Los agroquímicos en Córdoba ya contaminan los acuíferos

Un informe de la UNRC alerta sobre el explosivo crecimiento de agroquímicos que amenaza el agua subterránea y la salud de las poblaciones.

El informe de la UNRC advierte que el uso de agroquímicos en Argentina se multiplicó por 20 en las últimas tres décadas y ya genera contaminación detectable en acuíferos a 20 metros de profundidad, con graves consecuencias para la salud de las comunidades rurales y urbanas que dependen de esas aguas.

La investigadora del Conicet y docente de la Universidad Nacional de Río Cuarto, Verónica Lutri, presentó un trabajo audiovisual que expone la “contaminación que no se ve” provocada por el modelo agropecuario químico-dependiente. Según los datos, en 1991 se aplicaban 30 millones de litros de agroquímicos por año. Hoy la cifra supera los 600 millones de litros, un aumento del 2000%. La superficie cultivada de soja pasó de 960 hectáreas en 1960 a más de 13 millones en 2024.

La investigadora Verónica Lutri explicó que herbicidas como la atrazina —prohibida en la Unión Europea desde 2004 por su impacto en la salud humana y el ambiente— se detectaron en acuíferos de la región de Río Cuarto. “Hemos detectado atrazina en acuíferos a 20 metros de profundidad. Es decir, el lixiviado está ocurriendo”, afirmó. Los suelos permeables de arena y grava facilitan la infiltración rápida de los químicos.

Las consecuencias para la salud son alarmantes. Existen toneladas de evidencia científica sobre los efectos nocivos de estos herbicidas. Se han detectado plaguicidas en sangre, orina y polvo ambiental de poblaciones expuestas. La exposición crónica a sustancias como la atrazina puede alterar el sistema reproductivo, aumentar el riesgo de cáncer, afectar el sistema nervioso, el corazón y el hígado, y actuar como disruptor endocrino, provocando desequilibrios hormonales y problemas reproductivos. Estudios internacionales, como el Proyecto Sprint que analizaba herbicidas en sangre y orina, fueron censurados a nivel nacional, lo que dificulta dimensionar el impacto real en las comunidades.

Además, la resistencia desarrollada por las malezas obliga a aplicar mayores dosis, agravando la exposición a través del agua potable, la inhalación de polvo y el contacto con sedimentos contaminados. En regiones agrícolas como la llanura chaco-pampeana, donde muchas localidades se abastecen exclusivamente de agua subterránea, esta contaminación invisible representa un riesgo silencioso para la salud pública, especialmente en niños, embarazadas y poblaciones rurales.

Sin agua no podemos vivir y no se cuida lo que no se conoce”, enfatizó Lutri. El trabajo, realizado en colaboración con el International Groundwater Resources Assessment Centre (vinculado a la Unesco), recopiló testimonios durante dos años y fue presentado en las Jornadas sobre el uso de agroquímicos en la Facultad de Ciencias Exactas de la UNRC.

Especialistas como Claudio Sarmiento, de la cátedra de Agroecología de la UNRC, coinciden en que “el sistema está saturado” y reclaman un viraje urgente hacia la agroecología y el uso de insectos benefactores para reducir la dependencia química.

El informe no solo cuantifica el drama: lo visualiza. Envases abandonados en el campo y la expansión de la frontera agrícola que devora humedales y bosques nativos son símbolos de un problema que ya compromete el futuro del agua y la salud en Córdoba y gran parte del país. La contaminación de acuíferos por agroquímicos dejó de ser una hipótesis: es un hecho documentado que exige respuesta inmediata de las autoridades y un cambio de modelo productivo.