La Ley de Materias Primas Críticas de la UE impulsa la minería de litio geotérmico en Alemania dentro de áreas Natura 2000 ya degradadas. El proyecto Lionheart, con 2.200 millones de euros de financiación pública y privada, avanza sin evaluaciones de impacto ambiental completas, desafiando sentencias del Tribunal de Justicia Europeo y encendiendo alarmas sobre el verdadero precio de la transición energética.
En las afueras de Landau, en el corazón del Palatinado alemán, las primeras perforadoras del proyecto Lionheart ya muerden el suelo. La empresa germano-australiana Vulcan Energy promete una suerte de alquimia industrial: calor geotérmico para los hogares, electricidad para la red y litio cero carbono para los coches eléctricos europeos, todo extraído de la misma salmuera profunda y caliente que yace a más de tres kilómetros bajo la fosa tectónica del Alto Rin.
El relato es impecable sobre el papel. El excanciller Olaf Scholz visitó el enclave en enero de 2025, y en diciembre de ese mismo año Vulcan cerró un paquete financiero de 2.200 millones de euros que incluye 1.185 millones en deuda de un consorcio de 13 entidades, entre ellas el Banco Europeo de Inversiones, agencias de crédito a la exportación como Bpifrance y SACE, y varios bancos comerciales. Fabricantes como Volkswagen, Stellantis y Renault ya tienen reservados suministros futuros. La Comisión Europea lo catalogó como uno de sus 47 «proyectos estratégicos«.
Pero cuando uno superpone el mapa de permisos mineros con el de las áreas protegidas del país, aparece una imagen radicalmente distinta y más perturbadora.
El 64% de las concesiones mineras se solapan con áreas protegidas
El 64,13% de las concesiones de explotación de materias primas críticas en Alemania se solapa con al menos una zona protegida por la red Natura 2000, y el litio es el mineral que aparece con mayor frecuencia en esas superposiciones. El problema no es solo geográfico: es también ecológico y judicial. En noviembre de 2024, el Tribunal de Justicia de la UE condenó a Alemania por un fracaso «general y estructural» en la protección de los ecosistemas dentro de la red Natura 2000. Una evaluación científica reciente de más de 1.000 zonas Natura 2000 en el país concluyó que solo el 6% de los hábitats protegidos y el 4% de las especies protegidas presentan un estado de conservación «favorable».
Alemania tiene, en síntesis, una orden judicial para impedir que sus áreas protegidas sigan deteriorándose mientras, simultáneamente, declara como de interés estratégico proyectos mineros y geotérmicos que se superponen con ellas.
Permisos fragmentados, vigilancia eludida
La arquitectura regulatoria que rodea a Lionheart revela una estrategia inquietante. Expertos y plataformas ecologistas locales denuncian cómo, pese a la escala y novedad del proyecto, las aprobaciones se gestionaron fragmentariamente, un «corte en rodajas» que, según juristas ambientales, estaría eludiendo la exigencia europea de evaluar los impactos acumulativos.
Para seis pozos en Insheim/Schleidberg, la autoridad regional decidió en 2023 que «no se requería» ni siquiera el primer cribado ambiental. En Hesse, la autoridad regional de Darmstadt concedió en 2025 el permiso para construir y operar la planta central de litio de Höchst sin registro público de una Evaluación de Impacto Ambiental integral.
Vulcan encargó su propia evaluación de impacto ambiental y social a la consultora ERM para satisfacer al Banco Europeo de Inversiones. Sin embargo, ese informe privado no sustituye a la evaluación obligatoria bajo la ley alemana y no vincula a las autoridades.
Los riesgos que nadie cuantifica
La extracción directa de litio por adsorción (A-DLE) se presenta como la alternativa limpia a las polémicas salmueras de Chile y Argentina y a las minas del Congo. La realidad científica es más cautelosa. La literatura especializada advierte de riesgos aún sin evaluar a fondo: el consumo de agua dulce suele subestimarse; la salmuera reinyectada tiene una composición química diferente que podría movilizar contaminantes o colmatar acuíferos; los sorbentes se degradan y pueden liberar metales, y los sistemas geotérmicos tienden a generar lodos con materiales radiactivos naturales.
La reinyección de grandes volúmenes de salmuera puede provocar sismicidad inducida: en 2020, una planta geotérmica cercana a Estrasburgo causó una serie de terremotos que dañaron viviendas y obligaron a su cierre.
A todo ello se suma la presión institucional. «Bajo el CRMA, las autoridades están presionadas para aprobar proyectos más rápido con menos personal; esto puede ser la receta para un fallo de supervisión«, advierte Michael Reckordt, de PowerShift e.V.
La pregunta que nadie quiere responder
Han comenzado las perforaciones en Schleidberg y se han previsto hasta 24 pozos en la zona de Lionheart. Grupos de ciudadanos de Geinsheim, Meckenheim y Haßloch organizan peticiones y protestas. El Gobierno alemán, atrapado entre sentencias judiciales sobre protección de la naturaleza y sus propias promesas climáticas e industriales, trata de contentar a todos.
La pregunta, sin embargo, ya no admite dilaciones: si el proyecto de litio «sostenible» más avanzado de Europa no puede cumplir con sus propias leyes de protección ambiental en uno de los Estados miembros más ricos y con instituciones más sólidas del continente, ¿con qué autoridad moral podrá Bruselas pedirle a las comunidades de Portugal, España o el sur global que confíen en que la agenda minera verde de la UE es algo más que extractivismo de siempre con una capa de pintura ecológica?
