La reserva natural urbana más visitada de Argentina cumple cuatro décadas como área protegida. Escombros, un balneario abandonado y un proyecto de expansión trunco dieron origen al mayor refugio de biodiversidad de Buenos Aires.
En el corazón de la ciudad más poblada de la Argentina, encajonada entre los rascacielos de Puerto Madero y las aguas pardas del Río de la Plata, se extienden 350 hectáreas de naturaleza salvaje que cada año reciben a más de dos millones de visitantes. La Reserva Ecológica Costanera Sur cumplió el 5 de junio 40 años desde que la Ciudad la declaró Parque Natural y Zona de Reserva Ecológica, consolidando uno de los procesos de recuperación ambiental más extraordinarios —e improbables— de la región.
Lo que hoy es un ecosistema de lagunas, pastizales, talares y diez kilómetros de senderos comenzó como un error de demolición convertido en milagro ecológico. Durante décadas de oro, entre 1918 y 1950, el lugar funcionó como balneario municipal al que los porteños acudían a refrescarse en el río. El deterioro progresivo de la calidad del agua sepultó ese idilio costero y dejó el predio en el abandono.
El golpe de gracia, paradójicamente, llegó en forma de maquinaria pesada. En 1978, durante la última dictadura militar, se inició un proyecto para ganarle terreno al Río de la Plata mediante el vuelco masivo de escombros sobre la costa, con el objetivo de construir el Centro Administrativo de la Ciudad —una suerte de expansión de la city porteña que nunca fue—. El proyecto fue abandonado en 1984 sin haber levantado un solo edificio. La naturaleza, imperturbable, tomó lo que le dieron: los escombros, las inundaciones y los camalotes que llegaban por el río fueron conformando, de manera espontánea, distintos ambientes naturales únicos.
Dos años después, en 1986, las organizaciones Fundación Vida Silvestre, Aves Argentinas y Amigos de la Tierra elevaron una propuesta a la Municipalidad de Buenos Aires para proteger legalmente esa tierra recuperada. La declaración llegó ese mismo año y, tres años más tarde, la reserva obtuvo la categoría definitiva de Área de Reserva Ecológica.
Un inventario de vida difícil de creer en plena metrópolis
El resultado de ese accidente histórico es hoy asombroso. La Reserva alberga especies pertenecientes a tres ecorregiones argentinas —el Delta e Islas del Paraná, el Pastizal Pampeano y el Espinal— y registra más de 575 especies de plantas, más de 300 especies de aves, 28 especies de reptiles, 18 de mamíferos y más de 650 especies de artrópodos. Entre los habitantes más esquivos se cuentan lobitos de río, comadrejas coloradas y el enigmático atajacaminos tijera, de hábitos nocturnos, que protagoniza los avistajes bajo la luna junto a búhos y lechuzas.
Una de las joyas más celebradas es la mariposa Bandera Argentina (Morpho epistrophus argentinus), que protagonizó una exitosa recuperación poblacional gracias a proyectos de restauración de su planta hospedera, el coronillo. Este año fue declarada Monumento Natural Provincial, un reconocimiento que apunta no solo a preservar al insecto sino a proteger todo el ecosistema del que depende.
«La Reserva constituye una de las áreas naturales urbanas más relevantes de la región. Su gran biodiversidad y sus ecosistemas le brindan a la ciudad beneficios ecosistémicos de gran relevancia, como la reducción de las olas de calor, la absorción del agua de lluvia y la mejora del suelo y del aire», explicó Ignacio Suárez de la Rosa, director general de Áreas de Conservación y Restauración Ambiental del Gobierno de la Ciudad.
Reconocimiento internacional y récords de visitas
La trascendencia de la Reserva cruzó fronteras. En 2005 recibió un doble reconocimiento internacional: fue incorporada como sitio Ramsar por la Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional, y fue distinguida como Área Importante para la Conservación de las Aves (AICA) por BirdLife International.
Hoy es el área natural protegida más visitada de la Argentina, con más de dos millones de personas que recorren sus senderos cada año y alrededor de 40.000 estudiantes que participan de visitas educativas y actividades de interpretación ambiental.
Una renovación a la altura del aniversario
Para celebrar los 40 años, la Ciudad inauguró un renovado Centro de Recepción de Visitantes e Interpretación en el acceso Brasil, que incorpora sala interpretativa con tecnología, juegoteca, microcine ambiental y un aula a cielo abierto. Además, se modernizó la red contra incendios que recorre más de diez kilómetros de caminos internos y se amplió el vivero de especies nativas, desde donde se proyecta alcanzar en 2026 un récord de 6.500 ejemplares nativos plantados en las reservas ecológicas porteñas.
«A 40 años de su creación, la Reserva sigue siendo uno de los mejores símbolos de cómo nuestra ciudad puede reconciliarse con el río y con su biodiversidad. Es un humedal urbano único, un refugio de vida silvestre y una pieza clave para construir una Buenos Aires más resiliente«, afirmó Natalia Persini, subsecretaria de Ambiente del Gobierno de la Ciudad.
Lo que comenzó como escombros arrojados al río para agrandar una ciudad terminó siendo, cuarenta años después, el mayor argumento viviente de que la naturaleza —cuando se la deja— siempre gana.
