla como «minerales de interés estratégico», una medida orientada a fortalecer la supervisión ambiental.
En el estado brasileño de Minas Gerais, empresas mineras amplían el uso de «arena de mineral», un subproducto del procesamiento industrial que puede reducir la presión sobre ríos y costas. Investigadores del PNUMA también desarrollan modelos para estimar la demanda futura de arena e identificar oportunidades de reciclaje y materiales alternativos.
Satélites e inteligencia artificial contra el dragado ilegal
Para dimensionar una industria que opera en gran parte en la opacidad, investigadores de la ONU desarrollaron una plataforma de monitoreo satelital con inteligencia artificial capaz de rastrear embarcaciones de dragado marino y estimar cuánto sedimento se extrae a nivel global. Los resultados son alarmantes: alrededor del 15% de las actividades de dragado marino ocurre dentro de áreas marinas protegidas.
El PNUMA concluye que el desafío ya no consiste solamente en gestionar un material de construcción. Se trata de reconocer la arena como parte de los sistemas vivos que sostienen economías, biodiversidad y resiliencia climática en un planeta que se calienta a velocidad récord.
