Contaminación por amoníaco de granjas industriales en Reino Unido pone en riesgo la salud pública y el medio ambiente; expertos y vecinos exigen frenar la expansión que el gobierno planea facilitar.
Un informe reciente de la ONG Compassion in World Farming (CiWF) y la organización Sustain, difundido en colaboración con The Guardian, ha puesto en el centro de la polémica la expansión de granjas industriales en el Reino Unido. Las megagranjas de cerdos y aves de corral, conocidas como unidades de producción intensiva (UPI), están generando focos críticos de amoníaco en zonas rurales, con graves consecuencias para la salud de los vecinos y los ecosistemas.
El mapa elaborado por los investigadores identifica Lincolnshire, Herefordshire y Norfolk como las regiones más afectadas. En estas áreas, la alta densidad de explotaciones intensivas libera cantidades masivas de amoníaco proveniente del estiércol y los fertilizantes, que se convierte en partículas finas PM2.5. Estas partículas están directamente vinculadas a enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, asma y afecciones pulmonares crónicas.
“Las partículas finas que se forman a raíz de la exposición al amoníaco provocan enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, asma y afecciones pulmonares crónicas, y son nuestros pacientes más vulnerables quienes pagan las consecuencias”, advirtió el doctor Amir Khan, médico de cabecera y patrocinador de CiWF.
Los vecinos lo viven en carne propia. Michele Franks, residente de una megagranja avícola en Lincolnshire, relató: “Siento opresión en el pecho, me pican los ojos y tengo que cerrar todas las ventanas de mi casa para poder soportarlo”. Casos similares se multiplican en comunidades rurales, donde el olor y la contaminación obligan a modificar rutinas diarias, especialmente a personas con problemas respiratorios.
Impacto ambiental devastador
El problema no se limita a la salud humana. La agricultura genera el 89% de las emisiones nacionales de amoníaco en el Reino Unido. El exceso de nitrógeno acidifica los suelos, contamina ríos y altera hábitats naturales. En los valles de los ríos Wye y Severn, los fosfatos de los excrementos de pollo provocan la muerte de peces y plantas al privarlos de oxígeno.
“La ganadería industrial se encuentra en el centro de la crisis del amoníaco en el Reino Unido. Al hacinar grandes cantidades de animales en espacios reducidos y depender en gran medida de fertilizantes, estos sistemas intensivos liberan mucho más amoníaco del que el medio ambiente o nuestros cuerpos pueden absorber”, denunció Anthony Field, director de CiWF en el Reino Unido.
El Comité sobre los Efectos Médicos de los Contaminantes Atmosféricos (COMEAP) estimó que la exposición a PM2.5 de origen humano provocó entre 28.861 y 29.000 muertes prematuras solo en 2010. Modelos científicos indican que una reducción en las emisiones agrícolas de amoníaco podría salvar miles de vidas.
Gobierno bajo presión: ¿relajar normas o proteger a los ciudadanos?
La controversia se intensifica porque el gobierno británico evalúa relajar las normas de planificación para facilitar la construcción de nuevas granjas industriales, una medida impulsada por presiones de la industria. Organizaciones ecologistas y vecinos advierten que esta decisión agravaría la crisis sin controles ambientales estrictos.
En Shropshire, activistas locales lograron frenar la construcción de una megagranja con 230.000 pollos al demostrar que no se evaluaron adecuadamente los impactos ambientales. Ahora exigen una moratoria nacional y una revisión urgente de la regulación.
El debate trasciende fronteras y pone en jaque el modelo de ganadería intensiva. Mientras la industria defiende la producción masiva de alimentos, expertos y comunidades rurales claman por un cambio hacia sistemas más sostenibles que protejan la salud pública, el aire limpio y los ríos.
La expansión de granjas industriales en Reino Unido ya no es solo un tema agrícola: se ha convertido en una emergencia de salud y medio ambiente que exige respuestas inmediatas de las autoridades. La pregunta que flota en el aire contaminado es clara: ¿hasta dónde llegará el costo de esta expansión descontrolada?
