El país asiático superó las metas de la OMS para 2030 con cuatro años de anticipación, tratando al 92% de los pacientes diagnosticados y eliminando barreras económicas con cobertura universal.
La hepatitis C afecta a unos 58 millones de personas en el mundo con infección crónica, y durante décadas fue considerada uno de los mayores desafíos de la salud pública global. Sin embargo, un país demostró que el problema tiene solución concreta: Taiwán acaba de convertirse en referencia mundial al superar con cuatro años de anticipación los objetivos fijados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para 2030.
Curable pero ignorada
Aunque no existe vacuna, la hepatitis C es hoy una enfermedad curable gracias a las terapias antivirales de acción directa (DAA), que se administran en tratamientos de entre 8 y 12 semanas con altísima eficacia. El obstáculo históricamente no fue científico sino político y económico: acceso, voluntad gubernamental y sistemas de salud capaces de llegar a las poblaciones más vulnerables. Taiwán resolvió esa ecuación.
Cifras que marcan un antes y un después
Hasta junio de 2025, el 90,2% de las personas con hepatitis C crónica en Taiwán habían sido diagnosticadas, y el 92,6% de quienes recibieron diagnóstico accedieron al tratamiento con DAA, superando los estándares del nivel más alto de certificación de la OMS, denominado Gold Tier.
Estos resultados fueron posibles gracias a la integración de la prevención, el tamizaje y el tratamiento dentro de un sistema de seguro nacional de salud universal, que cubre el tratamiento con antivirales y reduce al mínimo las barreras económicas y estructurales.
Control total en puntos críticos
Taiwán mantiene un 100% de control en el tamizaje de sangre donada y en la seguridad de las prácticas de inyección médica, e implementa programas de reducción de daños que garantizan el acceso a equipos de inyección estériles para personas que se inyectan drogas, con una distribución superior a 150 jeringas por persona al año.
Estas cifras no son menores: el control de las vías de transmisión es la clave para que los logros alcanzados no se reviertan en el tiempo.
Nadie quedó atrás
Uno de los pilares del éxito taiwanés fue la decisión política de no excluir a los grupos de mayor riesgo y menor acceso. Entre las poblaciones priorizadas se encuentran personas que viven con VIH, pacientes con enfermedad renal terminal, personas en tratamiento de sustitución con opioides y personas privadas de libertad.
En todos esos grupos se registraron altas tasas de cobertura, lo que convierte al modelo en un ejemplo de equidad sanitaria y no solo de eficiencia administrativa.
El impacto más allá del virus
En las últimas dos décadas, Taiwán registró una disminución significativa en la incidencia y mortalidad por cáncer de hígado, estrechamente vinculada a las políticas sostenidas de prevención y tratamiento de la hepatitis. La hepatitis C no tratada es una de las principales causas de cirrosis y carcinoma hepatocelular: tratar el virus es, en definitiva, prevenir el cáncer.
Un modelo para el mundo
Taiwán presentó su Informe de Eliminación de la Hepatitis C ante la Oficina Regional para el Pacífico Occidental de la OMS (WPRO), con el objetivo de obtener la validación oficial del nivel Gold Tier.
El mensaje es claro: la eliminación de la hepatitis C no es una utopía. El llamado «modelo de Taiwán» demuestra que la meta es alcanzable cuando convergen la evidencia científica, la voluntad política y la equidad en salud. Una lección que los sistemas sanitarios de América Latina, donde la enfermedad sigue siendo subdiagnosticada y subtratada, deberían tomar con urgencia.
