La tasa de natalidad en barrios populares de CABA se desplomó en los últimos 20 años y replica la tendencia de baja fecundidad que afecta a todo el distrito porteño, según datos oficiales de los últimos tres censos.
En menos de dos décadas, los barrios populares y villas de la Ciudad de Buenos Aires vivieron un cambio demográfico profundo que los acerca cada vez más al resto de la urbe. El porcentaje de menores de 14 años cayó de manera sostenida: del 36,8% en 2001 al 31,8% en 2010 y hasta el 27,8% en 2022. En paralelo, la proporción de adultos mayores de 65 años se triplicó, pasando del 1,6% al 4,5% en el mismo período.
Este fenómeno no es exclusivo de las zonas más vulnerables. La fecundidad en toda la CABA tocó en 2023 su punto más bajo de la historia: 1,09 hijos por mujer, frente a 1,86 en 2006. La baja se replica incluso en los indicadores de fecundidad adolescente: en la Comuna 8 (Villa Soldati, Villa Riachuelo y Villa Lugano) se desplomó de 41,5 a 6,0 nacimientos cada 1.000 jóvenes entre los trienios 2006-2008 y 2021-2023. El mismo patrón se observa en barrios de altos ingresos como Recoleta.
Los datos, elaborados por el Instituto de Estadísticas y Censos de la Ciudad (IDECBA) a partir de información del INDEC, revelan que ya no se trata de hogares jóvenes con muchos niños. Hoy predominan familias más pequeñas, con menos hacinamiento y mayor arraigo porteño: el 51,4% de los habitantes de barrios populares nació en la Ciudad, frente al 34,3% de 2001.
El demógrafo Rafael Rofman, investigador principal de Cippec, explica el viraje: “En 2001 la mayoría eran jóvenes inmigrantes recientes de otras provincias o países limítrofes, pero desde entonces tuvieron sus familias y envejecieron aquí. La migración reciente parece ser mucho menor”. Los hijos crecieron, formaron sus propios hogares y la densidad habitacional bajó.
A esto se suma un progreso tangible en la calidad de vida. El porcentaje de hogares con vivienda adecuada subió del 16,4% al 41% en 20 años. El acceso a cloacas supera el 94% y las viviendas precarias se redujeron a menos de la mitad. Juan Maquieyra, ex presidente del Instituto de la Vivienda de la Ciudad y director de Techo Argentina, destaca: “La integración socio-urbana no es un discurso, es un resultado medible. Cuando el Estado interviene con urbanización, los indicadores mejoran y se evita la expansión descontrolada”.
El envejecimiento y la caída de la natalidad en villas ya no diferencian a los barrios populares del resto de Buenos Aires. Es la señal de una ciudad que, incluso en sus zonas más humildes, transita hacia una nueva realidad demográfica: menos nacimientos, más adultos y una población cada vez más integrada y envejecida.
