La ballena jorobada que encalló en el mar Báltico durante casi cuatro semanas se liberó este lunes al subir el nivel del agua. Una operación privada sin precedentes y una movilización nacional sin igual marcaron su odisea.
La historia que durante semanas dominó la agenda informativa alemana llegó este lunes a un giro inesperado. Timmy, la ballena jorobada que llevaba tres semanas encallada en la bahía de Wismar, en el estado federado de Mecklemburgo-Antepomerania, volvió a nadar después de liberarse aparentemente por sus propios medios tras subir el nivel del agua unos 70 centímetros.
El cetáceo, sin embargo, no salió ileso del calvario. El animal, de 12,35 metros de largo, 12 toneladas de peso y 1,60 metros de alto, cambia constantemente de dirección y necesita hacer pausas frecuentes. La incertidumbre sobre su supervivencia persiste.
Una odisea que comenzó el 23 de marzo
Timmy fue avistado por primera vez encallado en un banco de arena el 23 de marzo, cerca de la ciudad de Lübeck. La ballena logró liberarse por primera vez a finales de marzo, después de que equipos de rescate excavaran con una draga un canal en el banco de arena. No obstante, el cetáceo volvió a quedar varado en la bahía de Wismar, donde nunca llegó a abandonar la costa hacia aguas profundas y acabó encallada frente a la isla de Poel.
Su estado era alarmante. La ballena respiraba con lentitud, apenas se movía y presentaba lesiones en la piel asociadas a la baja salinidad del Báltico. Los veterinarios trabajaban además en la retirada de restos de redes en su boca con la esperanza de que pudiera volver a alimentarse por sí sola.
Millonarios al rescate
Ante la parálisis de las autoridades, dos empresarios privados tomaron la iniciativa. Walter Gunz, cofundador de la cadena de electrónica MediaMarkt, y la empresaria hípica Karin Walter-Mommert planificaron y financiaron una operación de salvamento sin precedentes.
El plan consistía en elevar a la ballena mediante cojines de aire inflables, deslizar una lona bajo su cuerpo, fijarla entre dos pontones y transportarla con un remolcador hacia el mar del Norte y, desde allí, al océano Atlántico. El remolcador elegido, bautizado como «Robin Hood», llegó a amarrar en el puerto de Wismar en espera de que se iniciara la operación. Incluso una veterinaria marina, la doctora Jenna Wallace, fue trasladada especialmente desde Hawái para asistir al animal.
Gunz, que admitió haber recibido el apoyo de conocidos que querían ayudar, quitó hierro a su papel: «Aparecí de repente como el salvador de la nación, aunque en realidad no soy ningún héroe».
Alemania, paralizada por una ballena
El impacto social del caso superó cualquier previsión. Los medios locales pusieron en marcha retransmisiones en directo durante días enteros. Los periódicos digitales enviaron alertas con cada mínima novedad sobre la salud de Timmy, incluyendo actualizaciones sobre su deterioro cutáneo.
Activistas se manifestaron en las playas de Wismar exigiendo más esfuerzos de rescate, mientras que influencers debatían en redes sociales si lo más compasivo era intentar salvar al animal o dejarlo morir en paz. Algunos mensajes en internet llegaron a incluir amenazas de muerte contra funcionarios.
La afluencia de curiosos fue tal que la policía estableció un perímetro de protección de 500 metros para evitar que el estrés adicional acelerara la muerte del cetáceo. Pese a ello, una mujer de 67 años saltó de un bote el fin de semana intentando acercarse a la ballena antes de ser detenida.
Un plan B que ahora entra en acción
La abogada Constanze von der Meden, de la iniciativa privada de rescate, había explicado que si la ballena conseguía liberarse por sí misma, se activaría un plan B: embarcaciones de la Sociedad Alemana de Salvamento Acuático (DLRG), que permanecían en espera, guiarían al cetáceo para conducirlo hacia el mar del Norte y desde allí al Atlántico.
Ese plan está ahora en marcha. Timmy nada. Pero su destino final sigue siendo una pregunta sin respuesta en las gélidas aguas del Báltico.
