La inteligencia artificial devora la red eléctrica y el mundo no tiene suficiente energía para abastecer su crecimiento

La explosión global de la IA generativa y los centros de datos colapsa la capacidad eléctrica de Estados Unidos. Las soluciones existen, pero chocan con obstáculos políticos, regulatorios y tecnológicos que frenan cualquier respuesta inmediata.

El vertiginoso crecimiento de la inteligencia artificial se ha convertido en una amenaza directa para la estabilidad de la red eléctrica de Estados Unidos. Lo que hasta hace poco parecía una preocupación técnica de nicho hoy es una carrera contrarreloj: las grandes empresas tecnológicas necesitan cantidades de energía que el sistema actual, envejecido y fragmentado, simplemente no puede proveer.

El problema: una red obsoleta frente a una demanda sin precedentes

La red eléctrica estadounidense es, según los expertos, antigua y deficiente: una colección poco conectada de tres redes —Este, Oeste y Texas— que lleva años sin poder responder a los desafíos del siglo XXI, desde fenómenos meteorológicos extremos hasta la insaciable demanda de energía que impone la IA.

El salto cualitativo de los simples chatbots hacia agentes de IA autónomos exige niveles de potencia de cálculo y electricidad exponencialmente mayores, lo que ha empujado a empresas como OpenAI, Microsoft, Amazon, Alphabet y Meta a una búsqueda desesperada de más energía para sostener sus operaciones. La situación llegó a tal punto que OpenAI cerró su aplicación de generación de video Sora porque consumía en exceso los recursos computacionales de la compañía.

Ben Hertz-Shargel, experto en electrificación y centros de datos de la firma de investigación energética Wood Mackenzie, lo dijo sin rodeos: «Básicamente, en Estados Unidos nos hemos quedado sin margen de maniobra.» Y agregó que las empresas de centros de datos están buscando capacidad de energía sobrante en toda clase de compañías eléctricas, incluidas cooperativas a cuyas puertas nunca antes se había llamado.

El año pasado, OpenAI advirtió a la Casa Blanca sobre una «brecha eléctrica» que pone en riesgo el liderazgo de Estados Unidos en inteligencia artificial, con la contundente frase de que «los electrones son el nuevo petróleo».

Las soluciones que existen pero no se implementan

El diagnóstico es claro y las alternativas están sobre la mesa. La solución más inmediata señalada por los expertos es aprovechar mejor la red eléctrica existente mediante la «renovación de conductores»: reemplazar las líneas de transmisión actuales por otras de mayor capacidad, un proceso más rápido que construir nuevas líneas, cuya construcción puede demandar entre siete y diez años.

Las energías renovables —solar y eólica— suelen ser más baratas y rápidas de construir que las grandes turbinas de gas, pero han recibido un doble golpe: los plazos de tramitación de permisos más largos impuestos por la administración de Trump y la decisión republicana en el Congreso de eliminar los créditos fiscales que abarataban su construcción. Andrew Levitt, consultor de la firma Brattle, fue directo: esos cambios «acabaron con proyectos eólicos y solares perfectamente viables que hubieran reducido los precios de la energía».

La apuesta por la fusión nuclear y las baterías

Ante el cuello de botella en el corto plazo, las grandes empresas de inteligencia artificial miran hacia tecnologías más ambiciosas. Sam Altman, CEO de OpenAI, respalda a Helion Energy, una startup de fusión nuclear valorada en 5.400 millones de dólares que afirma que suministrará electricidad a Microsoft para 2028. Google, por su parte, suscribió una alianza estratégica con Commonwealth Fusion Systems, que trabaja en la construcción de un tokamak —una máquina con forma de rosquilla— capaz de generar 10 millones de veces más energía que el carbón o el gas natural, sin emisiones de gases de efecto invernadero.

Las baterías de gran capacidad también emergen como una solución clave: además de almacenar energía renovable, actúan como amortiguador entre los centros de datos y la red eléctrica, protegiendo la infraestructura de las turbinas de gas ante las irregularidades en el consumo que generan estas instalaciones.

Un problema que la propia IA podría resolver

En medio del pesimismo técnico, el CEO de Google DeepMind, Demis Hassabis, aportó una perspectiva que sintetiza la paradoja del momento: «Creo que la IA podría aportar múltiples avances que nos ayudarían a encontrar soluciones para la situación energética.» En otras palabras, la misma tecnología que devora la energía disponible podría ser la que, eventualmente, descubra cómo producirla.

La pregunta que queda suspendida en el aire es si ese futuro llegará a tiempo.